martes, 20 de febrero de 2018

Machos y gilipollas

Los que tengan hijos pequeños y, como ha sido mi caso, puedan asistir de cerca a su desarrollo y crecimiento diarios, se habrán tragado sin duda horas y horas de dibujos animados. Si además disponen de los actuales canales específicos, incluso los habrán "disfrutado" en sesiones continuas interminables en las que se iban enlazando clásicos de Disney con japoneses de ojos occidentales, salpimentados con auténticos disparates ininteligibles para mentes obtusas como la del que escribe y algunos incluso poco apropiados para niños de educación infantil e incluso para los de primaria. Pero, todo sea por la causa, uno se colocaba frente al televisor con la esperanza de ver una de sus series favoritas, o una peli que le apetecía muchísimo revisar y terminaba masticando varios episodios del inclasificable Gumball y a veces odiando al tarado de Musculitos, de Historias Corrientes.

A cual más tarado. Naturalmente, varones

El caso es que, sin darme cuenta, poco a poco y en un proceso lento, sin prisa pero sin pausa, fue madurando en mi averiada mente una idea, una visión de las cosas, un sentimiento inseparable del visionado junto a mi hija de las diversas series de dibujos animados que me hacía sentirme incómodo. No sabía lo que me pasaba, pero era sentarme a aguantar lo que estuviera viendo la niña y al poco invadirme el desasosiego, la angustia, empezaba a sentir picores y quemazón en la piel, sensación de asfixia, molestias musculares, hasta pequeñas venas varicosas invadían mis piernas. Imaginen lo que es no encontrarse bien y no saber el motivo y además notar cómo la cosa va in crescendo mientras se asiste impertérrito a las disparatadas aventuras de algún monigote. Hasta que caí en la cuenta. Una tarde, no hace muchos meses, mientras mi hija veía al retrasado mental profundo de Bob Esponja, supe qué me ocurría. Me sentía un gilipollas porque todos, absolutamente todos los personajes masculinos de las series de dibujos animados son unos tarados, acomplejados, retrasados mentales, botarates estúpidos, macarras descerebrados o repugnantes bichos vomitivos. No hay serie que no humille a algún especímen, humano o no, que pertenezca al sexo masculino. Y, por supuesto, no existe un solo personaje femenino que sufra las habituales brutalidades y salvajadas que los guionistas de turno urden para los de mi género. Todas son geniales, chupi piruli, listas, inteligentes y además se descojonan a conciencia del macho gilipollas. ¿Que no? Repasemos.

Básicamente, torpe
Al principio era Pocoyó. Básicamente un torpe incorregible que ni bailar sabía. A duras penas se hacía entender y sus balbuceos y caídas provocaban la hilaridad de mi niña. Por supuesto, la heroína era Ely, una elefanta rosa más lista que el hambre que además se enfadaba muchísimo con Pocoyó y con Pato por sus carencias emocionales. Luego llegó Nobita Nobi. Qué decir de este auténtico vago de siete suelas que diría mi padre, indolente e insolente, débil física y mentalmente al que apalean a diario dos macarras llamados Gigante y Suneo que tampoco se distinguen por sus virtudes morales. Uno es un abusón empedernido y el otro un chuloputas ostentoso encantado de haberse conocido. ¿Quién es moralmente irreprochable, un encanto absoluto, sin un defecto que llevarse a la boca? En efecto, el único personaje femenino habitual, una tal Sizuka. Ni siquiera el robot Doraemon se salva, a pesar de ser una máquina. Como es macho, se deja arrastrar por Nobita y los demás y acaba por parecer uno de ellos. 

Todos hacen lo mismo, pero no es igual...

Un deficiente mental
Qué decir del mítico Gumball o de su padre Richard, un auténtico cerdo, para entendernos, que sólo piensa en zampar, no está capacitado para trabajar y su principal ocupación es hacer el bobo y dejar en ridículo a su familia delante de todo el mundo. Como habrán adivinado, son la madre y la hermana de Gumball las únicas que ponen algo de cordura en ese disparatado mundo masculino. En Historias Corrientes lo cierto es que todos los personajes están completamente tarados, son unos marranos, unos macarras, indisciplinados y marrulleros y todos, qué cosa más curiosa, todos son del género masculino. Rigby, Mordecai, Musculitos o Pops, hacen el ridículo más espantoso episodio tras episodio sin que ninguna fémina sea maltratada por los guionistas, líbrenos Dios. Y en Hora de Aventuras, aparte de estar todos absolutamente perturbados, fíjense en el ejemplo del ínclito Finn, especie de caballero andante del que lo mejor que puede decirse es precisamente eso. Jake es un perro macho y como tal otro pedazo de macarra que acompaña al humano en sus desvaríos, una especie de Sancho Panza con colmillos que pone de todo menos cordura. Y el Rey Hielo un auténtico hijodelagran que sólo disfruta haciendo el mal. Y, aunque loca como una cabra, la Dulcinea de la serie es además una princesa, Chicle creo recordar, que no hace más que rechazar al repugnante Quijote (tal y como lo pintan, no es de extrañar).

Dos tarugos, sin más

La lista vive donde debe llevar escafandra. Qué cosas
Y últimamente nos hemos aficionado a Bob Esponja. Un gilipollas integral. Y con él va Patricio, con menos luces que el coche de los Picapiedra, tragón, egoísta y siempre idiotizado. El señor Cangrejo es un avaro de libro y Calamardo un solterón empedernido, músico frustrado, antipático y cascarrabias, insoportable como compañía para ninguna fémina que se precie. ¿Y la lista? Pues el único personaje femenino, la experta en física nuclear y cincuenta cosas más, la ardilla Arenita. (Habría que preguntarse qué cojones hace viviendo en el fondo del mar si no puede respirar, pero sería arriesgado en estos tiempos que corren).

Encuentren a los idiotas. Hay dos
En fin, si quieren sigo. Recuerden que nos queda hablar de Los Simpson. De Homer y Bart, de Moe y Flanders, del señor Burns y su lacayo. Y claro, de Marge y Lisa. Hasta Maggie, un bebé de un año -pero chica-, supera en inteligencia a los personajes masculinos. Ejemplos podemos seguir poniendo hasta el agotamiento. Hombre ser gilipollas. Mujer ser maravillosa. Y en esas estamos. Cualquier día nos harán decir a coro "pachi, pachi, ankagua" y nos despeñarán por las montañas o harán que nos devoren los cocodrilos o los leones. Y mientras, en la inmensa sala sólo se escucharán muchas, muchas risas, sobre todo cuando salga la mona Chita. Que, por si no lo saben y como no podía ser de otra manera, era en realidad un macho. Ahora lo entiendo todo.
 
Maureen O' Sullivan es la única chica de esta estampa bucólica
       

lunes, 15 de enero de 2018

¿Hasta dónde, amigas, hasta dónde?

La nueva Carmen se defiende. Bizet no puede hacerlo
Lo han vuelto a hacer. Las hordas ultrafeministas y antihombres, cuyo objetivo final es acabar con la especie humana sin enterarse siquiera (si eliminan al macho de la ecuación, mal vamos), han atravesado otra frontera que parecía inviolable, si es que se puede todavía utilizar esta palabra, claro. Supongo que estarán al tanto por los periódicos del crimen perpetrado en Florencia contra la maravillosa ópera Carmen, música de Georges Bizet sobre una historia de Prosper Mérimée, espléndida muestra de talento decimonónico arrasada, destrozada y vilipendiada por un zopenco supino, un cenutrio asilvestrado, por un retrasado mental italiano que, sin encomendarse a Dios ni al diablo, ha decidido él solito cambiar el final de la tragedia porque era "machista" y perpetrar uno alternativo en el que es Carmen quien le pega un tiro al policía don José y no quien recibe la artera cuchillada. Así, como suena. No me he puesto a investigar cómo ha hilado el sesudo artista el nuevo desenlace, ni pienso hacerlo. Qué sé yo, si Carmen moría por causa de los celos, igual José pierde la vida porque se inyectaba caballo o porque la cigarrera se convierte en boxeadora profesional y lo tira por el balcón del mandoble que le atiza, todo es posible en este mundo sin cabeza.

 Con unos pequeños cambios, Diana y sus ninfas a hostias con los sátiros
Pero la cosa no queda ahí, para desgracia de la humanidad. El Comité de Garantías Feministas de Estrasburgo está revisando, una por una, todas las obras de arte susceptibles de contener trazas, por pequeñas que sean, de mensajes no ya machistas, sino meramente neutrales para, a la mayor brevedad posible, ir cambiando o "adaptando" las mismas al curso actual de los acontecimientos. Se habla de, para ir abriendo boca -es un decir-, añadir importantes penes a todas las señoras que Rubens pintó desnudas, insinuar que Ana Karenina no se tira al tren sino que lo hace descarrilar porque en su interior va el causante de su desgracia e incluso de que en la canción de David Bowie "Space oddity" el jefe de misión ya no sea el mayor Tom sino la comandanta Kate, valerosa astronauta lesbiana pionera en exhibir la bandera con los colores del arcoiris que pretende plantar en la Luna como colofón a su arriesgado viaje. 
  

Y no crean que España va a quedar al margen de todo lo que se avecina. Para empezar, ya se ha dado orden a Loquillo, lo que queda de Siniestro Total y a Coque Malla para que vayan cambiando las letras de sus canciones "La mataré", "Más vale ser punkie que maricón de playa" y "Sí, sí" (ya saben, la de "tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte hasta que digas sí...") con carácter de urgencia. Eso sí, a Eva Amaral no se le dice nada, faltaría más, a pesar de que en "Como hablar" canta textualmente "a veces te mataría y otras en cambio te quiero comer", ya que aunque es una clara apología tanto del asesinato pasional como de la antropofagia descarnada, se entiende que se refiere a un hombre, estando exenta por lo tanto de lapidación pública y torturas al amanecer, como sí merecen los bardos anteriores. Del reggaeton nada dicen, a fin y al cabo no es un producto nacional, no sé si me entienden. Se prohibe también con carácter inmediato cualquier obra de teatro tipo revista en la que las señoras enseñen prieto muslamen y en las primeras filas de espectadores de los programas televisivos se sentarán bellos efebos en tanga acompañados de amas dominantes que podrán fustigar, si así lo desean, sus bien formados cuerpos.

A partir del 1 de julio, playa exclusiva para mujeres. Y al  mirón, multazo
Pero el furor anti macho man español también ha llegado hasta nuestra tranquila tierra llanisca. A partir de la próxima temporada veraniega, está ya confirmado que habrá playas exclusivas para mujeres. Se cree que ya está bien de mirones y que las turgentes curvas e incluso los descuidados efectos de la celulitis deben estar a resguardo de los maliciosos ojos varones. El Sablón, Toró, Poo, Borizo y Toranda serán playas a las que solamente puedan acudir féminas. En la capital llanisca pues, los hombres y niños mayores de 12 años deberán hacinarse en Puertu Chicu u optar por ir al monte, que también es muy sano. La profesora de origen bielorruso Olga Zanaylova asegura que también se verán afectadas las populares procesiones tan abundantes en el concejo durante el estío. Como primer paso hacia la igualdad, propone que este próximo periodo festivo las mozas lleven el palo de porruanu, con el que irán marcando el ritmo dando vigorosos golpes contra el suelo mientras que los mozos serán los encargados de tocar la pandereta y estarán obligados a saberse todos los cantares de forma íntegra. En caso contrario, podrán ser expulsados del cortejo si así lo deciden las comisarias nombradas a tal efecto por el Comité de Garantías Feministas europeo.
Principal actividad del nuevo varón que viene
A partir del año próximo las medidas igualatorias se irán ampliando y, como dice la delegada para España de dicho organismo,  Esther Colero, "el objetivo es que en pocos años las mujeres realicen todas las acciones que se suponían reservadas para los miembros del sexo masculino, convirtiendo en residual e irrelevante el papel que estos desempeñen en nuestra cada vez más plural e igualitaria sociedad moderna". Con dos cojones. Uy, perdón, quiero decir ovarios, naturalmente. 

martes, 9 de enero de 2018

Propósitos

No parece que el muchacho sude en demasía...
Por estas fechas es habitual contemplar cómo la gente de la calle, contagiada por la reciente e inexplicable euforia de haber celebrado ser un año más viejo, se dedica con profusión a lanzar promesas de cambio, propósitos de enmienda y nuevas aspiraciones a cada cual más ridícula y con menos probabilidades de ser conseguida. Desconozco cuál es el motivo, qué impulsa a estas almas cándidas a comprometerse en público a llevar a cabo tareas poco menos que imposibles de cumplir pero se pasan estos días asegurándome que se van a apuntar a un gimnasio - sí, a los 50, a buenas horas-, que van a dejar de fumar -hasta que no se lleven un buen susto, nada de nada- o que este año tienen, sí que sí, que plantar un árbol, escribir un libro o, en su caso, tener un hijo y no sé cuántas pirulas mentales más. Yo, como ya hago deporte regularmente sin machacarme como un memo en una cinta sin fin, hace 16 años que dejé el vicio poco menos que amenazado por un médico diabólico, he plantado varios árboles al disponer hace tiempo de jardín, no he escrito un libro pero sí textos que darían para más de uno y ya he probado la infinita dulzura de ser padre, llevado por esta ola imparable he decidido hacer públicos mis propósitos. Con un par.     

Parece distraído pero es un lince. Según se mire
En primer lugar, hacerme delincuente. Sí, como suena. No sé si entrar de nuevo en política pero esta vez para dedicarme a trincar, desfalcar y prevaricar, si declarar unilateralmente la independencia del Cuetu -no crean que es tan difícil, no vean cómo se usa el corta y pega en estos ambientes, se sorprenderían, o tal vez no- o darle dos hostias a alguno que lleve una bandera republicana. Es que me he dado cuenta que es de bobos cumplir las leyes. A todos los niveles, además. Aquí te llevas la pasta y con un par de añitos en una cárcel que parece el Hilton has cumplido. Por supuesto, sin devolver un céntimo de lo sisado, faltaría más. O declaras la independencia de lo que te salga de ahí mismo y luego te descojonas desde Bélgica mientras un coro de amiguetes piden a voces la libertad de los pocos cómplices que están en chirona. No sólo no has delinquido gravemente sino que encima eres un mártir, un preso político. Como Marcelino Camacho o Nicolás Redondo durante el franquismo. Y eso sin que nadie se sonroje lo más mínimo. Y si hablamos de violencia y de odio por razón de ideología, ya sabemos que puedes dejar en silla de ruedas a un policía o asesinar vilmente a un tipo porque lleva cierta vestimenta que algunos descerebrados saldrán a la calle a llamarte luchador antifascista o defensor de la libertad. Por otra parte, también estoy pensando en salir de parranda nocturna y vomitarle la puerta al alcalde, u orinar y hasta defecar si me apetece en mitad de la calle. Total, no me va a pasar nada, los muchachos tenemos que divertirnos, como me dijo una vez cierta concejala de infausto recuerdo. En fin, que mi primer propósito es delinquir, sólo tengo que decidirme por alguna de las múltiples opciones que me ofrece esta estupenda sociedad en la que vivo.

Bárcenas nos indica el camino


Muy apropiadas para el día de Reyes

Lo segundo que me gustaría es ser gay, lesbiano, bisexual o una cosa de esas. Yo transexual no, porque si implica que me la corten como que no me apetece. Y que me borren el cerito tampoco me seduce mucho a priori. Pero si quieren me disfrazo de drag queen y salgo por ahí medio en pelotas, aunque haya niños pequeños, eso da igual, y hasta puedo ir a las procesiones de Semana Santa vestido de lagarterana. Mis derechos serán respetadísimos, mucho más que siendo un vulgar heterosexual carca y trasnochado y, de paso, puedo ofender a los cristianos en favor del hermano musulmán, que se lleva mucho y lo jalea que no veas la tropa de Iglesias. Y todo gratis total, sin consecuencias para mi libertad personal. Incluso puede que haga alguna amistad con perforados y tatuados múltiples. Sería la leche.

Y fácilmente transportables. Se les ata una cuerda al arete y ¡listo!
Me propongo también participar en un reality. Como soy muy mal hablado y me encanta discutir, ya tengo algo ganado. He de practicar lo de parecer una acémila, cambiarme el peinado hasta provocar la carcajada en el espectador y llevar los pantalones como si me hubiera cagado encima. No debo caer en el error de reconocer que sé quién fue Borges o que cuando era pequeño veía "La Clave" y "Todo está en los libros", porque si no me expulsarán a la primera. Pero poniendo cara de burro y haciéndole la pelota a algún saltimbanqui de Tele 5 puede que haga carrera. Y si no, al menos me haré famoso, que es lo más de lo más.

Modelo de ecuanimidad, ejemplo de periodismo independiente
Como me muevo en ambientes periodísticos deportivos, voy a intentar que me enchufen en El Chiringuito o algún programa similar. Yo por desgracia tengo un tono de voz elevado y soy capaz de gritar más que Pepe Pótamo, así que por ese lado no tendré problema. En cuanto a certificar que no tengo ni la menor idea de fútbol pero que soy un gran tertuliano todavía estoy pensando cómo lo voy a hacer, pero creo que si un tipo como Roncero ha llegado a consejero espiritual de un club del tamaño del de Concha Espina, yo puedo al menos erigirme en estandarte del Muchamiel, simpático club alicantino cuyo nombre me encanta. Es que soy muy goloso. 

Por último, tengo un quinto propósito. Este es menos profundo, más superficial y un poco más etéreo, podríamos decir. Me gustaría, en lugar de ponerme a hacer chorradas que al final se quedan a medio cumplir, conseguir que al finalizar 2018 mi mujer y mi hija pudieran decir que han pasado otro buen año en mi compañía. Y ya de paso, que el resto de mi familia y mis amigos más cercanos, los de verdad, constataran que puse mi granito de arena para que las cosas les salieran un pelín mejor. Es una memez, lo sé, pero qué quieren, uno no siempre esgrime una cara esculpida en granito. A veces, sólo a veces y durante pequeños lapsos de tiempo, gusta ser el protagonista de la sonrisa ajena. Es lo que más le llena a uno. Será ese payaso que todos llevamos dentro. -Algunos más que otros, si me lo permiten-. 

P.D. Teléfono de aludidos en el 1004 y luego preguntan por la señorita a la que no se le entiende nada. Ella les atenderá, si es que la soportan. (Me atrevo a sugerirlo como propósito de máxima dificultad).                 

jueves, 28 de diciembre de 2017

Día de Culpables

Hace un siglo que no escribo una línea. Y seguro que los seguidores de este blog saben la razón, que no es otra que el profundo hartazgo que la situación política y social de nuestro país y del mundo en general causa en quien debería teclear palabras con cierto sentido. Culpable el mensajero.

El monotema no termina, hemos entrado en bucle porque un pueblo abotargado así lo ha querido. Luego que no vengan llorando a papá Estado cuando la merma en su riqueza sea por fin visible. Menos empresas, menos trabajo. Es de cajón, pero han preferido seguir mirando a otro lado. Ese 47,5%, es el culpable. 

La indecencia del sistema aumenta en progresión geométrica. El terrorismo ya no es etarra. Es mediático. Es social, la mierda de facebook o twitter o como se llamen el resto de medios de profanación del sentido común y de la ética personal, difuminada tristemente al abrigo de una masa descerebrada, inculta y profundamente desmemoriada. Un criminal reincidente, sanguinario, cobarde y orgulloso de sus actos asesinó a un ciudadano en Zaragoza porque llevaba unos tirantes con los colores de la bandera de España. Lo hizo por la espalda, con ensañamiento y sin dudar un instante. Internet escupió mierda a porrillo y demonizó al muerto. El criminal, una rata infecta que seguramente muchos de ustedes quisieran como yerno ¿verdad?, es poco menos que un héroe antifascista. Un cobarde elevado a los altares ante el silencio de la que debería ser una Prensa independiente y garante de nuestros derechos. Culpable el asesino, culpables los que se amparan en el anonimato y culpables los vergonzantes trabajadores de lo que antes eran medios de comunicación y hoy son medios de adoctrinamiento acelerado.

La Navidad es una conmemoración de un hecho supuestamente histórico que es uno de los pilares del cristianismo. Hay más de mil millones de personas en el mundo que profesan esa fe. En España la gran mayoría de la población se sigue considerando cristiana, con mayores o menores niveles de participación. Los musulmanes son minoría. Pero, como ocurre en Cataluña, una minoría dominante se merece más respeto que lo que se ha dado en llamar minoría silenciada. No. Es silenciosa voluntariamente, porque no tiene suficiente valor para recibir una hostia. Los cristianos de aquí son culpables de no defender la fe que se supone profesan ante las humillaciones constantes de analfabetos agilipollados militantes en la vergonzantemente abducida Izquierda Hundida. O en Podemos, que es lo mismo. 

El Gobierno. A uno le entran ganas, como a Tip y Coll, de amenazar con hablar de él. De esa cosa que está ahí, que está formada por personas que piensan, que tienen una ideología, que las hemos puesto ahí para que manden, para que legislen, para que dirijan, pero todo es un suponer, porque no hacen nada de eso. Si piensan no lo parece, sus convicciones son pompas de jabón a merced de los elementos y, aunque disponen de un enorme poder, no da la sensación de que manden un carajo ni que dirijan al país a no ser que el caos sea su objetivo final. Parecen más influidos por las encuestas siempre erróneas, por los medios más influyentes que ellos mismos han encumbrado, por ciertas corrientes mal llamadas "moderadas" que tratan de que nada cambie, de que no se gobierne, de conservar el status per secula seculorum. Hablando de Cataluña, sólo tenían que hacer dos cosas: intervenir TV3 y tomar el control de la Educación. Ni una, ni otra. Es mejor dejar que las cosas sucedan, que caigan por su propio peso sin apenas intervenir. Pero eso no es gobernar. Gobierno culpable por vago, por melifluo, por tibio. Unos nuevos y voluntariosos Ciudadanos se lo acaban de demostrar. ¿Aprenderán? Sospecho que no.

Ya no quedan apenas inocentes. Incluso la vomitiva prensa de hoy no encuentra una noticia apropiada para lucir como "inocentada" porque hasta el disparate más increíble se ha convertido en posible. A eso hemos llegado. Los "fakes" -¿se dice así, nuevos expertos?- están a la orden del día. No se distingue lo real de lo ficticio y, lo que es peor, la verdad de la mentira. Se habla, para intentar justificar toda esta basura informativa, de "realidad virtual", de "posverdad", término que la Real Academia acaba de aceptar. Fíjense, la define como "distorsión deliberada de la realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales". En mi pueblo, a eso se le llamaba mentira. Académicos culpables también, por admitir tanta cochambre y empobrecer constantemente el idioma. Inocente era el libre de culpa o, en el caso que se conmemora hoy, -aunque les joda a las izquierdas modernas, también reminiscencia del cristianismo, esa lacra- los que no han llegado a la edad de discreción, de ser capaces de distinguir el bien del mal. De los otros, de los que se supone tenemos capacidad de discernimiento, ninguno estamos libres de culpa en esta vorágine. Celebremos, pues, el día de los Culpables con alegría y regocijo inusitados antes de que nos entren remordimientos. Si es que a alguno le queda esa virtud. Feliz Año Siguiente a todos.   

      

viernes, 27 de octubre de 2017

El despertar de la conciencia

Existe una teoría según la cual los seres humanos sólo experimentamos el mundo de los sueños porque, en realidad, lo que creemos que es estar despiertos en verdad no lo es. Vivimos estados de sueño y vigilia, pero lo cierto es que existen dos niveles superiores de conciencia, que son la autoconciencia y la propia conciencia que no llegamos a conocer. Si llegásemos, adquiriríamos presencia en otras dimensiones, como por ejemplo en el mundo astral. Toda esta creencia está, lógicamente, muy ligada al mundo del esoterismo y del misterio de la mente humana, pero visto lo visto estos últimos días en nuestro país y después de intentar comprender lo sucedido, no le encuentro otra explicación que una digna del programa de Iker Jiménez. Esto tiene que ser producto de un sueño, hay otra dimensión donde las cosas siguen siendo normales y la realidad paralela que estamos viviendo se desvanecerá en cuanto tomemos conciencia de que lo cierto es que no existe.

Puigdemont guía a su rebaño
Parece de locos, lo sé. Pero atontado por la conmoción y el estupor, abotargado por tanta mentira y tantos cuentos chinos, alelado ante el caminar de un numeroso grupo de congéneres hacia el abismo de manera voluntaria, no hago más que buscar explicaciones, trato de encontrar las causas de este dislate, procuro descubrir al tenebroso flautista de Hamelin que ha seducido con su música a millares de personas, -algunas supuestamente inteligentes incluso- y las ha despeñado por un profundo precipicio del que ya no regresarán. Por eso no sé si son ellos los que viven un sueño o soy yo quien sufro una violenta pesadilla, pero lo que sí sé es que aquí alguien viaja dormido en el medio de transporte equivocado hacia una meta imposible y directo hacia un despertar terrible y, si mi conciencia sigue ahí, creo que no soy yo.

Bellas garantes de la libertad (de no lavarse)
Hoy se ha culminado un periplo anunciado por orates hace varios años. Muchos se reían. Algunos se hacían cruces. Otros temblaban ante las consecuencias. Los menos lo creyeron. Paso a paso, desde los delirios primeros de Artur Mas hasta deshacer Convergencia y Unió, pasando por dos intentos de poner urnas ilegales en el escenario y culminando con una declaración de independencia que sólo estaba en el ideario y en el programa político de los anarquistas de la CUP, el sueño o la pesadilla anunciados por los que creen que Cataluña es suya, se han ido cumpliendo. Uno a uno, todos los puntos de la famosa hoja de ruta han ido llevándose a cabo hasta culminar en el bochorno, uno más, sufrido hoy en España por todos los que nos consideramos personas de bien, respetuosas con la ley y escrupulosas con su cumplimiento.     

Aplaudiendo su suicidio. Lo nunca visto
Lo increíble, lo inaudito es que, nada más conocer el resultado del vodevil montado en lo que antes fue conocido como Parlament, convertido hoy en un prostíbulo romano con la democracia pasando de mano en mano, o de miembro en miembro, violada, pisoteada y mancillada, después de asistir a las ignominias políticas más execrables que se han visto en nuestro país desde el franquismo, la gente que aguardaba en la calle se ha puesto a saltar de alegría, a vitorear e incluso a llorar como si realmente hubiesen alcanzado algo, como si la realidad de hoy fuera diferente a la de ayer, como si Cataluña fuera ya una república independiente. Pero aún más sorprendente es que esos mismos sentimientos de emoción, creyéndose los padres fundadores de algo, los mostraban sin sonrojo toda esta vergonzante caterva de políticos delincuentes que, si existe la Justicia en nuestro país, en breve pasarán a hacerles compañía a los dos famosos presos de Soto del Real.

Llorando de alegría. Mañana será de rabia

Acogedora suite reservada para golpistas
Tras contemplar los alaridos de satisfacción, los bailes, los cánticos regionales, las banderas de la ONU?????, las lágrimas, los abrazos y los pucheros, es cuando he llegado a la conclusión de que esto no puede estar pasando en realidad. No en mi realidad. No en un mundo consciente. Todo esto tiene que estar siendo un sueño del que algunos estamos tomando conciencia. El problema lo van a tener los que van con el reloj -o el cerebro- retrasado y todavía siguen en esa realidad virtual que han montado. Pasadlo bien esta noche, bebed a troche y moche, desfasad a tope. Porque el despertar va a ser duro, muy duro. Tanto como, probablemente, lo es un jergón de una de esas celdas que serán ocupadas durante muchos años por los cabecillas de este juego. Cuando lo prueben, veremos de qué color se vuelven sus sueños.    

miércoles, 11 de octubre de 2017

El membrete

Les confieso que esta vez he tenido muchas dudas a la hora de ponerle un título al artículo que comienza. Los acontecimientos, bochornosos y surrealistas, ocurridos ayer en Barcelona delante de toda la prensa mundial dan para escribir varios libros que, sin duda, se irán desgranando a lo largo del tiempo según éste vaya transcurriendo y las cosas vayan cayendo por su propio peso. Pero el vodevil, la inmensa variedad y tonelaje de las barrabasadas pergeñadas por el separatismo catalán entre los muros de su Parlament pueden invitar a poner el foco en numerosos detalles y, por tanto, a afrontar la tarea desde varios puntos de vista. He estado a punto de titular "Duelo de cobardes", pues a la marcha atrás de Puigdemont, al sí pero es que verás, al no sé si voy o vengo al más puro estilo gallego de ayer, ha sucedido el haga usté el favor de aclararse, dígamelo en román paladino o mejor, espétemelo en la cara si no le importa del inquilino de la Moncloa de hoy por la mañana. Permanezco vivamente expectante ante la intervención del presidente esta tarde en el Congreso, por si añade alguna pista acerca de qué coño es lo que no ha entendido, qué es lo que no le ha quedado claro de las palabras "declaración de independencia de la República Catalana" que figuran en el texto -sin membrete- pergeñado aprisa y corriendo anoche por los golpistas.

Porque esa es la razón del título escogido al final. Y es que resulta que el manifiesto de los 72 sediciosos, un texto infame, profundamente mentiroso y absolutamente claro acerca de las intenciones desgarradoras del territorio del Estado que tienen sus señorías catalanas, ese bodrio escrito para salvar la cara del independentismo ante la amenaza de los anarquistas de la CUP, no lleva membrete y claro, no vale. Es papel mojado, no hay que tenerlo en cuenta como declaración efectiva, es más bien virtual, retardada, diferida, a plazos, qué se yo los calificativos que ha recibido por los tertulianos melifluos y comprensivos con los rebeldes porque el papel no lleva membrete. No es oficial. Y digo yo, ingenuo espectador, oiga, pero al Estado y al Gobierno ¿qué cojones le importa dónde se haya escrito, si las intenciones golpistas se leen y se entienden perfectamente, si han quedado claras de manera diáfana? Si ni siquiera están camufladas entre líneas, si más explícitas no pueden ser, si hablan de independencia, de república, de proceso constituyente, me pregunto qué más se necesita para tener clara la, por otra parte, más que pública hoja de ruta del secesionismo catalán. Pues hace falta el puñetero membrete. Como el papel no lo lleva, eso le quita oficialidad. Claro, las intenciones expresadas, los pasos a seguir en el proceso separatista no cuentan. Lo que cuenta es el membrete. Ese es, actualmente, el nivel de la crítica y el análisis políticos en España, tanto profesionales como amateurs. Viva el membrete. El membrete entronizado a la altura de las palabras y de las ideas. Sin membrete, qué sería de la Constitución Española, de la Francesa o de la de los Estados Unidos. Por cierto, ¿alguien ha comprobado que lo lleven? Lo digo porque sino, que sepan que no valen. ¡Qué país!

Así es que lo de Puigdemont no fue una declaración de independencia. Entonces, cuando a los 45 segundos la suspendió, ¿qué fue lo que suspendió? ¿Las matemáticas? Y después, sin luz ni taquígrafos, las dos páginas que se firmaron por los 72 golpistas, ¿qué decían? ¿Alguien se las ha leído? Ya se sabe que la vicepresidenta no, porque cuando le preguntaron anoche ni sabía lo que en ellas se contenía pero, ¿qué pasa con el presidente? ¿Y con sus arriolas? ¿Es que no tiene un solo consejero o asesor que sepa leer? El que firma sabe pocas cosas, pero se le da bien interpretar textos. El parido ayer tarde es sencillísimo de leer, al menos su traducción al castellano. Ya ni siquiera me voy a poner a analizar si está bien o mal reaccionar como lo ha hecho hoy Mariano Rajoy. De su proverbial prudencia rayana en la pasividad no cabía esperar mucho más que hacerle a Puigdemont una ridícula pregunta que éste contestará, sin duda, con otra evasiva y el partido de tenis igual se nos va a cinco sets, no sé. Ni requerimiento ni leches. Una triste y vacua pregunta para la que ya se tiene respuesta. De lo que sí estoy seguro es que para el viaje que viene no hacían falta alforjas, sino valentía y coraje. Y de eso, por desgracia, parece que queda muy poco en quienes nos desgobiernan.             

miércoles, 4 de octubre de 2017

El pegamento del Rey

Hace ya 36 años, algunos vivimos unos inquietantes acontecimientos que trataban de llegar a ser algo que no fueron gracias a la actitud y el empaque de un joven Rey que tuvo la gallardía y la clarividencia de salir en la tele de entonces a las tantas de la noche para, sobre todo, garantizar el orden constitucional y desautorizar el intento chapucero de golpe al Estado que unos cuantos, más de los que luego fueron condenados por ello, llevaban tramando una temporada y aquel infausto día trataron de poner en marcha. Como la clase política de entonces estaba secuestrada en el Congreso de los Diputados, donde se encontraban todos los representantes elegidos por el pueblo y el Gobierno en pleno, el monarca salió vestido con el uniforme de capitán general del Ejército y sus palabras se convirtieron inmediatamente en órdenes pues, a pesar de no tener poderes ejecutivos, en aquel momento los sediciosos pertenecían a diversos cuerpos militares y Juan Carlos I, que así se llamaba el joven Rey, era el más alto mando de los golpistas y su autoridad sobre ellos no admitía discusión. De hecho no la tuvo y, en pocas horas, desactivó lo que pudo ser un golpe de Estado y consiguió que nuestro país, España, pudiera disfrutar de un régimen de libertades y democracia hasta el día de hoy. Por supuesto, en todo el discurso no apeló ni una sola vez al diálogo y a todo el mundo le pareció bien no ponerse a hablar con los que empuñaban las armas. 

  
Quién le iba a decir entonces a su pequeño hijo, que en aquellas fechas sólo contaba con 13 años de edad que, tanto tiempo después y con las supuestas libertades alcanzadas ya consolidadas y siendo España un país plenamente moderno y miembro destacado de todas las principales estructuras supranacionales europeas, un Estado respetado y puesto como ejemplo en las escuelas de todo el mundo al hablar de la transición de un modelo político autoritario a otro democrático, en pleno año 2017, iba a tener que emular a su padre y salir en todas las teles de ahora, incluso en las del enemigo sedicioso, a hacer exactamente lo mismo que su padre hizo entonces, a garantizar el orden constitucional y a asegurar que el régimen actual de libertades y la integridad del territorio no se iban a poner en peligro por la irresponsable y vergonzante actitud de unos arribistas que, en este momento, ocupan las más altas cotas de poder en lo que se llama Generalitat de Cataluña. 


La diferencia fundamental entre ambas alocuciones y el momento de llevarlas a cabo es que Felipe VI, que con este nombre reina nuestro Rey, no se ha encontrado con el Gobierno secuestrado. No se ha visto solo ante el peligro con todas las autoridades políticas retenidas por unas decenas de chalados. Todos están en perfectas condiciones de revista, en libertad y, se supone, ejerciendo sus respectivos cargos para los que han sido convenientemente nombrados y por los que cobran abundantes y jugosos salarios. Felipe VI no ha tenido más remedio que dirigirse, vestido impecablemente de civil, a la Nación, a los españoles, a los sediciosos, a todo su pueblo, porque un Gobierno cobarde, canalla y felón, que se dedica a jugar el partido con la calculadora en la mano más que a hacer cumplir la ley, y una oposición meliflua, acomplejada y de poco fiar no han querido, así como suena, no han querido intervenir ante un golpe de Estado que, a diferencia de lo ocurrido hace 36 años no ha sido la obra apresurada de cuatro chiflados, sino que lleva preparándose a conciencia durante décadas y ni uno ni otro han sido capaces de interferir mínimamente para impedir que se llegara a esta situación, para evitar que el Rey de España haya tenido que salir en la tele a hacer lo que los otros no se atreven, a apelar a la Constitución, a poner en su lugar a los que se saltan las leyes con reiteración y a asegurar que alguien, no sabemos aún quién, hará que se cumplan, simplemente porque es lo que se debe hacer.   

Para el que se acabe de caer del guindo, que sepa que esto que pasa en Cataluña no es de ahora. El nacionalismo separatista lo empezó un señor que se dedicó durante décadas a enriquecerse mientras insuflaba de calculados ánimos a las hordas independentistas a cambio de sostener a los sucesivos Gobiernos en Madrid, de ambos signos políticos. Ese tipo despreciable, Jordi Pujol, urdió todo un sistema de clientelismo político en esa región que consistía en que, si uno se declaraba nacionalista, ascendía en el escalafón y si no, se podía dar por socialmente muerto. Al más puro estilo del nazismo, de su ídolo Goebbels, comprendió que sus anhelos tenían que sostenerse con dos pilares: una política de comunicación masiva del supuesto hecho diferencial, de que el enemigo es España, de que nos roba y demás letanía, y disponer de carta blanca en la educación de los niños para someter a un brutal adoctrinamiento desde la cuna a las nuevas generaciones de catalanitos. Ambas cosas las hizo a la perfección ante la boba mirada de los gobernantes del Estado: creó una red de medios de comunicación públicos, es decir, pagados con los impuestos de todos los españoles, en la que el mensaje debía ser el antes mencionado, que se resume en que la culpa de todos los males que nos ocurran la tiene España, el enemigo opresor. TV3 ha liderado esta política de intoxicación masiva, acompañada por el resto de medios públicos y la mayoría de los privados, a los que no les llegaba una subvención si no se adherían a la causa. Y consiguió todas las transferencias en materia de Educación, de manera que llevan treinta años inoculando a los niños el odio, así de simple, el odio más visceral a todo lo que huela a rojo y gualda.  

Comunicación y Educación. En esas dos patas se ha basado todo lo que ahora sucede y parece imparable. Todo consentido e incluso impulsado por políticos como el nefasto ZP, que prometió respetar cualquier Estatuto catalán que aprobasen entre toda esta gentuza aleccionada y avivó la hoguera que está quemando a todo bicho viviente en nuestro país y el inane Rajoy que, paralizado, narcotizado e idiotizado, balbucea gilipolleces sobre jueces, fiscales y Tribunales en lugar de aplicar la ley y, como le está exigiendo el preclaro Albert Rivera, utilizar las armas legales que le permite la Constitución y acabar con este pandemonium ininteligible que va camino de concluir en un enfrentamiento civil. Para los que no me crean y me llamen exagerado, les recomiendo una lectura indispensable: "Adios, Cataluña", de Albert Boadella. No se trata de un indocumentado, precisamente. En el libro, que está escrito en 2007 pero es de rabiosa actualidad narra, con todo tipo de detalles, las desventuras sufridas por un catalán de pura cepa pero no nacionalista en aquella bendita tierra y anticipa lo que por desgracia, está pasando en este mismo momento por allí.



En definitiva, me parece que la intervención del Rey Felipe VI, en la que como su padre 36 años antes, acertadísimamente a mi juicio, no mencionó el manido diálogo porque con quien te apuñala es imposible hablar sino que lo que hay que hacer es defenderse, significa el principio de las ulteriores actuaciones que el Estado deberá sin duda acometer, insufla ánimo y valor a aquellos pusilánimes que todavía no tengan claro quién es el enemigo y actúa y actuará, a mi modo de ver, como pegamento para que todos los que creemos en España, en un país con más de 500 años de historia que sabe convivir unido, vayamos todos a una sin cobardías ni medias tintas a recuperar lo que es nuestro y unos pocos nos quieren hurtar. Que así sea.