jueves, 16 de enero de 2020

Fechorías anales y de las otras

Va a hacer un año que no escribo nada. No por falta de ganas, que también, sino porque son tantas las bobadas, memeces y fechorías intelectuales de la progresía actualmente dominante en lo que antes era España que uno no sabe ya ni por dónde empezar, ni qué noticia es digna de comentar o no, ni mucho menos si es pertinente dedicarle atención a esta caterva de mamelucos que nos invade o es mejor dejar que el tiempo haga su trabajo. Como les digo, resulta difícil saber si conviene estallar en un ataque monstruoso de ira y vomitar espumarajos plenos de rabia y rencor o es mejor adoptar una pose pasiva, ponerse de perfil y hacer como que la cosa no va con uno.

Esto era así hasta que llegó Gimeno. Beatriz Gimeno. Y lo jodió todo, aunque por ahora, es un decir. Esta señora, por llamarle algo, es directora del Instituto de la Mujer, que debe ser parecido al Instituto del Hombre, porque supongo que lo habrá -¿o no?- y tiene entre sus máximas inquebrantables el convencimiento absoluto de que, si de verdad queremos alcanzar la auténtica igualdad entre hombres y mujeres, los hombres tenemos que ser sistemáticamente penetrados analmente por señoras armadas con gruesos falos sintéticos. Así, sin vaselina ni nada. Esta mujer podía haber sido tan guapa como Claudia Schiffer. O resultona como Salma Hayek. O simplemente presentable, como Irene Montero. Error. Es un callo malayo de proporciones bíblicas, como por otra parte suele suceder con todas aquellas que proponen hacernos a los hombres toda clase de fechorías con la disculpa de buscar una pretendida igualdad que, se pongan como se pongan, es sencillamente imposible en muchos aspectos de la vida. No falla. Es escuchar una gilipollez antihombre y detrás está una fea de cojones, generalmente mal encarada y peor vestida, probablemente oliendo a sobaquillo y con una halitosis galopante. Nunca una modelo, un bellezón, un pibón, vamos, si me permiten en estos tiempos tenebrosos usar semejante palabrota. Jamás. Feas a go-go por todas partes. Y sucias. Y despeinadas. Unas auténticas gorrinas que sueltan bilis contra los hombres sin control aunque, muchas veces, se comprende el motivo. No hay uno que las soporte, siquiera les dirija una mirada de soslayo. Son ignoradas, nadie las quiere seducir, y eso crea rencor, odio incluso. En realidad son personas acomplejadas que sufren graves trastornos psíquicos y por eso nos quieren hacer daño. Nos quieren joder. Nos quieren porculizar. Acabáramos.
 
La "prota" absoluta. Sin palabras

La trastornada ésta, la tal Gimeno, tiene un curriculum que la verdad es que acojona. Por lo menos a un tío simplón como yo. Primero, sin que se encuentre explicación, conoció varón, casóse con él y tuvo un hijo. Hasta ahí del montón. Una pija de mierda, vaya. Se separó. Estupendo. Emancipación, empoderamiento, la de mi madre. Pero ¡ojo! que ahora viene lo bueno. Se empareja con una mujer, se debió de dar cuenta que le iban más, pero no, ¡error!, en el fondo le iban los penes y la pareja se operó para ponerse uno. La cosa no debió de funcionar porque la Gimeno abandonó a la señora con colgajo y se fue con otra de las de siempre, con vagina y tal, que es a la sazón directora de Diversidad y LGTBI que debe ser lo mismo que el Instituto para la Heterosexualidad, porque supongo que habrá uno ¿o no?

Entre sus teorías, está aquella de que el primer sexo oral de nuestros hijos deben practicarlo con nosotros, con los padres. Del que no es oral se desconoce su opinión para iniciarse, si es mejor con un amigo, hermano, objeto tipo plátano o con el negro del whatsapp. Todo es posible con esta degeneración humana. Pero lo que sí está claro, lo diáfano del pensamiento de este engendro es que, al hombre, hay que darle donde más le duele. Por detrás. Para que aprenda lo que supone la terrible humillación de sentirse penetrada. La pregunta que me surge para Gimeno es: ¿a tí te han penetrado alguna vez o el hijo lo tuviste in vitro? Porque si crees que una mujer y un hombre haciendo el amor es humillante para ella, si piensas en serio que el acto del coito es degradante por el mero hecho de la fisiología de quienes lo practican, una de dos; o nunca has catado la cosa, o simplemente lo has hecho mal. No por tu culpa, no te alarmes, sino porque tus parejas igual no sabían muy bien por dónde se andaban aunque, si me lo permites, espabilada precisamente no pareces. Y además, si me vuelves a permitir, tienes un problema mental muy grave cuando afirmas que "la heterosexualidad oprime a las mujeres". ¿Entonces supongo que a los hombres también? ¿Abogas por la homosexualidad así en general, o solo por el lesbianismo y al gay que le den? ¿Crees que otras características de la persona, como por ejemplo la sinceridad, la puntualidad o el aseo personal, también oprimen a la mujer? Al fin y al cabo no dejan de ser cualidades que obligan a una cierta disciplina y a contar con los demás...

Y si nos salimos del ámbito sexual, por el que esta mujer parece estar obsesionada, las creencias y afirmaciones de, no lo olviden, un cargo público de alto nivel, directora a la sazón, son aún más aberrantes y asombrosas. En una ocasión dijo que "habría que vaciar las cárceles y que no haya presos" -¿y los violadores múltiples o las manadas que atacan en grupo? Supongo que directamente a la horca- y en otra justificó la quema de iglesias durante la Guerra Civil, diciendo que "el catolicismo se lo había ganado a pulso". Imagino que los asesinatos de curas y monjas y las profanaciones de sus restos fueron muy merecidos.  

En cualquier caso, ahora que el poder nos quiere sodomizar más aún, yo quiero decirle a esta gentuza que a mi ya me da todo igual. El año pasado un médico decidió que mi salud requería realizarme una fechoría anal y ya entonces perdí toda mi presencia de ánimo y no tuve más remedio que acceder y permitirle a una enfermera que violentara mis más profundas convicciones y me hiciese probar esas sensaciones tan desagradables que usted propone imponernos por la fuerza. Así que ya le digo que yo estoy curado de espanto. A ver qué les parece la cosa y si se dejan los millones de varones que todavía hoy se niegan a perder su virginidad trasera. Aunque, y permítame la grosería, Gimeno, y se lo digo porque es muy evidente que no está usted en su sano juicio, lo que yo creo que es mucho más urgente en nuestro país que el varón sodomizado es la gratuidad absoluta de la asistencia psiquiátrica. Porque a varias como usted les hace muchísima falta. Se lo digo como amiga.