jueves, 14 de febrero de 2019

El "crack"

Uno, que es asaz incauto, sumamente iluso, algo inocente, pero que no se considera un idiota de campeonato, tenía esperanzas de que este año, al fin, el tan manido y convenientemente denostado VAR acabase con las seculares y constantes injusticias que los clubes de fútbol no tan poderosos venían sufriendo a todas horas frente a los dos autodenominados transatlánticos de la liga española que, desde hace décadas en el caso de uno, desde hace pocos lustros en el del otro, rigen con mano de hierro los designios de, no sólo las competiciones nacionales, sino también de las internacionales sin que ni toserles pueda uno.     

Cuando el que escribe asistió, anonadado del todo, a aquel infame penalty señalado con 0-3 en un partido contra la Juventus que se encaminaba a una prórroga que iba a ser la tumba del equipo blanco de Madrid y escuchó y leyó todo tipo de justificaciones en la prensa vendida al presidente de cierta constructora del IBEX-35 acerca de la justicia del máximo castigo, ya se barruntaba que la cosa no tenía remedio y que ni siquiera en Europa estábamos libres de la manipulación sempiterna de la competición por parte de unos. Y lo que se discutió entonces no es que la jugada no fuera susceptible de señalar penalty, no. Lo que los forofos del club implicado no entendieron ni entenderán es que, para señalar una falta de tamaña transcendencia, su claridad debe ser proporcional al tamaño de Júpiter por lo menos, dado el minuto y la importancia de lo que podía acontecer. Y el enorme peso de una decisión de ese calibre jamás, digo bien, jamás, se ha inclinado en contra del club de Concha Espina. 

Pero haciendo gala de su inocencia y su confianza en la tecnología, el que suscribe se echó en brazos del VAR, que tras su buen uso en el Mundial parecía la panacea para librar a los clubes más pequeños de las, nunca mejor dicho, "arbitrariedades del sistema". Error. En cuanto comenzó la competición doméstica nos dimos cuenta que aquí no iba a funcionar agarrado a la justicia sino al revés, agravando la injusticia y agraviando, aún más si cabe, a los perjudicados habituales. Mientras el equipo blanco era llevado a la deriva por el infausto Lopetegui nada ocurrió, ellos solos se condenaban partido a partido. Pero en cuanto comenzaron los más ligeros atisbos de reacción, ya se encargó el presidente de ACS de llorar a moco tendido en los medios por lo mal que les trataba el VAR -a ellos, fíjense bien- e incluso llegó a abandonar la Federación a modo de protesta ante las brutales injusticias sufridas, que se resumían en un penalty no señalado al nuevo Balón de Oro Vinicius frente a la Real Sociedad. El ruido mediático que armaron alcanzó tal magnitud que, a día de hoy, sin duda son los máximos favoritos para ganar liga y copa del Rey. Por el camino, si no les importa, han dejado hecho unos zorros a mi club, el pobre Atlético de Madrid, al que se le birló un penalty clamoroso en Sevilla contra el Betis con 0-0 en el marcador -reconocido hasta por la fanfarria vikinga- y otro en su propio estadio frente al vecino todopoderoso, a la par que se le pitaba uno escandaloso en contra y se le anulaba un tanto al pobre Morata, que lleva dos penales sufridos y un gol anulado sin que el colegiado de turno se haya despeinado y el pobre, con sus antecedentes blancos, no entiende nada de nada. Es decir, en román paladino, no podía ser, no se podía tolerar una desventaja con el Barcelona de 10 puntos e ir por detrás del eterno rival madrileño. Había que solucionarlo y se hizo a conciencia.

Que no se entienda esto como una crítica dirigida únicamente al vecino de Chamartín, porque los catalanes también han tenido su bonita ración de favores, como por ejemplo fue dar válido un gol de Suárez tras patadón alevoso en la boca al pobre Cuéllar, o que ese desagradable jugador no haya sido nunca expulsado a pesar de sus continuas faltas de respeto a árbitros y compañeros de trabajo. Pero, qué curioso, ha sido acercarse los blancos en la clasificación y variar el sentido de los errores. El domingo pasado en San Mamés, minuto 95, árbitro madrileño Del Cerro Grande, escandaloso penalty cometido por Yeray sobre Semedo, ratificado por los 5 comentaristas de Movistar +. ¿Qué ocurre? Sospechosamente, Del Cerro se va por ahí mismo, se traga el silbato y señala...el final del partido!!! Óle y óle!!! A la antigua usanza, para que no se diga.

Pero bueno, a pesar de sufrir estas penalidades en las competiciones patrias uno se consolaba con que llegaba el VAR en los octavos de final de la Copa de Europa y con que lo del año pasado ya no iba a ocurrir más. ¿No? ¿No querías caldo? Toma dos tacitas. En los primeros 4 partidos se utilizó una sola vez el artilugio. ¿Para qué? Por supuesto, a mayor gloria del Real Madrid. La anulación del gol de Tagliafico perpetrada ayer por el señor Skomina, esloveno para más señas, no solo iguala sino que supera la ignominia del penalty del año anterior frente a los juventinos. Marca el Ajax el tanto y podemos ver a Courtois, ese caballero, lamentarse por su grave error, al resto de los jugadores cabizbajos y meditabundos. Ninguno protesta. A ninguno se le ocurre que el gol no sea legal. Hasta que alguien de arriba dice: "Skomina, tío, vete a verlo al monitor y anúlalo como sea. Inventa lo que quieras, pero ese tanto ha de ser invalidado". Podemos ver al ínclito colegiado dudando, a veces incluso temblando, indagando ante la pantalla "qué pitaré, Dios mío, ilumíname", hasta que se le ocurre algo y, dudando, pero sabiendo perfectamente lo que está haciendo y cómo se llama esa acción, hace la famosa señal rectangular en el aire de Amsterdam y se lía la mundial. Huelga decir que los holandeses estaban arrollando a los de Florentino, se ponían 1-0 y peligraba la integridad futura del emblema europeo de la limpieza y la transparencia. Y entonces, tras escuchar cómo ni Valdano, ese Séneca, acertaba a explicar lo que pasaba, algo hizo crack dentro de mi. Después de 55 años de amor, placer, indulgencia, pasión, creencias, también dolor y disgustos, después de toda una vida dedicada a seguir de forma impenitente a este deporte, algo se quebró. Algo terminó, algo acabó. Tomada conciencia de la imposibilidad de que este negocio sea justo ni por asomo, ni siquiera con la tecnología, de que la 14ª Champions ya tiene ganador -acabo de hacer una jugosa apuesta en william hill, les aconsejo hagan lo mismo- y que cualquier cosa que hagamos los mortales va a dar exactamente lo mismo, que el destino ya está escrito por el millonario del ladrillo con cara de perrito llorón, he decidido retirarme del fútbol de alta competición.    

No es que ya no me guste, que me canse de perder, o que no entienda el funcionamiento de las reglas y de la tecnología, que también. Es, sencillamente, que ya no me lo creo. Y, como dijo Gandhi, yo también pienso que "más vale ser vencido diciendo la verdad que triunfar por la mentira". Sé que muchos me entenderán. El resto, francamente, parafraseando a Rhett Butler, me importa un bledo.      

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Mintiendo bajo la lluvia

El cocinero, aunque más parece el fraile
Esta vez no podrán achacarme haber caído en la precipitación. Hace ya diez días que se celebraron las elecciones andaluzas y todavía no había dicho esta boca es mía. Ni a favor de los partidos de la derecha vencedora ni en contra de los líderes del clientelismo, el amiguismo y la corrupción más grande que ha soportado ente autonómico alguno en los 40 años de democracia, esa izquierda disfrazada de cacique todopoderoso que ha repartido prebendas día tras día durante los últimos 36 años en aquella tierra sureña tan maltratada históricamente por sus nefastos dirigentes. Y, -esto último ya si roza lo milagroso-, por si lo anterior no tuviera mérito bastante, aún no había salido a despedazar al inefable Tezanos, aunque es lo que debería haber hecho desde el minuto 1 después de conocer los verdaderos resultados de los comicios. 

Lo que Tezanos deseaba...
Pero todo en esta vida tiene un límite, y el mío con este tipo ya ha llegado. Le he otorgado generosamente diez días para ver si tenía la honorabilidad de salir a disculparse, a pedir perdón a los españoles por habernos mentido como un bellaco con sus sondeos recocinados hasta la calcinación absoluta e, incluso, de dimitir. Qué va. No ha hecho ninguna de estas cosas, por supuesto. Ingenuo de mi, pensar que un elemento puesto ahí a dedo sin la menor cualificación, únicamente por su militancia política en el partido que sostiene a Snchz, iba a tener la hombría de renunciar tras el ridículo espantoso de sus predicciones torticeras, pues estaría bueno, si nadie dimite en esta jaula de grillos en que han convertido el país, ni una ministra de Justicia homófoba, ni un ministro de Ciencia que defrauda a Hacienda, ni tampoco un juez venido a ministro de Interior que justifica las algaradas de los mastuerzos de los CDR en Cataluña, qué coño voy a dimitir yo, se habrá dicho el interfecto. Y con toda la razón.

...y la dura e inexorable realidad
Supongo que sabrán que este tío, con todo el morro que se puede tener en esta vida, había "pronosticado" 47 diputados para el PSOE. Obtuvo 33. Y para VOX dejaba las migajas, 1 escaño y gracias. Al final, fueron 12. Entre las predicciones tipo bruja Lola de Tezanos y los comicios no crean que transcurrió una eternidad ni que sucedieron varios cataclismos mundiales mientras tanto. En cuestión de un par de semanas, la "opinión pública" dio un bandazo de no te menees y varió sus gustos de carne a pescado en un santiamén. Y lo peor no es que los errores de la "encuesta" sean de campeonato, lo peor es que tratan de justificarlos de cualquier manera tomando a los españoles por tontos del tó. Eso es con lo que no puedo. Vale que la cagues, ya sea por incompetente, por tonto, por tendencioso o por las tres cosas a la vez. Pero que me lo vendas como un "cambio de tendencias" o alguna jerga técnica similar, como si el público asistente fuera deficiente mental, lo llevo muy mal.

Tezanos. Qué pena cuando tu nombre lo compartes con un vulgar ratero
En fin, qué más se puede decir de un mendrugo como éste. Por ejemplo que Tezanos es un término indefinido, no significa nada, ni siquiera aparece en el diccionario, excepto que se trata de un encantador pueblecito cántabro perteneciente al municipio de Villacarriedo. Si se apellidara Tenazas imaginen los chascarrillos que podríamos disfrutar en estos tiempos de memes y de memos. Si fuera Tazones, además del plural de tazón, recipiente semiesférico y generalmente sin asa, nos recordaría al precioso pueblo asturiano donde desembarcó Carlos I -que no V- a principios del siglo XVI en su primera visita a España. Pero no, tiene que ser Tezanos, para desgracia de sus 396 habitantes, que están sufriendo todo tipo de burlas y befas como consecuencia de las disparatadas encuestas del homónimo.

Dixie defendiendo a Jinks...lo que hay que ver
Y a todo esto en el Senado, los grupos de la oposición han preguntado por el pollo éste, a ver si va a asumir algún tipo de responsabilidad. ¿Saben quién ha salido en su defensa? La de Dixie y Pixie, la insigne lingüista Carmen Calvo, a la sazón inaudita vicepresidenta del Gobierno. ¿Se ha disculpado? No, qué va, ha acusado a los que preguntaban de mil y una cosas, entre ellas seguro que de "fascistas", eso que no falte. Y ha mentido. Si Tezanos miente, no va a ser menos la ministra. Ha mentido tres veces, como Pedro -el santo, no su jefe, que éste le supera con creces-. Primero dijo que el PP nunca había ganado unas elecciones en Andalucía. Falso. En 2012 Javier Arenas lo hizo, aunque la alianza del PSOE con IU hizo que éstos formasen gobierno. Segundo, afirmó que los populares nunca habían pedido la comparecencia de Tezanos en la Cámara. Falso. Lo hicieron en agosto, cuando ya se empezaba a ver el percal del nuevo CIS. Y tercero, como sabía que lo de la militancia del tipo en el PSOE no tiene defensa, intentó enmierdar a Pilar del Castillo, que fue directora del organismo público entre 1996 y 2000, asegurando que ella militaba en el PP por aquel entonces. Falso. Se dio de alta en ese partido en 2002. Mintió -como siempre- la señora Calvo -o Calva- y no pasó nada. Así que Tezanos pensará, con mucho juicio, que si a una ministra del Gobierno nada le sucede por faltar reiteradamente a la verdad, qué le va a pasar a un simple correveydile que cumple órdenes como él. 

Y así pasa el otoño y pasará el invierno, lloverá mucho y nevará algo, caerán sobre nosotros borrascas y ventiscas, incluso alguna tempestad pero, abstraídos en nuestros pensamientos profundos y concentrados en pasar el rato lo mejor que se pueda, daremos rienda suelta a las pasiones más primitivas y comeremos, beberemos y danzaremos bajo las inclemencias sin otro paraguas que nuestras cabezas y sin otra protección, finita pero eficaz, que la mentira, el engaño, el retruécano y la hábil prestidigitación a ver si escampa y llega la primavera. Sobre todo para los irreductibles 396 de Tezanos. Que Dios los ampare, pobrecitos. Feliz Navidad a todos e infeliz solsticio de invierno a algunos, sobre todo a los mentirosos recalcitrantes. Que en 2019 nos veamos libres de ellos.
    
Navidad es Natividad, no un gordo barbudo vestido de rojo

jueves, 22 de noviembre de 2018

Tentando al lobo

Prieto, Largo e Iglesias. Ellos siguen marcando el camino
El hecho ocurrido ayer en el Congreso de los Diputados no es noticia. El bufón que lo ha propiciado y sus secuaces separatistas no hacen sino interpretar una comedia que lleva ya varios años en cartel a pesar de la desidia de los espectadores que, abochornados, asisten una y otra vez a los mismos disparates, a idénticos chistes de mal gusto y a la parafernalia ornamental en forma de estrafalaria vestimenta, gestos chuscos o insanos exabruptos que el grupito de los escaños de arriba nos ofrece cansinamente día tras día desde hace ya demasiado tiempo. Lo de ayer fue, sencillamente, un pasito más hacia el objetivo, el mismo que hace 80 años marcaron Pasionaria, Largo Caballero o Iglesias (el verdadero): "señoría, antes de que su partido llegue al poder, consideramos que debemos llegar al atentado personal...". Y en esas estamos.

El cerdo cobarde en cuestión (presunto, claro)
Ayer, un siniestro supremacista catalán sobrepasó la barrera del insulto soez y dio un pequeño paso para el separatismo pero un gran salto hacia la destrucción del sistema democrático actual. Un cerdo repugnante, acogido vergonzantemente a las siglas ERC, le lanzó un escupitajo al ministro Josep Borrell cuando abandonaba -ojalá fuera para siempre- el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Parece que en las imágenes no se aprecia el agravante de esputo, pero el simple hecho de realizar semejante afrenta a un ministro de la Nación que, además, es casi un anciano ya, supera los límites que deberían consentirse a un representante de la voluntad popular, aunque esos a los que representan probablemente también hubieran duchado a Borrell. Personalmente, a mi que soy muy futbolero, siempre me ha parecido la agresión más asquerosa, más ruin y más deplorable en ese mundillo tan imitado después por la vida. Puedo comprender que un jugador, cabreado como una mona porque le han golpeado y con los nervios de punta, llegue a atizarle un puntapié a su rival, o incluso que le arree un sonoro bofetón, ambas decisiones reprobables y merecedoras de sanción. Pero, escupir a un contrario, siempre me ha parecido que es un acto premeditado y alevoso, que trata de denigrar completamente al rival y que, desde luego, deja al que lo emite como un sucio animal y marcado de por vida como un indeseable.

El ejemplar Juanito, practicando el lanzamiento de esputo con un compañero


El bufón de la Corte. Lo hace bastante bien, la verdad
Todo este vergonzoso incidente procede de la sobreactuación, una más, del bufón apellidado acertadamente Rufián, amigo de los focos y de los chismes, del "que hablen de mi aunque sea mal", de la falta de respeto a todo y a todos, como demuestra cada día interrumpiendo, gritando e insultando a todo el que no piensa como él. Aunque pensar sea un verbo que no conjugue con frecuencia, la verdad. Ahora le ha dado por llamar "fascista" a todo aquel que crea que lo que están haciendo los racistas catalanes es deleznable y criticable. Borrell, autor de varias lecciones magistrales que han dejado sin palabras a las señorías separatistas, es también un fascista, fíjese usted qué cosa. Y todo porque no comulga con las tesis que pretenden acabar con nuestro país, con quienes defienden la supremacía catalana frente al resto de pueblos de España. Si le dices a Rufián que es un golpista, él lo deja todo de inmediato y te llama fascista. Y tú más, que decíamos de párvulos. Qué pobre retrasado, confundiendo el Congreso con el aula de EGB. Y encima la profe le echa de clase. Seguro que es que le tiene manía. Como si lo viera.

Pedro y los lobos. No debería darles la espalda. Es un consejo
Esto de llamar fascista al rival político no es de ahora. Hace ya casi cien años, se daban casos curiosísimos, incluso entre rivales de postín dentro del mismo partido. No sé si conocen lo ocurrido entre partidarios de Largo Caballero -otro que tal bailaba- y de Indalecio Prieto, los dos personajes socialistas más influyentes allá por los años 30 del siglo pasado. Poco antes de la guerra, Prieto acudió a Écija a dar un mitin a correligionarios del PSOE. En la población sevillana parece que se encontraban muchos partidarios de Largo, que acusaban a Prieto de "blando".  Este defendía la República a toda costa, mientras que Largo Caballero estaba dispuesto a ir a la contienda civil con tal de acabar con los que él llamaba "fascistas", qué coincidencia. Pues bien, en la plaza de toros de Écija se encontraban fervientes partidarios de ambos. Al llegar Prieto, se recrudecieron los insultos y los alaridos a favor de Largo. De los tendidos salían botellas y piedras que pretendían alcanzar a don Indalecio que, viendo el cariz que tomaba la cosa, optó por cancelar el mitin y marcharse con viento fresco. Pero, lejos de permitirlo, los secuaces de Largo desenfundaron sus pistolas y la emprendieron ¡a tiro limpio! contra la comitiva que se daba a la fuga al ver peligrar sus vidas. Hubo cinco heridos de bala y a un asesor de Prieto le salvó la Guardia Civil de un linchamiento seguro. Más allá de los hechos, muy esclarecedores de los derroteros que estamos empezando a pisar de nuevo, queda como lección para hoy el insulto principal que los de Largo le lanzaban a Prieto. ¿Saben cuál era? Efectivamente. "Fascista". Un apelativo que, a fuerza de manosearlo, vale para cualquiera que no siga las instrucciones del que lo emite y que, cada vez que se escucha en el Parlamento nos acerca, un pasito más, hacia la descomposición del régimen del que hemos disfrutado los últimos cuarenta años y, por supuesto, como es de esperar, al propio y verdadero fascismo. Tanto tentar al lobo suele tener consecuencias. Será mejor que sus señorías no lo olviden. Por su propia seguridad. ¿Verdad, Pedro?     

miércoles, 24 de octubre de 2018

Pequeños detalles que arruinarán tu carrera futbolística

En el mundo del fútbol, como en la vida misma, no basta con hacer muy bien tu trabajo, es decir, con ser un gran jugador. Los detalles cuentan tanto que, en ocasiones, son decisivos en el éxito o el fracaso de alguien que sepa tratar bien a la pelota. Una buena alimentación, un adecuado descanso, una importante capacidad de sacrificio o, incluso, un sagaz representante, son básicos en la carrera de un futbolista de élite. Pero, además, existen otro tipo de pequeños detalles que pueden llevarle al recuerdo imperecedero en la mente de los aficionados de una forma no deseada. ¿A qué cuestiones me refiero?

"Tati" Valdés, a cabeza descubierta
Por ejemplo, en la década de los 70, hubo un buen jugador ya fallecido que hizo carrera en el Sporting de Gijón, donde pasó toda su vida deportiva alcanzando un status de pelotero de aceptable nivel. Fue Crisanto García Valdés, más conocido como "Tati" Valdés. En aquella época, lo de ser calvo no se llevaba bien en el fútbol de élite, no era como ahora que la mitad de los jugadores se rapa la cabeza al cero y la otra mitad se implanta el pelo que les falta y a jugar. Aunque Di Stéfano prácticamente lo era, aquello no gustaba demasiado. Valdés lo era, y además casi mondo y lirondo, le quedaba la tirilla por encima de las orejas y la nuca y pare usted de contar. Y un día, harto de su imagen, aconsejado por algún supuesto amigo, decidió poner fin de raíz a su alopecia galopante y salió a jugar con un moderno peluquín adhesivo que se suponía era el último grito en bisoñés adaptados a la práctica deportiva. Fue, para su desgracia, en un partido televisado -entonces sólo se emitía uno por jornada, qué casualidad- para toda España. Al poco de comenzar, confiando en la adherencia del postizo, saltó vigorosamente a disputar un balón de cabeza y, de repente, todos los espectadores pudieron ver cómo el peluquín salía volando hacia el embarrado terreno. Yo recuerdo que en mi casa fue la rechifla general, el pobre Valdés lo recogió del suelo y se lo puso de cualquier manera y, claro, a la siguiente jugada de nuevo el añadido tomó vida propia y besó otra vez el maltrecho césped de El  Molinón. Abochornado, Valdés recogió la peluca del suelo, pidió el cambio y enfiló a la carrera el túnel de vestuarios. Jamás volvió a utilizar el adminículo, pero su trayectoria deportiva quedó marcada por este incidente.

Sólo con verle se barruntaba el desastre
Algo que es fundamental en el fútbol si se quiere triunfar, además de asumir las carencias físicas de cada uno, es contar con un nombre artístico adecuado. No puede ser pasearse por las canchas de España con un apodo ridículo, un nombre que se preste a chanzas o un apellido con rimas peligrosas. A principios de este siglo, en la temporada 2006-07, se disputó un partido de infausto recuerdo para el hincha colchonero. Primero por el resultado, un vergonzante 0-6 frente al Barcelona en el Calderón y segundo porque fue el día que Fernando Torres tomó la decisión de abandonar el club, por entonces un alma en pena que vagaba por mitad de la tabla sin memoria, sin decoro y sin ambición. Aquel día servidor estaba en el campo y, si ya desde antes de empezar barruntaba el desastre, cuando vio que la portería local iba a defenderla un tipo apodado "Pichu" tomó conciencia de que aquello iba a ser un cataclismo, como luego sucedió. Ese tipo se hacía llamar antes de los hechos Cuéllar y, nada más acabar la temporada y salir cedido al Eibar volvió a poner para siempre en su camiseta Cuéllar. A nadie se le puede ocurrir que Pichu vaya a funcionar mejor que Cuéllar. Es de sentido común. 

El mayor provocador...de carcajadas en el Calderón
Hay muchísmos ejemplos de elecciones desacertadas a la hora de denominarse en el mundo del fútbol. Evidentemente, un tipo apellidado Palomino no destacó en el Hércules, como tampoco fueron muy lejos Gay, Webó o el madridista Secretario. Incluso Kaká fracasó en España tras ser balón de oro en el Milán, como sin duda lo hubiera hecho el también brasileño Elano o lo hizo el rumano Marica en su paso por el Getafe, por mucho que nos repitieran que había que acentuar la última "a" para disimular. No se puede, así es imposible. Saltar al campo y desatar la mofa en la grada en nuestro país es todo uno. Incluso nombres que no son directamente ridículos, como un tal Keirrison (qué risión) fichado por el Barcelona y que jamás llegó a debutar por motivos evidentes o el uruguayo del Atlético Pilipauskas, al que los aficionados llamaban jocosamente Felicespascuas mientras se partían de risa no sólo a causa del nombre... 

Álvaro López en su faceta ratonil
Lo que no se entiende es que, hoy en día, con los enormes departamentos de marketing y comunicación que tienen todos los clubes, con los inacabables recursos de los que disponen los jugadores, con asesores de imagen, asesores fiscales, abogados, agentes comerciales y representantes de todo tipo pululando en torno al futbolista, sigan dándose casos en los que el nombre va a ser, sin la menor duda, la principal causa del fracaso de más de un prometedor pelotero. Es el caso del guardameta zaragocista Ratón. A ver, ¿a quién se le ha ocurrido tamaño despropósito? Pero si es que además es su segundo apellido, si el tipo es Álvaro López, ¿a qué viene fastidiarle de esta manera? Evidentemente, el chico empezó jugando algo, pero el club enseguida se trajo al argentino Cristian Álvarez, que se hace llamar justo así, y Ratón ya no juega. Cómo será el gafe que incluso le han detenido y acusado de presunto abuso sexual. Desde aquí se lo digo ya: llamándose así, que se vaya olvidando de vivir de esto.

No parece hacer honor a su desafortunado apellido
Peor es el caso de dos jóvenes muchachos venidos del extranjero y que no dominan el idioma y mucho menos el cachondeo monumental que seguro provocan sus apellidos en los campos de segunda B por donde pasan. Tiene delito que el Málaga, club señero con un tamaño suficiente para tener estas cosas controladas, traiga de Costa de Marfil a un chaval para jugar en el juvenil, le suba luego al filial Atlético Malagueño y permita que se pasee por ahí luciendo su apellido: Karamoko. El chico está sentenciado. Así no llegará a nada, se pasará los partidos escuchando atrocidades, burlas y todo tipo de chanzas de espectadores y rivales y perderá constantemente la concentración. Y la culpa será de los que le rodean, que permiten su linchamiento impunemente. Y qué decir del otro caso. Hombre, el club es el Don Benito extremeño, recién ascendido y con muchos menos recursos. Pero algún alma piadosa podía haberle dicho al chico que han traido de Sierra Leona, que pasearse por nuestro país haciéndose llamar Mamau podría acarrearle funestas consecuencias. Y no digo nada como se le ocurra algún día venirse para Asturias. Aquí estar mamau es llevar una cogorza del quince, ser un cierrabares o ir hasta arriba de sidra. No sé si habrán escuchado el famoso audio de Diego Gallu. Pues eso es aquí estar mamau hasta las cejas. No puedes dejar, si es que te queda un gramo de caridad cristiana, que alguien escoja como nombre artístico Mamau, porque el pobre está más que "sentenciau", ya que estamos n'asturianu.

Pues no se nota que vaya tan mal...

En fin, lo dicho. Un futbolista que triunfa no lo hace sólo por sus virtudes. Tienen que acompañarle los detalles. Y eso que ahora da igual que lleven un peinado de gusto atroz o que se tatúen hasta la rabadilla. Pero al menos han de parecer modernos, actuales, frescos y jóvenes y no causar la hilaridad por un aspecto demodé o un nombre ridículo. Y ya puestos, además de rogar a sus asesores que tengan muy en cuenta estos consejos, no estaría de más que les recordaran aquella máxima que dice: "más vale permanecer callado y parecer idiota que abrir la boca y despejar todas las dudas". Tomen nota los que saben. O se supone que saben, que nunca se sabe.        

lunes, 1 de octubre de 2018

The Walking Dead

Vaya veranito que he pasado. Cada día que me levantaba era peor que el anterior. Según me despertaba y comenzaba a recibir noticias sobre cómo le va a mi país, no me llegaba más que mierda. Conociendo el percal, es decir, sabiendo quién es y qué es el inquilino de Moncloa era de esperar que el dislate, la pantomima y el descontrol gobernasen el escenario político de España, pero esto que está sucediendo rebasa cualquier predicción que el que escribe hubiera podido lanzar hace poco más de tres meses, que son los que lleva el infausto Snchz en el poder, aunque parezcan 3 años. Y fíjense que ha transcurrido el verano, ese periodo cuando prácticamente no se generan noticias porque sus señorías están de vacaciones oficiales y durante este tiempo de relax y ocio no sólo ha caído la señora Montón, sino que al jefe le han dado por todas partes a cuenta de su tesis, esa cosa llena de cortaypegas y citas sin entrecomillar, para qué, pues ya nos explicó la ínclita y sinpar Lastra -vaya jeta, señorita- que por 500 palabrillas no íbamos a montar un cirio, dónde va a parar, eso es cosa sin importancia, algo banal si la interfecta conociese la palabra, que va a ser que no. 

Sociedades fantasmas para eludir impuestos, tesis fusiladas, mentiras de todo tipo, insultos homófobos y de los otros, más impuestos sin abonar, confidencias a medianoche con policías corruptos, una mujer denigrando mujeres, oh cielos, qué horror, chanchullos, medias verdades y todas las vergüenzas a la vista, el que fuera adjetivado como Gobierno bonito convertido en un plisplas en una escombrera, en un vertedero, en una letrina. Lo que era un conjunto disjunto de estrellas de la TV, homosexuales militantes, astronautas, viejas glorias y mujeres, muchas mujeres, la mayoría puestas ahí con el único mérito de serlo, se ha convertido en una fuente de soltar mierda indiscriminadamente. De ahí salen todo tipo de deshechos, humanos y de los otros, actuaciones dudosamente éticas, directamente inmorales o incluso delictivas. Y lo curioso, lo sonrojante y lo alarmante es que no estamos hablando de los Dalton, no. Hablamos del Gobierno de la Nación, hay que poner este dato en perspectiva. En los 80 y en los 90, cuando este sistema se consolidó y se demostró de sobra su capacidad de funcionamiento, hubo problemas con los Gobiernos, claro que sí, todos recordamos los GAL, Filesa, Faisán, o más recientemente, Gurtel. Pero la sensación de la población, a pesar de que las cloacas del Estado iban cargadas hasta el borde, era de tranquilidad. No te dimitía un ministro a la semana, no se descubría que eran golfos profesionales desde antes de entrar en el gabinete. Podían actuar indebidamente, pero en general, en el contexto de su trabajo como gobernantes, más que el ministro era el Ministerio el que emprendía una dirección equivocada. Ahora no, ahora te sale una ministra de Justicia llamando maricón a un compañero, uno que dice ser escritor que elude sus obligaciones fiscales y el astronauta pringando por unos miles de euros. Y todos mintiendo a mansalva, olvidando que se les coge antes que a un cojo, pero cojos no hay en el Gobierno, que quedarían feos entre tanto bonito ¿verdad? Lo que hay es una piara de mentirosos, que se inventan estudios, plagian trabajos e inflan curriculos como el que se toma un refresco.

Ahora intentemos hacer una pirueta espaciotemporal e imaginemos el mismo escenario, idéntico, cambiando únicamente un dato: en lugar de que el protagonista de este bochorno sea el PSOE, pongamos que este Gobierno fuera del PP. ¿Lo vislumbran? ¿Ven el linchamiento diario del gorila de la sexta? ¿Visualizan los terribles titulares de El País exigiendo dimisiones? ¿Y a Escolar echando espuma por la boca llegando al paroxismo entre insultos a todo lo que no sea sospechoso de izquierdismo barato? Seguro que sí. Es un ejercicio sencillo, dado el escenario mediático absolutamente corrupto y viciado que nos ha regalado Soraya. Y ya puestos, demos un paso más: imaginemos que la ministra que ha llamado maricón -cariñosamente, eso sí- a Marlaska y afirmado que prefiere mil veces trabajar con varones, milita en el Partido Popular. Escuchemos los posteriores bramidos, alaridos, insultos y descalificaciones de los llamados colectivos LGTB y todo tipo de feminazis y palmeros adjuntos. Observemos cómo es apaleada, lapidada, linchada y, finalmente, muerta en la hoguera a fuego lento. La dimisión hubiera sido poco castigo ante tamaña vejación para el alegre y vivaracho colectivo. ¿Lo ven, verdad?     

Eso sí, a los chicos y chicas bonitos y bonitas luego no les preguntes por los Presupuestos, por la mayoría popular en el Senado que tanto les incomoda o por el follón con los coches diesel. Ni puta idea de por dónde andan. Tú pregúntales por Franco, por el Valle de los Caídos o por la Memoria Histórica falseada a conveniencia. Por Venezuela, Cuba o la reformita de la Moncloa, una bagatela de medio millón. Por los modelitos, a poder ser rojo sangre, por la cuota femenina o feminoide, por los transexuales y sus derechos o por la libertad de los golpistas presos. Por cuestiones de fondo, sobre lo que es o deja de ser una Nación, sobre justicia y protección de los castellano parlantes en Cataluña, por su silencio cobarde ante las agresiones racistas a policías del Estado en esa misma región, por consentir una TV casi anarquista entregada a los podemitas y por los escombros, deshechos y detritus que expulsa por todos sus orificios un Gobierno basura, no. Eso es pecata minuta, un mal menor. Lo que hay que aguantar, el precio a pagar por permanecer al frente de un Gobierno títere, zombi, fantasma. Desde la escombrera, el vertedero o la letrina, sólo se pueden vislumbrar deshechos. Sí, un Gobierno deshecho, descompuesto, sonado. The Walking Dead, vamos. Un auténtico cadáver a la búsqueda de su tumba. Mientras la encuentra, permanezcamos atentos al próximo episodio, a ver qué miembro pierde. ¡Qué nervios!

      

martes, 3 de julio de 2018

Los nuevos progresistas

Hace más de un siglo, si usted hablaba de una corriente política y la adjetivaba como "progresista" se estaba refiriendo a un conjunto de personas pertenecientes al sector más radical del liberalismo. Por lo tanto, el progresista era aquel miembro de la colectividad que se distinguía por ser ultraliberal, "exaltados" se les llamaba incluso en aquella época del primer tercio del siglo XIX, y sus principales cabezas visibles fueron los generales Espartero y Prim, miembros del Ejército y no precisamente muy amigos de aventuras socializadoras ni de contemporizar con los asuntos candentes de la política y la economía de entonces.

Cómo cambian las cosas. Hoy, un ultraliberal es José María Aznar, o Esperanza Aguirre, y miren dónde se encuentran y, lo que es peor, la catadura moral que se les adjudica en los medios afines al supuesto progresismo de la actualidad. Son de lo malo lo peor, seres despreciables que por defender la libertad de las personas para alcanzar su verdadero status en la sociedad por sí mismos, sin las muletas del sistema público, por erigirse en garantes de la unidad de España, sin cesiones absurdas a los que tienen como objetivo principal separarse de ella y por no tener la menor vergüenza en reconocerse como lo que son, verdaderos liberales, son continuamente denostados e incluso vejados por los repugnantes medios de comunicación "progres" que hasta hacen burlas y se mofan de los símbolos que estos hombres y mujeres respetan y veneran, como son la bandera, el himno o el mismísimo Rey de España.

El progreso se define en el diccionario como "acción de ir hacia delante", como "avance" o "perfeccionamiento". Un progresista, por tanto, es aquel que muestra y defiende ideas y actitudes avanzadas, porque progresar es mejorar, avanzar, hacer adelantos. Se supone pues que, para llevar a cabo esos avances, no conviene estar permanentemente mirando hacia atrás, recordando un pasado de más de 80 años, falseándolo a conveniencia, removiendo huesos y conciencias que hace décadas que descansaban sin mayores sobresaltos ni para muertos ni para vivos. Craso error. Si usted se fija en qué se centran los ahora gobernantes, qué les preocupa y ocupa, verá que rápidamente han retomado con entusiasmo aquel proyecto de sacar al dictador de su faraónico panteón para trasladarlo quién sabe dónde, no vaya a ser que sus restos inspiren a algún auténtico progresista a hacer un disparate y alzarse en armas contra ellos. Eso sí, mientras, los fantasmas de Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero, insignes cabecillas del PSOE de antes de la guerra, que justificaban, en aras de la libertad, "incluso el atentado personal" contra los miembros de la derecha política, campan a sus anchas por los pasillos de los ministerios y por los suntuosos y remozados despachos de Moncloa como Pedro lo hace por la que de manera increíble es su casa, revestidos de un aura de héroes de este progresismo de pacotilla cuando no fueron más que unos de los responsables principales de los posteriores males que asolaron a nuestro país.

Estos que se hacen llamar progresistas no hacen sino intentar enmendar la plana a los políticos del pasado. Ninguna idea nueva que no sea acoger miles de inmigrantes sin control alguno, promover fiestas gays en las que la delincuencia campa a sus anchas o nombrar a mujeres para cualquier cargo con el único mérito de serlo. El resto, intentar mancillar en lo posible la espléndida Constitución de 1978 con la excusa de dar cabida a separatistas, independentistas, terroristas, racistas y supremacistas. Ni miran hacia delante, ni aspiran a avanzar en el asentamiento de España como unas de las locomotoras de Europa, ni quieren perfeccionar el concepto de país y Estado único e indivisible pero que ha proporcionado a todos los pueblos más cotas de libertad que un estado americano o un lander alemán. Ni futuro, ni presente. Únicamente el pasado, es lo que les mantiene vivos y alerta. Tan pronto llaman franquista a un marino ilustre de principios del siglo XX como asesino a Hernán Cortés o a Pizarro. Lástima que la palabra regresista no esté en el diccionario, porque les vendría al pelo. Aunque, bien pensado, y si ellos aceptan miembras y jóvenas por el  morro, no sé qué me impide a mi y a quien le parezca bien llamar a estos nuevos progresistas, "los regresistas". Suena hasta bien. ¿Qué le parece a usted? Feliz verano y, si sale de viaje, feliz regreso, si se me permite la chanza fácil.       

sábado, 2 de junio de 2018

Pedro Gump (o Forrest Sánchez)

Mamá tenía razón, tonto es el que dice tonterías
Para el común de los mortales que haya visto la película de Zemeckis, sin duda Forrest Gump es un personaje entrañable. Idiota, sí, retrasado, limitado, llámenlo como quieran, pero entrañable. Cómo mira, cómo se expresa, cómo ama a su manera, cómo es leal a sus amigos, cómo es fiel a su amor de juventud, a su madre, a sus compañeros de armas...Por eso me duele que en algún foro, en algún meme de esos que ahora están tan de moda, comparen al tan tenaz como miserable líder socialista conocido como Snchz con el héroe americano encarnado por Tom Hanks. Sí, por la faceta esa que tuvo en cierta época de su vida de correr sin tregua, sin un objetivo, no por llegar a un lugar determinado sino sólo por el mero hecho de darle a las piernas sin descanso, sin ningún motivo especial, sólo continuar corriendo. Dicen los chistes que me mandan que el despreciable jefe del PSOE es igual en su desmedido afán por gobernar. Como sea, de cualquier manera, a toda costa, por el mero hecho de tener el poder, sin objetivos, sin proyecto, mucho menos ganas de mejorar España, el poder por el poder, por mandar, por que le llamen presidente siendo un espantajo político.

¿Pero, me siguen a mi?

A mi me jode mucho, vuelvo a repetirlo, que me lo comparen con el gran Forrest. Si acaso deberían hacerlo con Judas, que se vendió por 30 monedas, o con aquellos romanos que asesinaban al emperador de turno por el simple pero oneroso hecho del quítate tú que me pongo yo. Con una hiena, con una alimaña tramposa, con el doctor Frankenstein, que creó un monstruo juntando partes de cuerpos muertos aleatoriamente, como ha hecho este mastuerzo a la hora de granjearse los apoyos necesarios para seguir corriendo, es decir, para llegar al poder. Lo mismo le han servido separatistas, racistas, supremacistas, comunistas, perroflautas o servilistas sin más, es igual, todo por la Patria pero sin la Patria, creemos un engendro ingobernable y el que venga detrás que arree, que diría un castizo. A Pedro Gump, sólo le interesa una cosa: su bienestar. No es como Forrest, preocupado por sus semejantes, sea el teniente Dan, Bubba, Jenny, mamá, o su hijo. No ha tenido compañeros de armas a los que salvar el culo entre las balas y el napalm. Le importa hoy, no el mañana. Y, por supuesto, los españoles se la sudamos. Un tipo capaz de aliarse con quien quiere expulsar, minar, ejecutar y criminalizar a los que hablan castellano en España, con los que asesinaron y lo justificaron, con los que no se arrepienten del daño causado, con desharrapados sin profesión conocida más que la de trileros profesionales, con ganapanes y todo tipo de pillos expertos en quitarle hasta la camisa al que se despiste, cómo va a parecerse a un personaje que siempre estaba pendiente de quien le rodeaba, la chica, el mando superior, el amigo, el compañero. No llega ni a Forrest, cómo va a llegar a Gump.
 
¡Ja, ja, yo a la Moncloa, tú a Galapagar y las bases a tragar, ja,ja!

Lo cierto es que me equivoqué. Aseguré hace tiempo que Forrest Sánchez jamás conseguiría su único objetivo en política, que es la Presidencia del Gobierno. Desde hoy, me contradice. Su tenacidad le ha llevado nada menos que hasta el cruce de caminos frente a su casa. Ahora, hay que decidir. ¿Seguimos corriendo? ¿Hacia dónde? ¿Hasta el océano? ¿Y al llegar? ¿Damos la vuelta y seguimos corriendo? ¿Intentamos surcar las aguas, como ese otro personaje que tanto odiamos? ¿Y si nos hundimos? ¿Cuándo paramos? ¿Comemos, bebemos, orinamos? ¿Y, ya puestos, gobernamos? Oiga, ¿y eso cómo se hace? Las nubes, a todo esto, son negrísimas. Su ayudante, Adriana Lastra, la que nunca ha tenido sentimiento de pertenencia (a España). Su portavoz, Ábalos, el que jamás, jamás, sostendría un posible triunfo en una moción de censura con el voto de los independentistas. Forrest Gump no sabía mentir, de hecho ni se le pasaba por la cabeza hacerlo. Estos, Pedro Gump, Forrest Lastra o Jenny Ábalos, lo hacen como bellacos. Y a sabiendas. A sabiendas suyas y nuestras. Con 84 votos no gobiernas ni tu comunidad de vecinos. Cada vez que quieran aprobar algo, hasta el color de la pintura del techo del Congreso, van a tener que buscar entre la mierda. Van a tener que mirar a derecha y, sobre todo a izquierda, taparse las narices y tragar de todo. Y ¿para qué? Para durar. 
 
Vistos así, de sopetón, lo cierto es que meten miedo

En fin, parafraseando a nuestro protagonista, tonto es el que hace tonterías. Es lo que decía mamá. Supongo que, entonces, golfo es el que hace golferías. Y guarro, el que hace guarrerías. La pena para esta gente que ahora está en el poder es que presidente no es el que hace "presidenterías". Ni gobernante el que hace "gobernanterías". Aunque en esta época en la que al lenguaje se le estira, se le dobla y desdobla, se le viola, pisotea y veja sin miramientos, quién sabe lo que estos mamelucos son capaces de sacarse de la manga. Como diría Forrest Gump, el auténtico, "aunque yo siempre iba corriendo, la verdad es que  nunca pensé que eso me llevara a ningún lado". Aplíquense, pues, el cuento y hagan sus apuestas.