viernes, 28 de octubre de 2016

Estoy de acuerdo, señor Iglesias

No, no han leído mal. Tampoco he sido víctima de un patatús cerebral que haya mermado mis ya de por si escasas facultades mentales. Y mucho menos he cambiado de opinión sobre lo que representa para el país la existencia de Podemos y sus líderes, que no son sino una lacra, un motivo de vergüenza para nuestra especie y un desdoro para la política. Lo que ocurre es que, una vez escuchado el torrente de disparates, sentencias demagógicas y guiños al separatismo radical que emitió ayer en el Congreso, he podido extraer varias afirmaciones del señor Iglesias -por llamarle de alguna manera- con las que estoy absolutamente de acuerdo. Como lo leen.

Algunos han considerado como "exabrupto inaceptable" aquello que afirmó el coletudo diputado al decir que "en esta Cámara hay más delincuentes potenciales que fuera". Cospedal le llamó a voces sinvergüenza, Rivera fue menos delicado y optó por un sonoro "vaya gilipollas". Sin llevarles la contraria lo más mínimo a sus señorías en lo que se refiere a sus juicios de valor sobre la persona que ocupaba la tribuna de oradores, sí que disiento abiertamente acerca de la consideración que sus palabras merecen, pues aunque parezcan lo contrario, son una verdad como un templo, ya que de Iglesias hablamos. Por supuesto que hay delincuentes potenciales en el Congreso, y unos cuantos, no crean. No olvidemos que potencial es un adjetivo que, utilizado como lo hizo el líder podemita, significa "que pueden serlo en el futuro, aunque aún no lo sean". Y no hay nadie que se adapte a esta sentencia mejor que los 71 miembros de esa formación. Porque son personas que no aceptan las leyes en vigor, que incitan al odio y a la violencia en la calle, que se saltan las normas de convivencia e higiene -no sólo democrática- y que llaman a la algarada, a las barricadas y, si me apuran, como el verdadero Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, incluso a la agresión personal a los políticos y simpatizantes de la derecha. No creo que pueda estar más claro tras escuchar a esta gente, que se sientan en el hemiciclo, al menos, 71 potenciales delincuentes.

También estoy de acuerdo con la manida sentencia, muy empleada y manoseada por el cabecilla morado, que se refiere a que "el tiempo pondrá a cada uno en su lugar". El pobre Hernando también la empleó hasta la saciedad en su intervención pero hablando de cosas ya sucedidas, a las que concedió una interpretación en ocasiones y, como mínimo, muy optimista. Pero Iglesias hablaba del futuro. Por supuesto que el tiempo da y quita razones y coloca a cada uno donde se merece. De hecho, a su formación ya la va poniendo con las orejas tiesas y la mano en el cinto ante los cada vez más menguados resultados que va obteniendo en las sucesivas convocatorias electorales. Y estoy convencido que, al correr de los años, acabará siendo algo residual, como un excremento rebelde que se va por el desagüe tras verse uno obligado a tirar varias veces de la cadena. En efecto, ciudadano Iglesias, ya verá cómo el tiempo le pone en su lugar. En otro lugar, por supuesto, no intentando coaccionar a un país desde un púlpito al que subieron hombres ilustres cuya memoria mancilla usted cada vez que abre la boca. España, mal que les pese a su señoría y a sus acólitos, no está dispuesta a una revolución bolivariana que distribuya miseria entre los ciudadanos, por mucho que se empeñen. Ni ahora, ni nunca. Ya lo verá, con el tiempo.   


Por último, no estoy menos de acuerdo con el diputado extremista cuando asevera que "el orden reina en Madrid" y que "el PSOE está más cerca del PP que de Podemos". Hombre, es de esperar que el hecho de que por fin haya Gobierno, que dejen de reinar la anarquía y el desorden sea algo que alegre a quien -se supone- trabaja por hacer un país mejor en todos los sentidos. Y que, si de una vez los socialistas han sentado la cabeza y entrado en razón tras la zozobra provocada por insensatos del calibre del infausto Snchz, su partido se alinee en el bando de los que respetan la Constitución, las leyes y las normas, la unidad de España y el buen funcionamiento de las instituciones y deje de navegar por las aguas del populismo facilón que, entre otras cosas, le ha llevado a la ridícula cifra de 85 diputados en las Cortes, resultado inédito y más que calamitoso que tanto satisfizo a los antisistema. Así que sí, en todas estas cosas estoy de acuerdo con el "señor" Iglesias. Que conste.


lunes, 17 de octubre de 2016

Elenita o las cuitas de un descerebrado

Tras echar un vistazo a la prensa diaria, labor que realizo con la ayuda de los medios digitales desde hace tiempo, dos noticias me llamaron hoy la atención. No tienen entre sí nada que ver, pues una de ellas avisa de un fallecimiento y la otra informa de las últimas idioteces de un descerebrado. Lo único que tienen en común, amén de haber llamado mi atención, es que son noticias lamentables, que uno no hubiera querido recibir.

Ha muerto Elena Santonja. A muchos de ustedes quizás no les diga nada este nombre pero, si peinan alguna cana y les digo que presentó en Televisión Española el programa culinario "Con las manos en la masa" seguro que un poco les va sonando. Personalmente su óbito me ha traído recuerdos melancólicos de mi también desaparecido padre, porque de niños y adolescentes fueron vecinos en Hermosilla 5, en Madrid. Me vinieron a la memoria los instantes en que papá se sentaba en el sofá de la sala de estar y, al comprobar que Elena estaba cocinando cualquier menú en compañía de alguna persona célebre -en aquella época estos eran actores, escritores o músicos, no los infrahumanos que hoy fardan de famosos-, exclamaba: "Hombre, pero si es Elenita Santonja, mi vecina de escalera".  Luego nos explicaba que también tenía una hermana, Carmen, que cantaba muy bien, y yo le decía que formaba parte de un dúo llamado Vainica Doble y que, precisamente, junto a Joaquín Sabina, eran quienes cantaban la sintonía del programa, aquello de "siempre que vuelves a casa, me pillas en la cocina, embadurnada de harina, con las manos en la masa...". Hoy Elenita se ha muerto con 84 años y se ha llevado otro trocito de ayer y, de paso, he vuelto a echar mucho de menos a mi padre, que debería haber cumplido los 86 pero no lo hizo. 


Después, en otra sección del periódico que debe denominarse "Gilipolleces varias", en francés simplemente "Boutades", me he encontrado con que el insigne actorzuelo que hace años que no hace nada más que soltar imbecilidades y ofender a las personas de bien que quedan en España, el ahora llamado Willy Toledo, antes Guillermo, ha dicho que los dos guardias civiles agredidos brutalmente en Alsasua junto a sus parejas son unos borrachos y unos prepotentes y además provocaron su agresión. Estoy casi seguro que este payaso estaba presente en el local donde sucedieron los hechos. No se explicaría si no esa seguridad al insultar a los agentes ni tanta precisión al definir el estado en que se encontraban ambos. A no ser que, como debe sufrir a menudo esos problemas de intoxicación etílica a los que alude y parece mostrar una fuerte adicción a otro tipo de sustancias, simplemente no sepa lo que dice, que es lo más probable. Sólo pregunto, ¿es la primera vez que este tipo ofende gravemente a miembros de las fuerzas del orden público? Si no es así y es conocido que se trata de su deporte favorito, ¿cómo es que hasta ahora se ha ido de rositas? ¿Es esto libertad de expresión? ¿O es faltar al respeto a gente perseguida, humillada, agredida y asesinada? ¿Existe la Justicia? 


Termino deseando el descanso eterno a la buena de Elenita, audaz precursora de un género televisivo que hoy ha hecho millonarios a algunos cocineros, y una larga vida plena de tristeza, amargura y odio, ese que destila a diario en sus ofensivos comentarios, al tonto del culo de la barba y, de paso, a ver si suena la flauta y el gorila de Caracas le encarga un trabajo de ensalzamiento al comandante y se exilia definitivamente a aquellas benditas tierras. Lo siento por ellos.         


miércoles, 12 de octubre de 2016

Orgullo, pena y envidia

Hoy se celebra el día de la Hispanidad. Con un desfile militar cada vez más breve en Madrid y discretos actos semiproscritos diseminados por la superficie de España se despachan más de quinientos años de historia, de gloria y de penas, de triunfos y derrotas, de conquistas y pérdidas. Y todavía hay a quien le escuece, quien lo lamenta y quien abomina de cualquier conmemoración de la aventura colombina. A este país nuestro y a mucha gente que lo puebla, yo no los entiendo.

Lo que a mí me hubiera gustado de verdad, de verdad en la vida, es haber logrado una medalla de oro en cualquier disciplina, deportiva o no, para haber tenido la oportunidad de subir al podio y escuchar mi himno al tiempo que, con la mano en el pecho, como los americanos del norte, contemplaba llorando cómo la bandera roja y gualda ascendía lentamente por el mástil. No sé explicarlo, pero estoy seguro que hubiera sido memorable, inolvidable, épico, la piel de gallina, las lágrimas en mis mejillas, el corazón al galope, el nudo en la garganta y, al concluir la ceremonia, un grito exultante, quizás unos golpes en el pecho, seguro que un orgullo y una emoción enormes por haber sido campeón de algo defendiendo a mi país, a España. Eso es lo que de verdad más me hubiera gustado.  

Eso sí, debo ser un imbécil porque a los de ahora, a la chusma que puebla la escena política de hoy, les repugna todo lo que a mi me llena de orgullo. Podría entender hasta que un vasco o un catalán se emocionen más si suena Els segadors o se iza la ikurriña. Uno puede sentir más una bandera que otra y es respetable. Pero que un merluzo que va hecho unos zorros, sucio y desharrapado, que no tiene ni puta idea de lo que España ha sido en el mundo, que no sabe ni la fecha del Descubrimiento, que igual no tiene donde caerse muerto, cuyos ídolos son el alcohol, el Ché y Maduro, que un tipo así se permita despreciar a su país, a sus símbolos, me da muchísima pena. Pena por él, naturalmente, porque se pierde este torrente de sentimientos que a uno le sobrecogen cuando observa cómo su país es reconocido como una potencia mundial, cómo en Hispanoamérica agradecen las influencias culturales que allí dejamos, o simplemente cuando uno de nuestros representantes vence en una competición de ámbito mundial.


Todos estos líderes de pacotilla que por querer ser más de izquierdas que nadie desairan a España, a su Rey y a su Gobierno no me dan más que pena. El infausto Snchz, Carmena, Iglesias, Colau, Garzón o Llamazares no inspiran otra cosa a alguien como yo porque carecen de la capacidad de emocionarse por el simple hecho de pertenecer a un colectivo que se llama España y porque, no contentos con eso, además se jactan de ello. Pues qué bien, ellos se lo pierden. 

Habrán visto ustedes sin duda la que se monta en Francia cuando simplemente alguien no entona La Marsellesa, o a Italia cantando a voz en grito su himno el día que nos eliminaron en la última Eurocopa de fútbol. Les recomiendo que busquen en youtube a la selección de Argentina de rugby en el momento de escuchar su himno. Impresiona ver a tíos de más de cien kilos con aspecto de fieras temblar como niños ante lo que consideran más sagrado. Y qué decir de los estadounidenses, de su veneración cuando suben las barras y estrellas y atrona "The Star-Splanged Banner", todos son uno, aunque el acto discurra en un estadio enorme da igual, los 70 u 80.000 se pondrán la mano en el corazón y acompañarán a SU himno mientras suena y a SU bandera mientras se alza al viento. Ya lo he escrito alguna vez, qué envidia produce ver ese sentimiento unánime de pertenencia y orgullo en un país tan joven como los Estados Unidos mientras que aquí se menosprecian esos sentimientos que no emanan sino de la nobleza y el agradecimiento de la gente por haber nacido donde lo hizo.         
 
Hay gente incapaz de amar. Está demostrado, como que hay quien no siente dolor, quien no está capacitado para distinguir los colores o quien no puede percibir los olores. Está visto que también existen personas que no pertenecen a un país, que no sienten nada por haber nacido en él. Bien. Es una discapacidad como otra cualquiera, una minusvalía, una mutilación. No es ningún desdoro sufrir una carencia, haber nacido con algún sentido atrofiado. En los tiempos actuales, la integración de estas personas es un objetivo de Estado, un irrenunciable propósito de una sociedad sana y con visión de futuro. La diferencia sutil es que los afectados por el odio a lo español padecen su enfermedad por propia voluntad, no porque la naturaleza haya sido cruel con sus mentes y cuerpos. Así que, señores y señoras, compañeros y compañeras, miembros y miembras de tan insigne colectivo, no les queda otra. A joderse.

lunes, 3 de octubre de 2016

Primer aniversario

Se acaba de cumplir un año desde que se tomó la decisión de crear este blog. Es por tanto momento de hacer un somero balance para informar a los lectores del grado de aceptación que ellos han logrado para este modesto sitio. Antes de nada, ya voy avisando que no pienso entrar a valorar los números obtenidos, en primer lugar porque no tengo la menor idea de qué cantidad de visitas es mucha o poca puesto que carezco de referencias fiables y en segundo porque no es esa la finalidad de este blog, cuyo autor está preocupado por todo excepto por hacer de él un referente del mundo mundial. Este espacio se creó exclusivamente para el uso y disfrute del redactor, que no tenía modo ni manera de dar salida a sus cuitas en los medios habituales y, por supuesto, de sus posibles lectores, fueran muchos o pocos, amigos o enemigos, dando exactamente igual su porcentaje de introducción en las costumbres cotidianas de la sociedad más cercana.

Dicho lo anterior, les comentaré a los amables seguidores que, si excluimos los meses de julio y agosto, en los que el que suscribe se ha dedicado al dolce far niente y no se ha ocupado de actualizar el blog, en los diez restantes ustedes han realizado exactamente 4.510 visitas, es decir, 451 al mes o, lo que es lo mismo, unas 15 diarias. ¿Muchas? ¿Pocas? No lo sé. Para mí, sumido en una ignorancia absoluta sobre las audiencias en estos mundos tecnológicos, no está mal. Nada mal.

En lo que se refiere a la producción, es decir, a lo que ha trabajado el autor, éste ha llegado a la aceptable cantidad de 70 artículos -el presente hace el número 71-. En diez meses nos salen 7 al mes, casi dos a la semana. No son muchos, se podía haber escrito más, en realidad a veces apetece hacerlo sobre algún tema concreto pero, para no resultar cansino o redundante, en ocasiones he pensado que era mejor no saturar el mercado. Lo que sí les digo es que no he retirado ninguno de mis escritos de la circulación, no soy persona que se arrepienta fácilmente de lo hecho, quizás sí en algún momento de lo que no llegué a realizar o de alguna oportunidad perdida por no lanzarse uno a la piscina, pero no suelo lamentarme por las decisiones tomadas. Lo hecho, hecho está. En fin, como les digo he escrito lo que me apetecía en cada momento, sin cortapisas ni censuras más allá que las que uno mismo a veces se impone. Y eso no tiene precio.

Por último, les informo que, hasta la fecha, el artículo que más éxito ha tenido es el titulado "Arde España", publicado el día 26 de mayo pasado, con la friolera de 142 visitas. Completan el podio "Hitler no queda tan lejos", del 6 de junio con 105, y "Desperdicios", del 21 del  mismo mes con 85. Por contra, el menos visitado ha sido "A los nenes no les gusta Benítez", del 23 de noviembre de 2015, el cual sólo leyeron 4 personas, cosa lógica por otro lado pues era en él muy crítico con los jugadores de ese equipo blanco de Madrid que tiene tanto dinero, cuando se dedicaban a prepararle la cama al que por entonces era su entrenador. Una relectura del mismo no vendría mal a cierto tipo de forofos. No digo más. 

Así que ustedes verán. Si les sigue gustando leer de vez en cuando lo que este tipo tiene que decir, si creen conveniente compartir con amistades, familia o vecinos las bondades/maldades del blog o si les apetece divulgar sus contenidos por las profundidades procelosas de las misteriosas e insondables para mí, redes sociales, adelante con los faroles. Y si les he decepcionado, si no he estado a la altura de sus expectativas, mis más sinceras disculpas, tampoco me creo lo que no soy. Únicamente un señor un poco mayor al que le gusta escribir y sentir que no va muy desencaminado en sus opiniones. Espero mantener las ganas al menos hasta el próximo aniversario. Hasta entonces, gracias por leerme.     

martes, 27 de septiembre de 2016

El monstruo de Sánchezstein

A pesar de lo que algunos puedan pensar, el título de este artículo no tiene nada de original. Es, simplemente, el nombre de un programa infantil de televisión de los años 70. Creo recordar que era un concurso en el que los participantes tenían que dar órdenes concretas al susodicho monstruo para conseguir puntos, pero si esas órdenes no eran lo suficientemente claras el pobre adefesio no las entendía, se ponía a hacer disparates y el niño perdía. Los personajes eran tres: el profesor chiflado, el monstruo, interpretado por Pepe Carabias, el actor que hace de patriarca gitano con José Mota y la gran María Luisa Seco, siempre embutida en sugerentes monos de diseño imposible y que hacía de secretaria y presentadora del programa.

Aquel engendro creado por los guionistas de TVE no comprendía sencillas instrucciones ni recogía fáciles sugerencias. Le decían que se diera la vuelta y rodaba por los suelos, le ordenaban que echase agua en un vaso y lo hacía poniendo el recipiente del revés, a lo Tip y Coll. Desesperaba a los chavales y causaba hilaridad en el público asistente. Ah! Y para que el mandato de los concursantes fuera atendido, debían decirle al final: "Luis Ricardo, cantidubi dubi dubi, cantidubi dubi da, ya". Un número, vamos.

El monstruo de nuestro tiempo es un partido sin norte, un muerto viviente, como Luis Ricardo, confeccionado con retales de cadáveres políticos, un sinsentido, un alma en pena, un coleccionista de catástrofes electorales desnaturalizado que provoca lástima y risa y que no causa un respeto ni imponente ni de ninguna clase. El profesor chiflado, Snchzstein, enloquecido por su mesianismo exacerbado, cegado por un ego inabarcable, seducido por la erótica del poder inalcanzado, conduce la nave hacia el naufragio haciendo caso omiso de todos los consejos, de todas las instrucciones, lleva de la mano al abismo a su monstruosa creación ignorando el tortuoso camino que deben recorrer y el final fatal que sufrirán ambos.


Vapuleado una vez más en las urnas, en dos mejor que una, por si había dudas, emprende una huída hacia adelante en la que ya sin careta, todo vale. Ni se reconocen los errores propios, ni se escuchan las opiniones de los mayores, se propicia el choque de trenes, el enfrentamiento frontal entre dos facciones que sólo puede ocasionar daños de difícil arreglo en el alma del partido y se busca, con tal de encontrar un clavo ardiendo, hasta el apoyo prohibido del separatismo, del radicalismo y del populismo chavista más vergonzante.

¿Y todo esto para qué? ¿Qué rédito espera obtener el capitán desnortado? Puede que su calendario sea aprobado, puede que incluso sea reelegido -en precario- timonel del barco, hasta es posible que se atreva a ponerse de presidente de otro monstruo, éste mucho más peligroso y voraz. Dará igual. Nunca contará con la posibilidad de contentar a los independentistas porque la Constitución lo impide. Nunca conseguirá aplacar a los comunistas, porque su propia naturaleza imposibilita comportarse con mesura y tranquilidad. Si gobierna algún día, durará lo que quiera su monstruo, y será devorado en el momento que a éste le convenga. La única explicación que encuentro para presentarse a este Vía Crucis es la económica. Habrá echado cuentas y le saldrá rentable ser presidente cinco minutos, por eso de las pensiones y sueldos vitalicios que se colocan estos tipos. 

No es que yo sea precisamente sospechoso de simpatizar con el PSOE, pero confieso que me produce cierta congoja observar cómo el navío, sin control, se dirige hacia el Cabo de Hornos y, además, en plena tempestad. No me alegro en absoluto del triste devenir de los acontecimientos porque creo firmemente que el papel de este partido, si se regenera y vuelve a ser dirigido por alguien con cerebro, es fundamental para la política patria. En fin, desde luego que lo que sí va a conseguir este pollo es pasar a la historia como el mayor desastre político que haya existido en este castigado país, que ya es decir. No sólo ha superado al bobo de ZP, algo muy difícil de alcanzar, sino que está a la altura de la morralla que en el 36 condujo a España a una Guerra Civil. Pretende construir un monstruo que, como Saturno, sea capaz de devorar a su propio hijo, es este caso a su propio país. Hay que ser imbécil o, lo que es peor, malvado y ladino. O a lo mejor le pasa como al del concurso, que sencillamente está chiflado. Pues ¡que lo encierren, cantidubi dubi dubi, cantidubi dubi da, ya!    

       

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Lo que es tener mucha jeta

Hay un tipo de personas al que admiro profundamente, entre otras cosas porque me considero incapaz de siquiera intentar aquello en lo que ellos son auténticos maestros. Me refiero a la especie de los trileros, los que tienen como profesión dar gato por liebre, como objetivo primario crear confusión, desconcierto y asombro en sus víctimas con el fin de obtener algún tipo de provecho, generalmente económico. Esa gente que tiene mucha jeta, un morro que se lo pisa, una cara más dura que el hormigón, o más cara que espalda, capaz de hacerse el cojo para quitarle el asiento a un anciano o colarse en una boda diciendo que se es amigo íntimo del hermano del novio. Esas personas que, culpables hasta la médula del derribo de un hotel que va a ocasionar la quiebra de un municipio entero, son capaces de coger un micrófono y no sólo eludir sus responsabilidades sino además echarle la culpa a todo el mundo menos a ellos sin sonrojarse ni nada. Esas damas que, no contentas con no parecer honradas ni por asomo, les importa un comino su apariencia y tratan de cubrir con sus miserias a unos convecinos atónitos sin pudor ni vergüenza algunos. Y encima a voces, como si estuvieran en una verdulería, para que se entere todo el mundo. Las admiro de verdad.

La vergüenza. Ese lastre que tantas veces impidió que uno osara entablar conversación con una chica bonita, esa pared que tanto costaba escalar incluso para pedirle veinte duros a un amigo. ¡Es que me da vergüenza! Quién no lo ha experimentado alguna vez. Pues, por ejemplo, la diputada estrella del socialismo patrio. La dulce, la amable, la cercana, la encantadora reina madre municipal durante aquellos eternos once años. Es el vivo ejemplo del rostro de cemento. Acusa a los indignos sucesores de su dictadura bananera hasta de "jartarse de grifa". ¿Será una experta? ¿Es una sustancia que ayuda a hacer PGOUS? ¿Lo sabe por experiencia o habla de oídas? ¿Les salieron tan mal a ellos por ir hasta las cejas? ¿Crece junto a la higuera o se cultiva en maceta de barro cocido? 

Dice que el actual alcalde está obsesionado con los socialistas y que cree que el Ayuntamiento está lleno de ellos. ¿Es que no lo está? ¿Los favores no se pagan? ¿Sabe qué significa clientelismo político? ¿Y empleos a la carta? ¿Le suenan las expresiones "concurso público" u "oposición"? ¿Le son más familiares las de "enchufismo descarado" o "trabajadores interinos"? ¿Quizás los "nombramientos a dedo"? ¿El "tira que libras"? ¿A lo mejor "hago lo que me sale del higo"? 

¿Se considera un ejemplo de algo o para alguien? ¿Sus once años de terror fueron acaso más suaves para los que no comulgaban con sus ideas, si es que tiene alguna? ¿Conoce lo que significa "revanchismo político"? ¿Cree que es amada por uno solo de sus convecinos? ¿Y respetada? ¿No le cuadra mejor el adjetivo "temida"? ¿Y "odiada"? ¿No es verdad que se le advirtió, incluso desde organismos controlados por su partido, de la ilegalidad de la licencia otorgada para ese hotel del que tan alegremente bromea, y usted puso su higo por delante y se pasó por ahí mismo los consejos y recomendaciones? ¿De verdad piensa que hay un solo vecino que se crea que la culpa es de otros? ¿Nos toma por imbéciles? ¿Está usted nominada para el Princesa de Asturias de simpatía y fotogenia? ¿Quizás para algún Nobel? ¿Quién se cree usted que es? ¿Una especie de iluminada tipo Maduro? ¿Por qué parece estar siempre cabreada? ¿O es que realmente lo está? ¿No practica lo suficiente eso que dicen que a uno le alegra la vida? ¿No ha dado con la persona adecuada? Y ya que se trata de una "profesional", ¿el tamaño importa?

En fin, pido perdón, que ya estoy divagando. ¿Lo ha pedido esta mujer una sola vez en su vida? ¿Sabe lo que se siente? ¿Es consciente de lo a gusto que se queda uno? ¡Ah! Lo olvidaba. La ignorancia es osada y jamás se disculpa. La propia incapacidad para comprender la transcendencia de sus actos condena a sus poseedores a carecer de la virtud de reconocer errores propios, sólo ajenos. Tienen tanto morro, tanta jeta, la cara tan dura que antes se dejarían arrancar las uñas que admitir con humildad un fallo, un solo fallo. Son perfectos. Por eso los admiro. Que lo sepan.           

lunes, 19 de septiembre de 2016

Hastío

Hastío es lo que me invade al ponerme delante del teclado después de casi tres meses de vacaciones en mi paraíso particular de Llanes. No sé si es por la intensidad con la que vivimos este verano los aromas y sabores que ofrece nuestra tierra y su contraste con el brusco salto a la rutina, por ese paso del estío al invierno sin solución de continuidad que, eliminando directamente al otoño, hemos tenido que sufrir la pasada semana, en la que abrigos y paraguas han pasado a formar parte del uniforme con el que salimos a soportar las continuas trombas de agua que nos caen de repente, tras habernos tenido más de un mes sin siquiera descargar una gota. 

Puede que haber disfrutado más que nunca de mi hija y con mi hija y ver cómo el colegio me la arrebata de golpe influya en mi apatía, pero también es posible que me falte la motivación necesaria para ponerme a ello -a escribir- al volver a prestar atención a lo que sucede y encontrarme, otra vez, metido hasta el cuello en el estercolero habitual que nos rodea en este pobre país en el que están convirtiendo España. Los seguidores habituales saben que aquí, básicamente, se escribe sobre tres temas: política nacional, política local llanisca y, por supuesto, sobre mi Aleti. Y no corren buenos tiempos para ninguno de los implicados en estos asuntos. Más bien estamos metidos en el famoso día de la marmota que, como en la espléndida "Atrapado en el tiempo", se sucede una y otra vez, machaconamente, hasta ocasionar a algunos ganas de salir corriendo y no volver por aquí.

En el ámbito nacional, qué les voy a decir, que continúa el circo abyecto en el que estos payasos infectos tratan de hacer malabarismos imposibles con el único fin de salvaguardar sus fastuosos emolumentos. Unos y otros. Todos. Sin excepción. Aunque algunos intentan ser además domadores de fieras, equilibristas sin red y flexibles acróbatas al tiempo que lucen sus narices de intenso rojo pasión y pugnan por mantener una docena de platos girando en el extremo del palito sin que se caigan. Y, claro, eso es imposible. Es como el amigo pesado ese que todos tenemos que, sentando siempre cátedra, sentencia sobre cualquier tema que se le proponga como si realmente supiera de qué está hablando despreciando vilmente nuestra opinión, si es que se ha dignado siquiera escucharla. Hace tres meses vaticiné que el infausto Snchz no se atrevería a intentar de nuevo atracar a la población con intentos desesperados de trincar el poder. Parece que como vidente no tengo futuro. Ahí sigue el tío, erre que erre jugando con nosotros, riéndose de las urnas, viviendo una realidad paralela que ni existe ni es posible. Y el presidente en funciones, el que pasó de 186 a 123 diputados por culpa, básicamente, de mirar para otro lado cuando la corrupción invadía su partido, nada más escuchar cómo rechazaban su investidura, manda a Soria, otro que tal baila, al Banco Mundial de retiro envidiable en pago por los servicios prestados. Y ahora le entran las prisas con Barberá, en lugar de haber prescindido de ella cuando correspondía. ¿Les extraña el hastío?

En clave local, y más cuando uno ha formado parte de ese mundillo durante unos cuantos años, dan ganas de echarse a llorar. Qué pena, lo que pudo haber sido, lo que pudo haberse hecho por Llanes si los enormes egos de algunos/as no hubieran asesinado aquellos excelentes proyectos. Se siente una lástima enorme al pensar lo que se perdió, un grupo de gente homogéneo, sólido y capaz, luchando como una sola persona por erradicar la dictadura trevinista con trabajo, ingenio y conocimientos, y comprobar en lo que se ha convertido, cada uno por su lado, con la única expectativa de seguir cobrando un jugoso sueldo y sin tener ni puta idea de por dónde se andan. Y todavía hay quien se sorprende de que no se hayan confeccionado los presupuestos ni vaya a haber PGOU o como lo quieran llamar en esta legislatura. ¿Quién los va a impulsar? ¿La concejala del ramo? Permitan que, como Mortadelo, me despepite, me monde, me parta, me escojone...

Y de mi Aleti, pues nada, que los apandadores usurpadores y chorizos prescritos ya lo han conseguido; que el que haya llegado hasta el hastío sea el salvador, el gurú, el artífice, el dios con minúscula de nuestra religión rojiblanca. Han hartado a Simeone con sus racanerías, con sus tejemanejes y sus mentiras. "Traedme a Costa, y si no a Cavani, y si no a Higuaín". Tres opciones les daba. Le traen a Gameiro. Pide un Picasso y le dan un cuadro de los chinos. Y, aún así, conseguirá otra vez que luchemos por todo. Han conseguido que la gente se olvide de ellos y aquello de "Cerezo, queremos tu pescuezo" pase a la historia, y en lugar de preservar la continuidad per secula seculorum del artífice, le muestran la puerta de salida. Sin palabras.

Es muy posible que en mi profundo hartazgo tenga también algo que ver la dulce lectura de un libro de Rosamunde Pilcher, "Los buscadores de conchas", que estuve releyendo estas últimas semanas. Tantos días oliendo la sal del agitado mar de Cornualles, de dejar caer entre los dedos la fina arena de sus playas, de pasear por la campiña inglesa entre moras y frambuesas y de degustar tartas de arándanos y pastel de ruibarbo mientras arden unos leños en la chimenea de la salita, acaban por hacer que uno pierda la noción de lo que es la vida real que le rodea, se relaje y se olvide de turbias maniobras y se centre únicamente en disfrutar de los sentidos. Y eso, no puede ser. Porque cuando vuelves a la Tierra es peor. Te das de bruces con toda esta gente trastornada y te entra el cansancio, el hastío, el hartazgo. No me extraña que cada vez más personas sufran la depresión esa postvacacional, o como quiera que la llamen, porque lo cierto es que agota regresar a esta realidad. Le deja a uno extenuado antes de empezar porque la pregunta recurrente que se hace mil veces es, precisamente, ¿y por dónde demonios empezamos?