viernes, 13 de enero de 2017

Mejor calladitos

Algunos de ustedes, lectores impenitentes que osan aguantar las cosas que me da por escribir, me reprochan la frecuencia de los artículos que publico. Les parece poco lo que surge de mi deteriorada cabeza y demandan más y más, no sé cuánto más, pero sí algo más de lo que tengo ganas de parir. Y me parece bien que me exijan. Al fin y al cabo, ya lo dice la canción, todos queremos más. Y algunos, mucho más. 

Pero no estamos hablando, por desgracia, de churros. Aquí no basta con darle a la manivela y sacar roscas y roscas del sabroso y grasiento manjar. Aquí hay que tener ideas primero, y luego ganas. Saber lo que uno quiere decir, tener las ganas de darle forma para que no parezca el producto de un delirio y, muy importante, encontrar el momento apropiado para plasmarlo. Y eso no es tan fácil. El don de la oportunidad, demostrado está cada día en la cosa pública, no bendice a todo el mundo. Ni mucho menos.

Me parece que cuando no se dan todos los condicionantes anteriormente expuestos, -un mensaje adecuado que transmitir, hacerlo correctamente y encontrar el día y hora adecuados- lo mejor es quedarse calladito, que está uno mucho más mono. Este es un consejo que cedo gratuitamente a los actuales componentes del grupo cómico antes conocido como Agrupación Socialista de Llanes. Cada vez que hablan, sube el pan y les caen tortas a cientos. Los herederos de un tortuoso, cruel y brutal régimen dictatorial que han sufrido los llaniscos, después de ¡28! añazos en el poder absoluto, manejando, tejiendo, caciplando, como gustaba decir aquella insigne dama que dirigió con mano de piedra los destinos del concejo, decidiendo quién vivía bien y quien penaba por el desierto, separando, desuniendo y propiciando, ayudando y perjudicando, enriqueciendo a unos pocos privilegiados y empobreciendo al pueblo llano, esos, los beneficiados, no pueden dar lecciones de nada. No están capacitados y, sobre todo, no están legitimados moralmente para hablar de ningún aspecto de los que antes ellos enlodaron, embrollaron y envenenaron para sacar el máximo rédito político.

Por ejemplo. Critican ahora el desarrollo de los convulsos acontecimientos en el seno de la policía local de Llanes, atreviéndose incluso a lanzar mensajes ofensivos sobre los agentes en activo en lo que respecta a su disposición a colaborar con la Guardia Civil. Parece mentira, denota un rostro de hormigón armado y ningún escrúpulo ponerse a juzgar el comportamiento y lo que ocurre en un Cuerpo que ellos, los mandarines durante casi tres décadas, degradaron hasta la náusea. ¿Hay que recordar lo que se hizo para contratar amiguetes que, quince años después, siguen sin legalizar su situación? ¿Quién contrató y colocó al inspector que está  permanentemente en el ojo del huracán? ¿Quién fomentó la división -como se ha hecho en todos los estamentos llaniscos, por otra parte, ya se sabe, divide y vencerás- entre los agentes? ¿Quién los maltrató, los vilipendió, dejándolos casi sin uniformes, con auténticas tartanas en las que acudir a un aviso era prácticamente jugarse la vida? ¿Quién cercenó las posibilidades de entrenarse, de mejorar, de promocionarse de los policías? ¿Cuántos se han visto afectados en su salud por decisiones puramente políticas? ¿Sigo? ¿Conocen la respuesta?

Se les ocurre hablar de colaboración con la Benemérita. Pero si jamás se han coordinado. Incluso con el Divino Maestro como Delegado del Gobierno siempre ha sido inexistente la colaboración entre Cuerpos. Cuántas veces habré llamado a ambos por las frecuentes perturbaciones que se sufren en el Cueto y se tiraban la patata caliente unos a otros. Así que no me joda, Herrero, en su caso, especialmente en el suyo, mejor calladito. En el tema de la policía y en todos, que de los polvos de 28 años vienen estos lodos. ¿O quiere que hablemos del Kaype y de higos? Y si hay un ejército de incompetentes en el poder actualmente, no olvide que una caterva de prepotentes y soberbios ayudaron -y mucho- a colocarlos donde están. ¿Lo ven? Hay veces que como mejor y más guapo está uno es calladito.        

martes, 13 de diciembre de 2016

Principio y final

En la vida todo, absolutamente todo, tiene un principio y un final. Todo empieza y todo acaba. Es así. Las mejores épocas se marchitan y oscurecen y los tiempos tenebrosos se aclaran y el cielo se despeja dando paso al sol. Los Gobiernos supervivientes como el de Churchill, o los obscenos como el de Hitler, empezaron y acabaron. Incluso el terror de los Castro cubanos concluirá algún día, aunque no parezca posible. Los matrimonios comienzan y terminan, aunque la mayoría de las veces los implicados no sepan -o no quieran- datar el final. Hasta el planeta nació de un big bang, y morirá con otro, nos guste o no. Nada es eterno. Nada permanece para siempre. Simeone, tampoco.

Acabamos de vivir, algunos con gran alegría y gozo cercano al éxtasis, la que posiblemente ha sido la mejor etapa en la historia del Club Atlético de Madrid. Hace exactamente cinco años tuvimos la enorme fortuna de que Diego Pablo, el "Cholo" para nosotros, llegara a Madrid para iniciar un periplo extraordinario, para cambiarlo todo de arriba a abajo, para conseguir que dejáramos de ser el hazmerreir de Madrid, España y Europa entera y pasásemos a ser temidos, respetados y admirados por todo el mundo. En 2011 el Aleti era un ente amorfo en descomposición. Hoy es un club sólido, con jugadores que valen auténticas millonadas, que juega la Champions y casi la gana -dos veces- y con unas estructuras robustas y profesionalizadas. Y todo, absolutamente todo, lo ha hecho el Cholo. La transformación experimentada por jugadores, técnicos, empleados e incluso los directivos delincuentes prescritos ha sido tal que, como diría Alfonso Guerra, al club no lo reconoce ni la madre que lo parió.

Durante este periodo de cinco años los hinchas, como gusta llamarnos nuestro guía, hemos disfrutado como nunca. Hemos ganado cinco copas; Liga, Copa del Rey, Europa League y las dos Supercopas pero, sobre todo, hemos disputado dos finales de la Champions League. Y las dos, sí, las dos, debimos ganarlas. La primera siendo inferiores al rival y la segunda mostrándonos superiores. Pero, como dice nuestro gurú, no se dio. Y si del primer estacazo salimos aún más fuertes, con más energía, más deseo, más ímpetu, el segundo golpe nos dejó noqueados. Y al primero, al Cholo. Dijo lo que dijo en sala de prensa y, aunque trató de arreglarlo, todos supimos que algo se había roto para siempre y que ya no había vuelta atrás. Como lo más difícil para la raza humana es poner el punto final, nos engañamos, se engañó el Cholo e hicimos como si nada hubiera pasado, seguimos con el discurso habitual, pero la cosa no era igual. El equipo es otro, la solidaridad defensiva, el bloque impenetrable, el muro infranqueable ya no se ve. Jugamos a otra cosa, de otra manera, sin tanta solidez, sin ese "todos para uno y uno para todos" que se había hecho más famoso en todo el mundo que el de Dumas. Y, en el banquillo, no existe la frenética actividad de antaño, la pasión con la grada bajó unos grados, las declaraciones son más secas, la actitud más displicente, las caras más agrias, el trato menos cercano.


Y no pasa nada. Han sido cinco años excepcionales, sin tacha, sin mácula, únicamente con la imperecedera frustración de no haberlo ganado todo cuando se pudo. Pero nosotros no somos como otros. Nosotros no medimos el éxito o el fracaso acumulando títulos que pronto olvidamos en una repisa. Nosotros valoramos una forma de hacer las cosas, una fidelidad a unos colores, un amor incondicional a un club que no gana siempre. Lo nuestro es más difícil, de hecho los otros no lo entienden, no pueden comprender que, tras haber perdido una final, nos quedemos media hora ovacionando a nuestros jugadores hasta que parezca que han logrado la victoria. No entienden que, si lo han dado todo, si lucharon hasta la extenuación, no hay nada que importe más que esa entrega a unos colores. Y así ha sido durante cinco maravillosos años.

Pero todo este increíble periplo toca a su fin. Las señales son inequívocas y el Cholo, si es fiel a lo que escribió en su libro "Creer", debe saberlo. No es un desdoro, no hay que avergonzarse, ni pedir disculpas, todo está bien. Pero concluyó. Esta etapa, espectacular e inolvidable, llegó a su término. Y como desde los despachos no van a mover un músculo -por la cuenta que les trae-, le toca al Cholo poner la rúbrica a su enorme obra. Y el momento es ahora. Antes de que alguien se confunda y la cosa empiece a ponerse desagradable, es necesario llegar hasta el final. Un final que será un punto y seguido, no se aflijan. Luis Aragonés, nuestra otra leyenda, nos entrenó nada menos que en cinco etapas diferentes. El Cholo tiene 46 años nada más, hay tiempo de sobra. Pero no ahora, no esta temporada, no en estas circunstancias. Qué bueno que viniste, Cholo. Hasta pronto.  
  

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Vicios adquiridos

Como sin duda sabrán, ustedes que viven bien informados y asaeteados por multitud de noticias -verdaderas o falsas, eso sí- que llegan a través de los infinitos medios de comunicación que hoy en día así pueden llamarse, se generó hace tiempo una virulenta polémica en nuestro país a cuenta de unas estúpidas declaraciones del director de cine Fernando Trueba, no tanto por su contenido estricto -que también- sino sobre todo por el lugar y el momento que eligió para escupirlas, justo cuando recibía el Premio Nacional de Cinematografía, dotado con unos sabrosos 30.000 euros que el elemento no tuvo reparo en recoger de manos de un ministro de España, de ese país al que tanto detesta y del que jamás se ha sentido -ni cinco minutos siquiera- ciudadano. Con dos cojones. Ese momento, inmortalizado por las cámaras y micrófonos, por mucho que desde la cuerda del protagonista intenten edulcorarlo, suavizarlo o tergiversarlo, lo mismo me da, es una oda a la gilipollez suprema de un resentido, de un estúpido y de un desagradecido que, gracias a ese país que denosta, gracias al dinero de sus ciudadanos percibido a través de ridículas subvenciones, ha podido realizar sus películas, algunas de ellas, dicho sea de paso, absolutamente vergonzosas.

Por que el caso es que a nosotros, a los de a pie, a los paganinis de esta historia, a los que quieren montar un negocio, una empresa o una franquicia, lo que sea que se les ocurra, a todos estos no se les subvenciona desde el Ministerio corespondiente. Si uno quiere abrir una charcutería, un despacho de loterías o una farmacia, no solamente no recibe ni un euro procedente del erario público, sino que además se ve obligado a sortear mil y una trabas burocráticas hasta conseguir echar a andar la empresa, eso si antes no se cansa y abandona el proyecto harto de papeleo y dificultades varias. Hay que tener mucho ánimo y muchas ganas para iniciar cualquier actividad por cuenta propia en España y luego para mantenerla en el tiempo. Y mientras uno intenta sostener su medio de vida, Hacienda, Sanidad o Trabajo -por nombrar tres Ministerios "comprometidos" con los españoles emprendedores- se encargarán de que el negocio camine siempre por el alambre, de que la espada de Damocles del cierre esté siempre bien presente sobre nuestras cabezas.

Sin embargo, un tipo cualquiera, con talento o sin él, decide que va a hacer una película y automáticamente recibe subvenciones y ayudas a porrillo. ¿Qué ven cuando arranca un film español en la gran pantalla? Infinidad de logotipos de Ministerios, Consejerías, Ayuntamientos, Televisiones Públicas, Televisiones Privadas a su vez subvencionadas o sostenidas por el Estado, marcas patrocinadoras de diferentes campos y la intemerata. Pasta a granel, dinero de todos empleado, la mayoría de las ocasiones, en lanzar bodrios infumables que acaban a las dos semanas olvidados por todo el mundo, incluso por quienes se beneficiaron de las "ayudas".

La úiltima obra del tipo este que odia a España pero que recibe su pasta con avaricia y alegría está fuertemente subvencionada. Además, cosa rara, el insigne y estrábico director le ha puesto en el título el nombre del país al que detesta, no se sabe si para hacer un poco la pelota o para reirse aún más de nosotros. "La Reina de España", que así se llama la historia, ha recaudado lo que se dice una miseria en sus primeros días de exhibición. No alcanza los 400.000 euros en su primer fin de semana, lo cual es una ridiculez, porque se estrenó en 376 salas y el promedio apenas llega a 1.000 euros por cine. Alarmado por el bochorno, el extraviado autor se ha lanzado por las emisoras a llorar y a decir que si hay un boicot, que el no dijo lo que dijo, que somos muy torticeros y que interpretamos mal sus palabras. Y no sólo él anda de romería por radios y televisiones, encima ha mandado a sus actores, a Resines, Sanz y cía. -a Penélope no, faltaría más, que es una celebrity medio americana y está casada con Bardem, ese progresista intachable- a perder el culo y ponerle a él como si fuera un mártir, alegando que paga sus impuestos en España y que por tanto su currículum es irreprochable y bla, bla, bla.

Miren, a mí me importa un rábano si la película es buena o mala. Hace años, exactamente desde que el manflorita ese manchego se pusiera a hablar de golpes de Estado y luego el gorila que lleva a su mujer a parir al hospital más caro de los Estados Unidos abriera su bocaza hasta extremos inhumanos para predicar justo lo contrario de lo que hace, desde entonces no gasto un céntimo en ver cine español. Si acaso cuando luego lo ponen en la tele a lo mejor, si no tengo nada que hacer, le presto un poco de atención. Y, si por error alguna vez asisto a una sala donde proyectan cine subvencionado, ya miro muy bien antes quién es el responsable del habitual desaguisado y selecciono. Si el apellido empieza por A y es palabra grave, ya les digo que seguro que no voy. Y si el tío ha insultado a mi país y a la inteligencia de sus súbditos, menos. Cuando empiecen a subvencionar al frutero de la esquina por traer excelentes plátanos canarios, o a la pescadería de al lado por ofrecer merluza fresca del Cantábrico, a lo mejor cambio de parecer. Y si al peluquero de enfrente le dan pasta por hacer bien sus cortes de pelo y a la tienda de ropa para niños la subvencionan por vender género fabricado en España incluso puede que hasta vuelva a interesarme por el cine español. Mientras tanto sus vicios, adquiridos hace ya tantos años que son verdaderas enfermedades crónicas, que se los pague Rita la cantaora, que servidor bastante tiene con lo suyo.                 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Réquiem por el sentido común

Se acaba de morir Rita Barberá. Imagino que todos saben de quién se trata, pero por si alguno no es de este mundo le recuerdo que fue alcaldesa de Valencia durante 24 años, militaba -en pasado- en el PP y fue, durante los últimos años, acosada, perseguida, machacada, humillada, imputada y estaba en trance de ser juzgada por un caso de corrupción masiva en el Ayuntamiento que dirigió. Es irrelevante lo que yo piense, lo sé, pero el hecho de que todos sus concejales estuviesen pringados y metidos hasta las cejas en el escándalo me hace estar casi seguro que ella sabía lo que se cocinaba por allí. Y si no lo sabía peor, pues un jefe debe conocer a sus subordinados, enterarse de su catadura moral y, en su caso, tomar las medidas oportunas. Por acción u omisión, esta mujer tenía toda la pinta de no ser trigo limpio. Eso es lo que yo pienso.

Pero que a mí me parezca que no era del todo honrada no quiere decir que no lo fuera. Para eso un juez se estaba esforzando en, a tenor de las pruebas obtenidas por la Policía, determinar si era o no culpable y en qué grado. Y, por ahora, aún no ha habido pronunciamiento ni sentencia sobre los hechos. Y como se supone que estamos en un Estado de derecho, ni yo ni nadie somos quiénes para juzgar lo que todavía no ha sido juzgado ni para decir si era o no culpable, a pesar de la pinta que tiene todo este entramado de chanchullos que sucedían por aquellos lares. Además y como también digo siempre, algo haría bien para ser reelegida, una y otra vez, hasta juntar 24 años al frente de su ciudad.

En cualquier caso, todo eso ya da lo mismo porque hoy le ha pegado un infarto fulminante y ya no verá el fin del proceso público al que estaba siendo sometida. Descanse en paz. Lo que no da lo mismo es que, como senadora que era, las Cámaras hayan ofrecido sus condolencias a la familia e intentado mostrar respeto y educación guardando un minuto de silencio en su memoria. Ese gesto es el habitual tras el fallecimiento de cualquier persona, no sólo en el ámbito político, sino en el deportivo o en el cultural, por poner dos ejemplos. Se trata sencillamente de dejar pasar 60 segundos en silencio para que cada cual pueda reflexionar acerca de lo que ha supuesto para él ese acontecimiento y, de paso, reconfortar a la familia con una mínima muestra de respeto.

Pues ni eso han sido capaces de mostrar las hienas de Podemos y demás mierdas adyacentes. Los que han defendido a los terroristas de ETA, aquellos que apoyan hasta la náusea a dictadores como Maduro o los ayatollahs, los que entienden las ambiciones separatistas, estos que se dejan llevar por lo que dicen que "la gente" quiere, estas fieras, estas alimañas sedientas de la sangre de políticos como Barberá, se han ausentado del hemiciclo en el momento en que se iba a guardar un escaso, pírrico y corto minutito de silencio por una persona fallecida. ¿Lo entienden? Por un muerto. Por alguien que ya no está. Por quien ya no puede defenderse, ni emocionarse, ni ofenderse. A eso se le llama caridad humana, respeto por los caídos, educación ciudadana, qué se yo. Todo de lo que carecen estas bestias sin alma, estas aves de rapiña cuyas garras pretenden caer sobre nosotros, las personas normales. Ya lo he escrito en otras ocasiones, Dios nos libre de estos que odian, cuyo único motor es el rencor, la rabia, la envidia y el deseo de mal para los que no son como ellos. Violentos, agitadores, guerracivilistas, especie carnívora que se alimenta de las ilusiones y esperanzas de personas decentes, que atacan por la espalda, que sólo saben imponerse si van en manada, cobardes lobos esteparios consumidores de todo lo bueno que tiene la raza humana. Miserables ratas a las que ni siquiera les queda un rasgo de humanidad, escoria en definitiva cuya única meta es el exterminio, sí, el exterminio de todos aquellos que no piensan igual.


Hoy era un día para mostrar que simplemente son humanos, que tienen sentimientos, que saben lo que significa el respeto y que incluso saben discernir lo que es hacer política y lo que es ser persona. Pero son incapaces. No han podido. Como fieras que son, han pesado más los instintos depredadores que la razón. El odio y la necesidad de venganza que el sentido común. Hoy es un día, otro más, en el que las personas de bien, que esas sí que son la mayoría, no tienen otro remedio que entonar un réquiem por la actual situación política, por quienes la encarnan y por sus actos animalescos. Un réquiem, doloroso y triste, por el sentido común. Descanse en paz.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El mundo se acaba (again)

Una vez más, los agoreros de diverso pelaje que cada día nos machacan desde la pequeña pantalla o desde el resto de medios de comunicación, esos que lo dominan todo y de cualquier cosa opinan como si supieran muchísimo, están pronosticando de nuevo el acabose, como lo hicieron cuando el Brexit o en las sucesivas elecciones en nuestro país. Dicen que se avecina un cataclismo en los Estados Unidos de América y poco menos que van a desaparecer de la faz de la Tierra por una curiosa e inexplicable circunstancia sucedida el pasado martes: que el magnate Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales. Ese va a ser, ésta vez sí, el detonante para que no sólo en su país, sino también en el resto del mundo, nos veamos abocados a las siete plagas de Egipto, al más terrible futuro que se pueda imaginar para nuestra especie, a la extinción de la humanidad al completo por causa de tan inesperada tragedia.


Ya les digo yo que no, que no se preocupen lo más mínimo. El tío éste que ha ganado las elecciones en los Estados Unidos es un bocazas, un tipo que se ha dedicado toda su vida a fanfarronear, a ir de perdonavidas, a jugar un papel de macho dominante no sólo con las mujeres sino también con todos sus rivales en los negocios y en la política, un elemento que es como el abusón del pueblo que tiene acojonados a todos pero que, si lo sacas de su entorno, se convierte en menos que inofensivo. Nadie en su sano juicio se cree que Trump acabe construyendo un muro en la frontera con México. ¿Es que alguien piensa que va a instaurar un régimen de autarquía absoluta en un país como el suyo? ¿Que va a meterse en más guerras que sus antecesores? Dicen que es contrario a las nuevas tecnologías y a las energías limpias y que durante su mandato los daños al planeta van a ser tremendos. ¿No lo son ya? ¿No es Estados Unidos uno de los países que más contamina, si no el que más? Vale, parece que las empresas que suministran aerogeneradores han caído algo en la Bolsa, así como las tecnológicas. Ya subirán. 

Imagino que, de puertas para afuera, de poco nos vamos a enterar sobre las decisiones que Trump vaya tomando en lo que a su país respecta. Nada nuevo bajo el sol. ¿O es que alguien sabe lo que Obama ha legislado a lo largo de ocho años en sanidad, educación o cultura? Me parece que muy pocos. Lo cierto es que, por muy detestables que sean sus comentarios racistas, xenófobos y machistas, en el tema económico algo debe saber quien ha sido capaz de mantener una fortuna considerable heredada del padre y llegar a ser nada menos que presidente de los Estados Unidos. Además, entre sus colaboradores sí hay gente con mucha formación política, como por ejemplo el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, del que por cierto pueden indagar qué opinión tienen sus conciudadanos y de su gestión en la ciudad de los rascacielos a lo largo de siete años.


A mí la verdad es que este hombre me recuerda un poco al infausto -para mi querido Atlético de Madrid- Jesús Gil. Más bruto que un arado, con aires caponescos, demagogo hasta las entrañas, sin escrúpulos para hurtar todo un club histórico a sus socios y encima salir impune. Pero pregunten en Marbella, a pesar de todos los desmanes cometidos, qué opinión tienen los votantes de su trabajo por la ciudad durante once años en los que acumuló victoria tras victoria en las urnas y, sobre todo, qué piensan de él una vez comprobado el talante de los que vinieron detrás. He de reconocer que como persona, lo despreciaba. Pero algo debía hacer bien cuando logró ciertos hitos en política y mucha popularidad entre sus vecinos. Y tanto Gil como Trump tienen una gigantesca ventaja sobre otros, y es que se sabe a ciencia cierta que, como ya son multimillonarios, no les mueve el afán por trincar, o al menos no es su única aspiración, que tiene más que ver con la satisfacción de las ansias de poder, que en el caso del americano van a quedar más que saciadas. Además, si les digo la verdad, tras escuchar a Pablo Iglesias insultarle directamente, me gustaría que lo hiciera de maravilla. Tener a esta gente en contra tiene que insuflarle a uno una energía incontenible. Es mejor que contar con ellos. Que le pregunten a Hillary. 


Pero aunque parezca que no, sí que me preocupan algunos aspectos de la victoria de este señor. Por ejemplo, me asusta su aspecto anaranjado. No es natural, no parece propio de un humano ni adecuado para dirigir ese país. Tampoco comprendo cómo se sustenta en un equilibrio imposible el frondoso tupé que luce orgulloso, ni comparto el color del tinte elegido. Entre lo rubio de los cabellos, el naranja del rostro y la corbata roja sobre panza lustrosa me tiene sin vivir en mí. Insisto, el miedo que me da es que en realidad se haya escapado del área 51 y tomado ese inquietante aspecto o que sea uno de esos criogenizados, como Walt Disney, que hayan descubierto la manera de revivirlos y ésta sea la pinta que tienen al despertar. No sé.   



Así que menudo añito que llevamos. Se acabó el mundo con el Brexit y ahora se vuelve a acabar con Trump. Menos mal que ya no vamos a tener -al menos en 2016- más elecciones en España. Eso sí que daría miedo. Por que si resulta que las gana Podemos, entonces sí que ya no estoy seguro de lo dicho. Entonces sí que puede ser que el mundo se acabe de verdad. Con esos todo es posible.           

martes, 8 de noviembre de 2016

Piratas modernos

No sé si me van a tomar a coña, pero en las recientes elecciones al Parlamento de Islandia, esa isla cercana al círculo polar ártico cuya selección futbolera causó sensación en la última Eurocopa, ha quedado en tercera posición y en condiciones de aliarse con otros para formar gobierno el Partido Pirata. Como lo leen. Una vez recuperado del impacto emocional recibido y como todo mortal que se precie, empecé a bucear en internet para enterarme de más cosas sobre esta peculiar formación. Resulta que no es un fenómeno local circunscrito a ese país nórdico, sino que se trata de una corriente que se extiende incluso hasta Alemania, que también tiene un partido con ese nombre y cuya supuesta ideología es afín a los hackers, es decir, a los piratas informáticos, que consideran que toda la información que existe en la red ha de ser pública y accesible sin limitaciones de ninguna clase. Por supuesto, son también fieles defensores de los "derechos civiles", de la "democracia directa", de la "participación ciudadana" y de la "transparencia". ¿Les suena? Únicamente les falta definirse como los adalides de "la otra política" y tirar con bala a "la casta" y ya sabrían de quiénes hablo.

Pero no. Resulta que en España hace años que ya existe un Partido Pirata. Su presidenta es Amparo Peiró y su secretario general es Manuel Barbero pero, aunque apoya todo lo anteriormente enumerado, parece que aquí se centra más en los temas digitales, en la defensa de las libertades en el mundo de Internet y en el fomento del libre acceso a toda la información existente en la red. Así les va. El que yo creía auténtico representante de esa corriente en España, el partido de Iglesias, en realidad no lo es. Pero sí es cierto que la estética de Pablo, discutible como mínimo, se ajusta bastante a lo que describió el gran Sabina en "La del pirata cojo", a saber: con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, el viejo truhán... Sí, ya sé que no usa pata de palo ni parche en el ojo, pero seguro que se lo imaginan sin mucho esfuerzo. ¿Me equivoco? Venga, un pequeño esfuerzo... Y desde luego que es un truhán con cara de malo. Sustituyan los adminículos que menciona el maestro de Úbeda por un apéndice capilar grasiento y una figura algo cargada de espaldas y ya tenemos a uno que da más miedo que Garfio y Jack Sparrow juntos. 


Una vez metido en el papel, el capitán Iglesias no es amigo de andarse con rodeos. Es "simpatizante" de los etarras, de los separatistas, de Maduro y de los ayatollahs, de toda la banda completa. Y no va solo. En su siniestro barco le acompañan como tripulantes distinguidos la sin par Rita Maestre "la tetas", el oscuro Ramón Espinar "el taimado especulador", el sórdido Bódalo "el salvaje" o Carolina Bescansa, "lactosa woman". Está como loco por subirse Snchz "el viruelas", pero todavía no está nada claro su fichaje. Y de contramaestre, Íñigo Errejón, "babyface", uno de los más peligrosos.



Como les digo, aunque son nuestros piratas de la política, los que dan más miedo y los más malos que surcan los mares de nuestro país, no son los auténticos. Llegan tarde. En Islandia ya son decisivos para formar gobierno los de verdad. Y si les enseño al líder del que podría pasar por el Podemos islandés, igual se caen de la silla. Mete más miedo que los piratas. Lidera una cosa llamada "Futuro Brillante" y es algo así como un rapero siniestro con pinta de vagabundo. Se parece a Forrest Gump cuando decide ponerse a correr tres años sin parar, así, sin más. ¿Recuerdan? Vean y comparen.

Qué mundo éste. Uno de los países más avanzados de Europa puede acabar dirigido por una alianza de piratas y raperos. Y en uno de los que más historia tiene, en el que más riqueza y diversidad cultural hay, el el que han dejado su profunda huella todas las culturas desde la romana hasta la árabe pasando por la judía, estamos preocupados por si la irrupción de unos miserables que sólo buscan la destrucción llega a concretarse como opción real para dirigir los destinos de España. Casi que prefiero los piratas de Islandia. Perdón por la tristeza.          

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El iluminado

"Persona que, sin atender a razonamientos, cree estar en posesión de la verdad absoluta". Esta es la definición que da el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española acerca de lo que es un iluminado. Alguien que no escucha a nadie por más consejos que intenten ofrecerle por la sencilla razón que se cree Dios. Infalible, inmaculado, inmarcesible, listísimo en definitiva.  Eso se lleva creyendo que es Pedro Snchz desde que lo eligieron secretario general del PSOE. En lugar de conducir un partido, poseído por el espíritu de algún salvapatrias de tercera, fascinado por orates como Calígula, Napoleón, Hitler o Stalin, se lanzó a una deriva pseudopopulista aderezada con un absurdo coqueteo con las cloacas separatistas que, ya lo han visto, ha llevado a esa formación a despeñarse por el abismo y, agarrada como está a una frágil rama que amenaza con partirse, aún ha de soportar los delirios del iluminado que, para mayor desgracia del socialismo respetable, ha decidido exhibir sus vergüenzas sin pudor por las televisiones adictas a los descamisados.   

Cuando el causante de todo esto, el ínfimo ZP, hizo mutis por el foro tras los azotes de Obama, todos pensamos que sería imposible superar el conjunto de memeces y disparates que el de la ceja había perpetrado en España y en el PSOE. Olvidamos el sabio refranero del que disfrutamos y, concretamente, no caímos en la cuenta que hay uno que dice que "otro vendrá que bueno me hará". Por desgracia para todos, no sólo para los que profesan la fe socialista sino para todos los españoles de bien, así ha ocurrido. Y no es que Snchz haya hecho bueno a ZP. Es que le ha hecho maravilloso, ha conseguido que hasta se le añore. Ha logrado, como la protagonista de la película de Bayona, lo imposible.

Y la verdad es que, observando la conducta del dirigente desnortado tras su renuncia al escaño en el Congreso, todo va quedando mucho más claro. Las razones de la imparable deriva hacia posiciones radicales, el coqueteo descarado con los independentistas, el odio visceral a quien defiende el orden constitucional, todas ellas aparecen mucho más claras después de escuchar a este individuo en su charla con Évole. No tuvo ningún reparo en mostrar su cercanía a las tácticas podemitas, rechazó llamar populismo a lo de Iglesias e incluso alabó el "impulso renovador" de los morados del que dijo que el PSOE carece. Más claro, se echó en brazos del coletudo sin pudor alguno. También afirmó que Cataluña y el País Vasco son naciones, así, a pelo, sin protección ni nada, con lo cual queda claro el porqué de sus acercamientos y entendimientos con las formaciones independentistas y que no eran mentiras de la prensa ni de gente interesada lo que se decía de su tendencia a pactar con todos ellos. Y para remate, para horror de todo militante socialista sensato y rechifla del resto de personas que así llamarse puedan, éste paria político, éste auténtico iluminado sin luces en la sesera anuncia su disposición a competir por volver a ser secretario general del partido. Casi nada al aparato, oigan.


Uno puede presumir, si alguien se toma la molestia de releer sus numerosos escritos sobre el personaje, de que le tenía calado casi desde el principio. Este tío se descubrió el día del debate cara a cara con Rajoy en diciembre cuando, fuera de sí, empezó a insultar gravemente al candidato popular como si fuera un rufián -con minúscula- cualquiera y adoptó una línea dura, rayana con la violencia, que ha mantenido e incluso incrementado a lo largo del presente año. Es más, me atrevo a hacer una predicción que probablemente tenga más éxito que las de la pobre Aramís Fuster: en realidad este tipo simpatiza con Podemos, eso está más claro que el agua y, como no será capaz de podemizar el PSOE como era su pretensión, en el  momento que se dé cuenta de que sus días como socialista camuflado han terminado, pasará a engrosar las filas de los de Pablo Iglesias. Quién sabe si esta bomba de relojería con patas será capaz de triturar también a los antisistema. Ya me gustaría, ya, pero a tanto ya no me atrevo. Eso lo dejo para la Fuster.