sábado, 14 de noviembre de 2015

La caída de Occidente

Sé que si a algún progre de escaparate se le ocurre leer lo que viene a continuación, van a tacharme de reaccionario, racista, facha y un montón de cosas más. Vale, lo acepto y me da igual. No, no me da igual. Me voy a sentir orgulloso de defender mi entorno, mi forma de vida, mis creencias, mi historia, mi mundo en definitiva. Estoy muy cabreado, he pasado un día horrible a medida que iban cayendo los muertos en París, como cayeron aquel infausto 11 de marzo de hace once años en Madrid y miren cuánto nos hemos movido, cuánto hemos aprendido, cuánto nos hemos protegido. Nada.

A los progres de salón les falta tiempo para, enarbolando la bandera de la libertad, exigir la retirada de los crucifijos de los colegios y demás edificios públicos, no vaya a ser que se ofendan nuestros dulces y cercanos amigos musulmanes. Nuestra historia tiene que borrarse por mor de una mal entendida solidaridad, de un nocivo afán de complacer a los del burka, el chador y la lapidación de adúlteras. Se respeta más una religión que enardece a sus masas proclamando que todos somos infieles, a unos clérigos que piden la muerte de todos aquellos que no creemos en Alá, que a los que profesan las creencias que han sido comunes al mundo occidental desde hace dos milenios. Parece que tengamos miedo de enfadar a esta gente por sus desmedidas reacciones y algunos se comportan como si hubieran sido abducidos por el profeta y sus secuaces, mostrando una incapacidad para la crítica que se torna vomitiva en días como hoy.

A estas horas van 129 muertos. 129 vidas segadas, 129 familias destrozadas para el resto de sus existencias. En el nombre de Alá que, por lo visto, es grande. Se reúnen los políticos y emiten los consabidos mensajes de condena que por repetitivos resultan indignantes pero al menos, no todos, se conjuran para continuar una cruzada contra el terrorismo yihadista y no dejar que consigan sus objetivos de conquista. Como digo, no todos porque algún malnacido, en nombre de no se sabe qué trasnochado concepto de democracia, se niega a sumarse a lo que no es más que una declaración de intenciones, porque no le han pedido que vaya a matar islamistas como un poseso, no, únicamente que se adhiriera a un grupo de gente que se compromete a no dejarse destruir, a no dejarse conquistar, a no dejarse extinguir por esta gente. El tal Iglesias, que para su desgracia este es el apellido del pollo en cuestión, se niega a participar en lo que el denomina "venganza". Yo pregunto, ¿es que 129 muertos no le inspiran piedad? ¿129 familias desesperadas que clamarán justicia, no son suficientes para tener un gesto de cercanía con ellas? ¿Es más importante ser simpático con quien defiende que la mujer es un ser inferior, sin derechos, a las que les niegan hasta estudiar, hasta hacer deporte porque dicen que es "perverso"? Tú lo que eres es un pedazo de cobarde, parapetado tras un sistema ridículo que te permite soltar cualquier perla por la boca sin sufrir las consecuencias. Deberías irte a brindar con Willy Toledo, si es que no lo estás haciendo ya.

Francia ha sido acusada por los salvajes de comportarse mal con los hermanos musulmanes y por eso ha sido atacada. Francia es el país de Europa con mayor número de musulmanes, hasta el punto que hay ciudades como Marsella o el propio París con auténticos guetos en los que la entrada de un "infiel" es casi imposible. Pero aún así, no están conformes. Están realizando una invasión silenciosa en todo el mundo occidental, y por aquí los gilipollas de turno pidiendo poco menos que la entrada libre para todos, con papeles o sin ellos, por motivos humanitarios. ¿Es que alguien se cree que todos los que vienen son refugiados que huyen? Pero si leyendo los desalmados comunicados de estos degenerados te das perfecta cuenta de que esta es su táctica, el desgaste lento pero sin pausa, minar la moral y las costumbres de las comunidades occidentales, a las que saben laxas y débiles en sus convicciones, y aprovechar los inmensos derechos de los que gozan para ir implantando el Islam como religión y forma de vida dominante. Y en esas están.

Y para los que crean que esto son sólo ramalazos, coletazos de una pandilla de locos, ahí tienen las advertencias: "No viviréis en paz, esto es sólo el comienzo de la tormenta". Está tan claro que sólo un deficiente mental no lo ve pero, a pesar de todo, se sigue pidiendo a gritos tolerancia, integración y respeto, pero únicamente de una parte, la nuestra, la de los tontos útiles. Mientras, nos colonizan, nos sodomizan y se ríen de nuestros complejos, de nuestra flojera, de nuestra dejadez y de nuestro abandono pero, sobre todo, de nuestra inmensa ingenuidad. Es posible que mi generación no lo vea pero, igual que ya lo hicieron hace muchos siglos, a este ritmo no tardarán en hacerse los amos de Occidente. Mientras se sigan tendiendo puentes de plata, mientras no se entienda que nuestros países necesitan protección si no queremos ver morir a nuestros familiares, esto no se parará. Ya sé que muchos de ustedes creen que exagero, que expongo una visión apocalíptica de la situación y que Occidente está a salvo. Ahora, vayan a decirle a la esposa del español fallecido en el ataque a la sala de fiestas Bataclan que tiene que tener paciencia, comprensión, que cuando se cruce por la calle con un tipo con turbante o una joven con velo no sienta miedo, odio o asco. Díganle que su marido ha sido asesinado porque estaba asistiendo a un espectáculo "perverso". Que como se divertía mientras escuchaba un concierto y no estaba de rodillas de cara a La Meca era un infiel pecador que merecía la muerte. Díganselo, a ver si hay huevos.

En realidad sólo tienen que sentarse a esperar nuestra caída. La siembra está hecha, sólo deben tener paciencia y esperar, porque Occidente caerá por su propia inacción, por su increíble confianza en unas convicciones que nadie defiende, que nadie cuida. Apenas se conocen musulmanes no religiosos, no practicantes. Intentemos ahora encontrar cristianos de cualquier pelaje comprometidos con su religión. Casi no existen. Es más, parecemos empeñados en borrar toda huella de nuestra historia, de nuestra cultura. En realidad, si se fijan bien, Occidente ya ha caído hace tiempo. Que Alá nos pille confesados.          
 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Sin faldas y a lo loco

En este país nuestro aún llamado España solemos decir que alguien se ha bajado los pantalones cuando un supuesto paisano, tras expresar con contundencia una opinión en público y por circunstancias que suelen estar mayormente relacionadas con la otra parte contratante, se ve obligado a cambiarla radicalmente pasando en un suspiro del éxtasis al tormento, del cielo a la tierra o, lo que suele ser más habitual, de inspirar respeto a ser tomado por el pito del sereno. Por ejemplo, ese hombretón que asegura ante sus amigos que ¡a casa de mi suegra va a ir a comer hoy Rita, hasta ahí podíamos llegar! y, pasados pocos minutos, se ve arrastrado por una vorágine de mujer e hijos a almorzar justo donde aseguraba que no pisarían sus pies. Y con una sonrisa en la boca, por su propio bien.

Y en los casos en que la renuncia es muy flagrante, como la traslación de Jorge Verstrynge del ala derecha de Alianza Popular al leninismo más feroz, decimos que se los ha bajado hasta los tobillos. Para que no se me enfaden las bases feministas, supongo que cuando les pasa a ellas -si es que les pasa alguna vez, claro- dirán que se bajan las faldas, por el hecho diferencial más que nada, aunque en los tiempos que corren, igual uno va a prisión por no ponerse una de vez en cuando. En fin, el título de esta divagación no va por ahí, no. Resulta que estoy  pensando en Artur Mas. Como lo oyen. Es que, después de escuchar sus ruegos, sus lamentos, sus requiebros y sus intentos de seducir a los de la CUP para que le voten y salir "president" de una vez, me ha recordado a una novia como la de los ocho apellidos vascos, que recoge la seda y el encaje y se lanza a la carrera a perseguir al novio que se le va, aunque ni le guste ni tenga nada en común con él, únicamente por salvar las apariencias ante papá, aquí ante sus compañeros de Esquerra y ante todos los demás, con tal de no convertise en el hazmerreír mundial.   

Cuando alguien dijo que la política proporcionaba extraños compañeros de cama, se quedó corto. No puedo imaginar a la del pelo a tazón, con camiseta negra de lema amenazante y sin duchar, en plena faena con el de adusto traje, corbata que aprieta y sólido mentón. Comparando con otras épocas, es como imaginar una alianza entre Santiago Carrillo y Manuel Fraga para gobernar la España de la Transición, pero más bestia. La CUP, un grupo de personas que quieren la revolución, la anarquía, la aniquilación del Estado y de la sociedad tal y como la entendemos hasta ahora, eliminar reglas esenciales para la convivencia y primar el ojo por ojo, las rencillas y las venganzas, es cortejada por quien representa la burguesía catalana más rancia, guardiana del capitalismo más extremo y fiel garante de los seculares privilegios de los sectores más influyentes como Iglesia, Banca, grandes empresarios y, por supuesto, políticos convergentes. O sea, la paloma con el halcón, la gacela con el león y en la misma habitación. 

Lo que me toca los cojones es que eso sí, por si acaso, Convergencia se va a presentar a las elecciones del 20 de diciembre, a las españolas, para entendernos. Es decir, no quiero saber nada de España pero concurro a sus comicios, para colocar a 10 o 12 tipos en el Parlamento, para seguir trincando, para aprovecharse, y si algo sale mal, para seguir con la sopa boba. No, tíos, esto es un salto sin red. ¿No estáis seguros de que iros es lo mejor, que España ens roba? Pues hala, largo, a tomar por culo, ¿pero qué coño pintáis presentado vuestras podridas siglas a una votación en la que no creéis? Pura cobardía, a Misa y repicando, al plato y a las tajadas. ¡Ay, si fuera yo el legislador...!  

Porque a mí me parece estupendo que alguien quiera la independencia de su región. Es el sentido de la existencia de formaciones revolucionarias como la CUP esa y la Esquerra de Junqueras, ese líder en la sombra que no se sabe si mira para Cuenca o para Figueras pero que está fagocitando al partido de Mas que, de concurrir en solitario a las elecciones catalanas,  andaría por los 30 escaños. Y es que los realmente separatistas, los que lo son por convicción y no por necesidad, los que lo llevan siendo toda la vida, son los de siempre, alrededor de la tercera parte de la sociedad, más o menos como en el País Vasco. Esto siempre ha sido así y, muy probablemente siempre lo será. Lo que no puedo entender es que unos señores y señoras de la alta sociedad catalana hayan decidido suicidarse. Que se hayan liado la manta a la cabeza y se hayan echado al monte directamente sin faldas ni nada, a lo loco, como Panchito, que así se vive mejor. A ver cuánto les dura pero espero que poco, que son muy graciosos pero ya empiezan a cansar.             

lunes, 9 de noviembre de 2015

Empieza a llover

Durante mis años en política, primero en el Partido Popular del ínclito Ovidio Sánchez y después bajo la égida del acrónimo FAC, siempre tuve como compañero de andanzas a Juan Carlos Armas, actualmente feliz edil liberado del Ayuntamiento de Llanes y durante varias legislaturas sufrido currante en la acogotada oposición. Como es lógico, a lo largo de esos años de convivencia entablamos numerosas conversaciones sobre los temas más diversos, con especial relevancia de los relacionados con nuestro querido Llanes y con la tan machacada playa del Sablón. Pero recuerdo un asunto estrella que, desde que salió a la palestra, fue durante muchos meses motivo de diálogo entre nosotros: la extraña y "sospechosa" concesión a una empresa del contrato de suministro de agua al concejo por la friolera de ¡25 años!, más de seis legislaturas. Algo de locos.

Desde que se supo aquello, ambos pensábamos que en la operación había uno o varios gatos encerrados, que semejante compromiso con una compañía no era normal y que allí había mucho más de lo que se nos decía. Él intentó, desde su diminuto despacho en el ático del Consistorio, investigar aquella extraña adjudicación solicitando la más variada documentación por los diferentes departamentos municipales pero, como solía suceder siempre bajo el yugo socialista, la tarea se convirtió en algo imposible ante las trabas y los retrasos que se iban acumulando en la recepción de los papeles requeridos, hasta que desistió.   

Con el tiempo, fíjense ustedes, nos hemos ido enterando vía jueces que, en efecto, allí hubo más que palabras. Hace un tiempo, en que fuera vicealcalde de Llanes, José Balmori, se vio obligado a dimitir de su bien pagado cargo en el Gobierno regional por las sospechas de  haber recibido prebendas de la empresa de marras. Hoy nos desayunamos con informaciones que apuntan a que la durante once años alcaldesa pudo ejercer su poder de manera alegremente distorsionada con el fin de favorecer a un familiar y que su concejala de Obras pudo haber viajado a diferentes destinos gracias a oscuras maniobras de la compañía de aguas en cuestión. La información no parece desencaminada, pues proviene de escuchas telefónicas realizadas por el servicio de Vigilancia Aduanera, presente en lo que se ha dado en llamar Caso Pokémon, así que oscuras nubes se ciernen sobre el futuro de estas personas y de otras de diferente signo político, como el "abrelatas", orondo político del PP relacionado también con Llanes -vaya por Dios- que, mientras se dedicaba a poner como un trapo desde su despacho gabiniano a los que por entonces creíamos en que un cambio en el partido era posible, se comportaba de manera bochornosa en toda esta trama, como un virrey de opereta dispuesto a engordar no sólo su cuerpo sino también su cuenta corriente y, de paso, la de otros.

El tipo este del que hablo atiende al nombre de Joaquín Fernández y, curiosamente, coincidí durante el verano de 2012, concretamente alrededor de mediados de agosto, en el hotel Algarve Casino de Portimao, establecimiento con categoría de cinco estrellas donde se encontraba el fulano en cuestión acompañado de otro varón en aquellos días, información que pongo a disposición de cualquiera que esté interesado en ella por si aquella estancia también forma parte de la lista de atenciones que esta gentuza recibía. 

Volviendo a nuestros ejemplares exmandatarios llaniscos, a la gran dama del socialismo de por aquí parece que le crecen los enanos y, si esto sigue así, hasta la barba puede que le asome porque, si la cosa no cambia, va a tener que comparecer ante el juez como "querellada-investigada" por el caso de la retirada de multas a los colegas, que es lo mismo que "imputada" pero todavía más claro para los legos en la materia. Y, si no me equivoco, el código ético de su formación obliga a dimitir de los cargos públicos si esta situación se produce. He leído que la susodicha ha convocado rueda de prensa mañana en Llanes. Puede que anuncie su renuncia, pero dada la altanería mayúscula del personaje, no descarten nada.

Y por si el panorama no pintara bastante negro, le queda pendiente el asunto de la subvención al maltratador para eludir el ingreso en prisión, tema gravísimo despachado con el habitual "los técnicos y sus informes eran los que decidían la idoneidad o no de la concesión". Bufff, chicos, yo creo que no cuela. Y si cuela, aquí hay ya demasiados frentes abiertos, hay que ver lo que es no tener ya el poder absoluto ¿verdad? Que con tanto nubarrón ha empezado a llover y vosotros sin paraguas. Qué lástima.           

sábado, 7 de noviembre de 2015

La pasarela como símbolo

Llevan los medios de comunicación dando el coñazo desde hace meses con un asunto nimio, baladí, algo que en sí mismo no tiene mucha importancia ni por su tamaño ni por el gasto que ha supuesto, si lo comparamos con otras actuaciones faraónicas igual de inútiles que han tenido lugar en nuestro concejo y en la villa. Que si la pasarela se va a colocar en otro sitio, luego que no, que en el proyectado, después que si la pobrecita ha estado dos meses abandonada en una gasolinera sin servir para nada, ahora que en noviembre, parece que en diciembre se podrá usar... Durante este tiempo, los periódicos han ido ofreciendo como condimentos las supuestas opiniones de supuestos vecinos o turistas, más o menos enterados del tema, más o menos interesados en la nueva infraestructura.

A mí, les confieso que, una vez construida y aprobada la obra, andar con este sinvivir de a ver quién puede más, a ver qué Administración exhibe más músculo, me parece algo ridículo. Es de sentido común que, una vez gastado el dinero, nuestro dinero, lo más sensato es darle uso al artefacto y, luego, ya veremos. Tiempo para discutir de chorradas siempre lo encuentran los políticos, no se preocupen, que el tema descansará una temporada en los cajones de sus señorías para, cuando queden cuatro meses para las próximas elecciones, volver a esgrimirlo como arma arrojadiza según la conveniencia de cada cual.

Lo que apenas he podido leer en los periódicos, ni escuchar en la calle, es el verdadero significado que tiene este chisme. Creo que cualquier persona conocedora de Llanes con un mínimo de inteligencia y anchura de miras sabe que el lugar, a menos de cien metros del puente, no es el mejor. La antigua pasarelilla retráctil sí que cumplía una función eficaz, como era comunicar las dos márgenes del puerto evitando un recorrido inútil a todos aquellos que transitaran -o vivieran- en las inmediaciones de San Antón y La Moría. La lógica ciudadana indicaba un lugar cercano al anterior como el más adecuado. La ilógica socialista, no. Los socialistas llaniscos no piensan nunca en el bien común. Su aspiración siempre fue el bien de unos cuantos, y en este asunto, también.

Por eso, lo que el pueblo llano no debe olvidar cada vez que mire o pise la pasarela en su ubicación actual es que es un símbolo. Símbolo de la cabezonería, de la chulería, del amiguismo, del beneficio a unos pocos, del descaro político y del otro, de hacer las cosas porque sí, porque les sale del higo, símbolo de ese pensamiento tan "doloriano" que consiste en que, como he ganado las elecciones, hago lo que me da la gana porque tengo legitimidad para ello. Es un símbolo del autoritarismo, de la dictadura, del tira que libras, de la prepotencia, del gastar por gastar, de la época del despilfarro y la farándula en el Ayuntamiento de Llanes, donde durante 28 interminables años reinaron la soberbia, la codicia y el fomento de la desigualdad en función de las ideas políticas, una de las formas más abyectas de racismo de la que nos escandalizamos cuando observamos cómo se aplica en lugares como Cataluña, pero que consentimos sin rubor aquí durante demasiado tiempo.

Así que será mejor no olvidarla y no dejar nunca de mirarla como lo que es; el símbolo viviente de todo lo que un político no debería jamás consentir y de todo lo que los ciudadanos nunca deberíamos permitir que se repita en nuestra tierra. Avisados estamos.
     

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Un simple detalle

Con la presente, son ya trece temporadas las que llevo realizando las crónicas de los partidos que el Club Deportivo Llanes juega en su feudo de San José. Primero en El Oriente de Asturias, luego en la también desaparecida Voz de Asturias y actualmente en La Nueva España, el que suscribe se dedica a reseñar las peripecias que el equipo verdiblanco va ofeciendo a sus aficionados desde el año 2002. Únicamente la temporada 2013-2014, con el Llanes en Preferente, falté a mi cita con las páginas deportivas, aunque, en mi condición de socio, continué acudiendo regularmente a la vetusta grada oeste a ver las evoluciones del equipo.

Aunque mi condición de cronista deportivo me permite acudir a los partidos sin pasar por taquilla, decidí hace diez años hacerme socio del club, como muestra de fidelidad a los colores del equipo de mi tierra de adopción. Continué siéndolo los dos años que se pasaron en Preferente y, por supuesto, lo fui los dos ejercicios en los que se disputó la fase de ascenso a segunda B. Junto a mi familia viajé a Alicante primero, y a Valladolid y Tudela después, teniendo el privilegio de narrar para la prensa la hazaña histórica que el equipo ofreció a sus seguidores en el Nuevo Zorrilla.

Es conocido que no acostumbro a casarme con nadie -excepto con mi esposa, naturalmente-, pero a pesar de ello siempre intenté ser lo más condescendiente posible en mis crónicas, aún habiendo soportado espectáculos infumables y asistido a lamentables exhibiciones de jugadores endiosados a los que, afortunadamente, el tiempo ha puesto en su sitio. Personas del club me pidieron que, públicamente, me posicionase contra esos mercenarios que sólo vinieron a Llanes a servirse del equipo. Así lo hice, obteniendo con ello el rédito de ser insultado regularmente en las redes sociales por una de esas ratas de cloaca que ahora rumia sus penas por los sinuosos vericuetos de la Regional Preferente. Entre otras cosas, también me pidieron que les ayudase a escribir una misiva dirigida a un rival comarcal en ciertos tiempos difíciles que tuvieron lugar no hace mucho con ese club. Favor concedido.

Además, en varias ocasiones me fueron requeridas colaboraciones con la revista anual que el club edita desde hace más de una década, peticiones a las que respondí desinteresadamente una y otra vez. También recuerdo que, durante mi etapa en política y, ante la inoperancia del gobierno socialista al albur de las sucesivas hazañas del equipo en las temporadas doradas de hace unos años, acucié a mi partido a reclamar más atención para el club y para sus gestas deportivas por parte de los mandamases municipales de entonces. Incluso nos comprometimos a conceder al Llanes una subvención sin precedentes en caso de ganar las elecciones- algo que no sucedió- con el fin de situar al club en segunda división B, algo que creo absolutamente posible y decisivo para la tan manida desestacionalización del turismo en Llanes. Imaginen 19 fines de semana recibiendo visitas de equipos de León, Zamora, Madrid o Galicia.

Y, aunque mi trabajo suele centrarse en las crónicas de los partidos de casa, todos los años hago lo posible por dar una cobertura digna a la notable labor que el club realiza con los chavales. El cénit se alcanzó el año pasado cuando, gracias a los compañeros de la sección de Comarcas de La Nueva España, conseguimos hacer dos páginas completas del suplemento Balón en las que aparecían las fotos de TODOS los equipos de la cantera llanisca, por lo que los orgullosos padres de los chicos pudieron encontrarlos retratados en la prensa regional y guardar el documento entre sus recuerdos más preciados. 

Pues bien, nada de lo anterior ha sido tenido en cuenta por los actuales directivos del Club Deportivo Llanes. Ante las recientes presentaciones de la revista anual y de los equipos de cantera, nadie ha considerado necesario avisarme para invitarme a ambos eventos. Parece que lo conseguido hasta ahora no tenía la relevancia que uno creía. Muchas veces un simple detalle marca la diferencia entre la mala educación y el señorío, entre la falta de decencia y la justicia. En fin, no les estoy pidiendo la insignia de oro y brillantes del club, señores mandamases omnipotentes, no. Lo único que hubiera necesitado era una llamada telefónica, y ni eso han sido ustedes capaces de hacer. Muchas gracias.           

jueves, 29 de octubre de 2015

Añoranzas (1): El fútbol y su entorno

Resulta evidente que, a medida que uno va cumpliendo años, el pasado abulta más que el futuro que nos queda por delante y los recuerdos suponen una parte muy importante de nuestra vida cotidiana. Recordamos a personas que ya no están, momentos que no volverán, lugares que ya no existen...Y a veces lo hacemos con nostalgia, añorando todo aquello que ocurrió en ocasiones sin fundamento pues, como dice un buen amigo, tendemos a mitificar un poco todo lo que es pasado sin saber por qué. Debe ser algo consustancial al ser humano eso de añorar, echar de menos, recordar con una sonrisa en los labios incluso algo que en su día tuvo sabor amargo. A mí me ocurre cada vez más, así que hoy inicio lo que pretende ser una serie, que recogerá mis añoranzas personales referidas a temas concretos. Comienzo aunando dos de mis pasiones, escribir y el fútbol, exponiendo la visión que tengo ahora de acontecimientos vividos hace muchos años pero que dejaron en mí un poso agradable. Hoy, mi única actividad profesional consiste precisamente en eso, en escribir sobre fútbol. Es algo que fue surgiendo, una afición, algo vocacional que, por desgracia, no he logrado convertir en mi trabajo diario. También esa sensación de fracaso, de haber llegado tarde, de no haber estado en el sitio preciso en el momento justo, envuelve un poco el paquete y acentúa la sensación de añoranza, de lo que pudo haber sido y no fue. En fin, qué le vamos a hacer. Escribamos pues.    


Fue el día de Reyes de 1979. Ese día me senté en la grada de un campo de fútbol por primera vez. Fue, cómo no, en el frío cemento que entonces ofrecía el estadio Vicente Calderón. Tenía ya quince años, pero no se había dado la posibilidad de acudir hasta esa fecha, en la que mi padre decidió que ya era hora de que mi hermano y yo asistiéramos en directo al espectáculo del que él tanto nos hablaba en casa a la vuelta de emocionantes partidos, unos ganados, los más por aquel entonces, otros perdidos, como sucedió precisamente el día de nuestro estreno: palmamos contra el Burgos 1-2, y sólo recuerdo que los goles visitantes los marcó un delantero argentino que se apellidaba López que luego jugó en el Sevilla. En los castellanos ya despuntaba un tal Juanito Gómez, hoy convertido en leyenda en el norte de Madrid a causa de un desgraciado y prematuro accidente.

Eran otros tiempos para el deporte rey. No sé si mejores, pero sí más entrañables, más cercanos, menos edulcorados y, desde luego, mucho menos manipulados por los medios de comunicación. Todo era más real, más cotidiano y más épico. Se jugaba durante el invierno en campos embarrados, a veces encharcados, y aún así se veía más juego que en muchos partidos hoy en día. Las botas se empapaban y pesaban un kilo, eran negras y con cordones y no de esos colorines fosforito que desentonan una barbaridad con el resto del uniforme. Jamás me acostumbraré a que un futbolista juegue con botas blancas: me parece que fuera descalzo. Los balones no estaban hechos con materiales empleados por la NASA, eran de cuero y nada más y cabecearlos un día de lluvia era como darle un testarazo a una maceta con tierra y todo.

Los estadios lucían vistosos nombres, como La Condomina, Las Gaunas, El Vivero, La Viña o La Rosaleda, nombres que identificaban al club con el barrio o la calle donde se forjó su historia. Luego se puso de moda que recordaran a uno de sus presidentes, muchas veces al mejor, otras al más nefasto; así, Chamartín pasó a ser el Santiago Bernabéu, el Manzanares se convirtió en el Vicente Calderón, o Altabix en el Martínez Valero. También llegaron a dar su nombre a un campo Ruiz de Lopera o José Fouto, personajes que llevaron a sus equipos casi o totalmente a la quiebra. Hoy, en una pérdida absoluta de tradición y respeto por la historia, hay estadios que se llaman Iberostar en vez de Son Moix (o Luis Sitjar) y existen proyectos para denominar a los más importantes coliseos con nombres de líneas aéreas casi siempre árabes, que generan muchos petroeuros pero ocurre que, como se ha demostrado en el Málaga, a sus forrados jeques no les importa un comino la afición.

Los protagonistas también han cambiado. Es más, nada tiene que ver un futbolista puntero de hoy con Gárate, Santillana o Migueli. No es que sean mejores, que muchas veces sólo lo son en el físico, es que son mucho más odiosos. Los mencionados concedían entrevistas a todo el mundo, firmaban autógrafos a tutiplén y acudían a entrenar en sus coches como el resto de mortales. Hoy, si la figura se enfada por una pregunta “inoportuna” llama tonto al periodista, se enfurruña y se tira tres meses sin hablar, lo cual, dicho sea de paso, a veces es una bendición. Los niños pequeños en muchas ocasiones no sólo se quedan sin la firma de su ídolo, sino que encima no pueden verle porque sale –o entra- por la puerta de atrás, como si fuera a un juzgado, como si se avergonzara, como si le molestara contactar con la plebe. Y si el aficionado espera en la puerta del aparcamiento, tampoco llega a atisbar al volante la silueta del ídolo porque sale a toda pastilla en un bólido que antes sólo se veía en las películas de James Bond. Y encima, para parecer más cercano y más guay, el chico a veces se jacta en algún periódico de que tiene uno para cada día de la semana. Por no hablar de las ridículas celebraciones de los goles, emitiendo gritos simiescos o remedando bailes estúpidos incluso con 6-0 en el marcador, todo un ejemplo de respeto al adversario. En aquellos tiempos había jugadores ingenieros como Gárate, médicos como José Martínez “Pirri” o economistas como Sanchís hijo o Butragueño. Hoy, con suerte tienen el graduado escolar y algunos, como diría el genio de La Calzada, una etiqueta de anís del Mono.

Los porteros también son otra cosa. Entonces muchos no llevaban guantes y, si lo hacían, éstos eran de lana y lucían jerseys de punto, iguales a los que vestían mientras disfrutaban de la televisión en blanco y negro en los salones de sus casas. Lo de hoy en día no son guantes sino manoplas según los gurús, cubiertas de auténticas ventosas y con sus nombres grabados, personalizados que se dice ahora y disponen de docenas de pares. Hace años, si Iribar o Arconada hubieran lanzado sus guantes a la grada al terminar un partido nadie se hubiera peleado por cogerlos. Hoy son un trofeo. También les hacen uniformes de colores chillones porque dicen que así despistan a los delanteros. No sé yo. Además, si quieres ser moderno, debes saber jugar el balón como lo hacía un líbero de entonces, a lo Beckenbauer, para entendernos. Si no, dedícate a otra cosa. Tampoco se paraba “a mano cambiada”, algo que parece tener mucho mérito según los narradores epilépticos de partidos, pero que ni Urruti ni Ablanedo ni ninguno de los extraordinarios arqueros de aquella época practicaban. Serán las modas.

Como las equipaciones de los clubes. Ni las entiendo, ni comprendo el criterio para elegirlas. Antes se jugaba con el segundo uniforme cuando coincidían los colores. El Barcelona siempre jugó de azulgrana en el Manzanares. Ahora unos años va de amarillo limón, otros de verde pistacho y a veces de negro. Por supuesto, últimamente con esa ropa amarilla y roja a rayas que simula una bandera catalana. Y qué decir de la camiseta titular. Basta observar este año al Barcelona con ¡rayas horizontales! O a mi Aleti, que visto de espaldas parece el Murcia, el mítico conjunto pimentonero. Hace pocas semanas pasé por la tienda que está en los bajos del estadio y una joven dependienta me miró como a un bicho raro cuando le dije que la casaca me parecía horrorosa. Es más, me aseguró que se estaba vendiendo muy bien. Cosas del marketing. Es sabido que hoy se gana más despachando camisetas horteras que con los abonos o las entradas.    

Queda escrito que los jugadores de entonces parecían algo más listos que los de ahora. Todos sabían leer y escribir y, como ganaban lo justo, como cualquier trabajador, no necesitaban agentes ni representantes. Creo que el primero que los utilizó fue el traidor Paco Llorente, que se declaró mudo total cuando empezó a hablarse de su fuga del Aleti al eterno rival y salía siempre con la cantinela “eso lo lleva mi representante”. Actualmente los agentes de futbolistas son dioses, verdaderos reyes Midas que consiguen para los chavales contratos con cifras disparatadas, auténticamente inmorales en muchos casos, a cambio de enormes tajadas. De hecho hay alguno más rico que casi cualquier jugador.     

El juego era quizás menos físico, no se marcaba al contrario por todo el campo, pero en cambio era más viril, centrales de pierna fuerte y nariz rota como Arteche o Goicoechea pegaban una barbaridad a delanteros que aguantaban el envite sin necesidad de rodar espectacularmente por los suelos levantando los brazos al árbitro ni de pedir enérgicamente tarjeta para sus compañeros de profesión. En lugar de llevar blindadas las espinillas, aquellos jugadores se enfrentaban con las medias bajadas y camisetas y pantalones de algodón a adversarios rudos y a veces violentos sin esconderse junto a la banda y sin pedir constantemente la intervención del médico. Antes, de los lesionados se ocupaba un masajista con agua y réflex y enseguida los dejaba listos para regresar a la lucha. Ahora tienen a su disposición una legión de médicos, recuperadores, fisioterapeutas y camillas con ruedas por si tienen que salir del terreno de juego que no lo hagan cojeando, los pobres.

Hasta los árbitros han dejado de ir de negro. Han cambiado el luto riguroso por toda una gama de colorines que, en ocasiones, consiguen que no se distingan de los guardametas y sus vistosos uniformes. Las tarjetas entonces blancas ahora son amarillas, también fosforescentes, y los colegiados, antes conocidos como trío arbitral y ahora como la alegre pandilla, -hay competiciones que ya van por seis- son una mezcla entre locutores de radio y encargados de sex-shop, por la cantidad de auriculares, pinganillos, vibradores y demás elementos electrónicos que portan. Sin embargo, sigue sin utilizarse una tecnología que les ayude a determinar si una jugada es o no fuera de juego o si un balón ha entrado del todo en la portería. Existe, pero no se les deja usarla. Eso sí, desde hace poco también llevan un aerosol con espuma de afeitar que dicen que sirve para marcar la línea que debe respetar la barrera en las faltas. En fin, quizás por eso casi todos los dirigentes andan por estas fechas visitando comisarías y prisiones. Como a todos los que mandan, ha acabado por interesarles más llenar el bolsillo que ayudar a las personas. 

Al principio me referí a las primeras gradas que conocí. Eran de cemento, con los lugares asignados a cada espectador separados por una línea negra pintada en ellas. Si te tocaban al lado dos señores de cierto tamaño y bien abrigados, con aquellas gruesas pellizas de ante que se usaban entonces, apenas podías moverte en todo el partido. Eso sí, estabas calentito sin necesidad de llamar a los hombrecillos con chaquetilla blanca y cestas de latón que pasaban constantemente por las gradas al grito de “¡hay copas de coñac, oiga!” Sí, los jóvenes han leído bien, se vendía licor de alta graduación en los estadios, y la gente fumaba largos puros que podían comprarse en los numerosos puestos a la entrada del campo, actividad hoy prácticamente proscrita.

Pero sin duda, el mayor cambio y el que más daño le ha hecho a este deporte es el experimentado por los medios de comunicación. Entonces había rivalidad, pero entre Aleti y Madrid. Esos eran los partidos del año, los derbis. Lo de los clásicos era en Argentina, Boca-River o Vélez-San Lorenzo. Pero la prensa se inventó, al calor de la política, un nuevo choque estrella, el Barcelona-Madrid y, poco a poco, dejaron de existir los demás para centrarlo todo en esos dos clubes. El resto permaneció atónito y consintió que la brecha se fuera agrandando hasta conseguir la competición que hoy padecemos, en la que lo más importante es quién de los dos grandes alcanza el Balón de Oro, la Bota de Oro o el Pepino de Oro. Incluso programas de fútbol en televisión que antes se dedicaban a poner los resúmenes de los partidos, hoy exhiben sin pudor a exaltados de ambos bandos que se dedican a dar voces e insultarse antes de ofrecer, a última hora, ridículas imágenes del resto de equipos. Sin embargo, durante el programa, los energúmenos sólo se habrán dedicado a intentar descifrar lo que decían jugadores que, precisamente para evitarlo, ahora se hablan en el campo con una mano delante de la boca, o a jalear las vergonzantes “performances” que tras los goles escenifican las estrellitas. Afortunadamente todavía queda algún Puyol para darle un sopapo al tontaina de turno que se pone a hacer gilipolleces cuando su gol supone el 0-7 ante un rival entregado.    

En definitiva, antes esto se llamaba fútbol. Ahora es un negocio muy lucrativo, tanto para jugadores como para entrenadores, directivos, agentes, cadenas de televisión y periodistas en general. Para todos menos para el que sostiene el negocio. Para el que paga. De nosotros nadie se acuerda. Porque hace un par de décadas, o tres, los partidos se jugaban los domingos por la tarde, menos el televisado, que era por la noche. Hoy se juega viernes, sábados, domingos y lunes, hay encuentros que acaban pasada la medianoche y, si quieres ver a uno de los dos equipos privilegiados, disponte a rascarte el bolsillo a modo. Y si hay jornada entre semana o se juega la Copa del Rey, todos los días hay partido. Un lío. Tampoco existen ya en la radio los carruseles de verdad, porque casi nunca se juegan dos partidos al mismo tiempo. Es por los chinos, que nos ven mucho y a todas horas. A nosotros, que nos den. Y en la prensa escrita, todos lucen sus colores sin sonrojo ni control. Antes, ser objetivo era lo que intentaba aparentar cualquier periodista que se preciase. Ningún lector sabía a ciencia cierta de qué equipo eran Gilera, Belarmo o Rienzi. Hoy todos sabemos de qué pie cojea cada uno de ellos y encima les importa un bledo. Sí, permítanme que lo diga, he acertado con la palabra correcta. Es añoranza. Una nostálgica y enorme añoranza de aquel gran día de Reyes de 1979.                        
            

sábado, 24 de octubre de 2015

Con (re)sentimiento

Hace pocas semanas se anunció en los medios de comunicación el inminente estreno del programa de entrevistas conducido por Bertín Osborne "En tu casa o en la mía". Como es evidente, aparte del formato, en el que el presentador entrevistaría a una persona de cierto interés social, nada se sabía sobre el mismo. No obstante, grandes gurús de la izquierda acomplejada y de la prensa afín al nuevo universo casposo-podemita pusieron a parir al llamado Ente Público de RTVE por darle esta oportunidad a un "declarado facha" de volver a demostrar su capacidad para entretener al personal. Aprovechando la coyuntura fueron atizados sin piedad el PP en el Gobierno, el Ministro del ramo y todo lo que no oliese a progre trasnochado, por ser cómplices de semejante delito.

En esta época de programas poblados de contertulios chillones que impiden que se escuche a aquellos que sí van dispuestos a dar su opinión a los platós, que lo mismo pueden hablar de fútbol que de política o famoseo cutre, hacía tiempo que no llamaba mi atención un espacio dedicado al simple diálogo, algo que en los tiempos que corren parecía una quimera. Error. Bertín lo ha conseguido. Propiciando un ambiente relajado y familiar, probablemente auspiciado por la amistad que cultiva con los entrevistados, la conversación fluye, pausada, apacible, con confidencias, momentos de emoción intensa o de cachondeo desenfadado, y el espectador va descubriendo aspectos desconocidos de los invitados al programa.

Sólo he asistido a las charlas con Carmen Martínez-Bordiu -en la que se trató con una delicadeza exquisita y una emoción sólo comprendida por los que hemos pasado por circunstancias similares la trágica muerte de su hijo mayor-, Lolita y Mariló Montero. Ninguna de estas mujeres es santo de mi devoción ni me interesan lo más mínimo sus peripecias, incluso alguna me parece frívola y desinformada. Pero eso no fue óbice para que, una vez envueltas en una conversación afable, sus confesiones resultaran interesantes y, como he escrito, en ocasiones consiguieran emocionarme.

No debo ser el único que piensa así, pues he leído que los tiránicos índices de audiencia están siendo más que benévolos con el jerezano e incluso que la productora está preparando ya una nueva tanda de entrevistas para la próxima temporada. Y es que la gente normal, la que la nueva progresía cree que nos pasamos el día tomando el té y jugando al backgammon mientras hablamos de gilipolleces, los que salimos huyendo cuando oímos la sintonía de Gran Hermano o La Voz, los que despreciamos las tertulias sesgadas lideradas por estandartes del republicanismo o de la revolución, nosotros apreciamos lo de siempre, una buena conversación en la que la educación y el respeto sean los pilares que sostengan el debate, como ocurría en aquella sensacional y añorada "La Clave" dirigida, entre chupada y chupada a la pipa, por el gran José Luis Balbín.

Así que me alegro enormemente por los de la bandera tricolor, por la izquierda acomplejada que no quiere las tradiciones pero no aporta nada nuevo, por los presentadores modernos y "comprometidos", por los que odian lo que no comprenden. Aunque esté muy feo decirlo, me alegro de que se jodan. Y a gente como el progresista antoniorico, que se cree muy gracioso metiéndose con los valores y las tradiciones españolas en sus estultas crónicas televisivas, que prefiere que sus hijos vean al separatista Buenafuente que a Bertín, si por una improbable casualidad leyera estas palabras, decirle que lo siento por ellos. Por sus hijos, me refiero.