miércoles, 23 de noviembre de 2016

Réquiem por el sentido común

Se acaba de morir Rita Barberá. Imagino que todos saben de quién se trata, pero por si alguno no es de este mundo le recuerdo que fue alcaldesa de Valencia durante 24 años, militaba -en pasado- en el PP y fue, durante los últimos años, acosada, perseguida, machacada, humillada, imputada y estaba en trance de ser juzgada por un caso de corrupción masiva en el Ayuntamiento que dirigió. Es irrelevante lo que yo piense, lo sé, pero el hecho de que todos sus concejales estuviesen pringados y metidos hasta las cejas en el escándalo me hace estar casi seguro que ella sabía lo que se cocinaba por allí. Y si no lo sabía peor, pues un jefe debe conocer a sus subordinados, enterarse de su catadura moral y, en su caso, tomar las medidas oportunas. Por acción u omisión, esta mujer tenía toda la pinta de no ser trigo limpio. Eso es lo que yo pienso.

Pero que a mí me parezca que no era del todo honrada no quiere decir que no lo fuera. Para eso un juez se estaba esforzando en, a tenor de las pruebas obtenidas por la Policía, determinar si era o no culpable y en qué grado. Y, por ahora, aún no ha habido pronunciamiento ni sentencia sobre los hechos. Y como se supone que estamos en un Estado de derecho, ni yo ni nadie somos quiénes para juzgar lo que todavía no ha sido juzgado ni para decir si era o no culpable, a pesar de la pinta que tiene todo este entramado de chanchullos que sucedían por aquellos lares. Además y como también digo siempre, algo haría bien para ser reelegida, una y otra vez, hasta juntar 24 años al frente de su ciudad.

En cualquier caso, todo eso ya da lo mismo porque hoy le ha pegado un infarto fulminante y ya no verá el fin del proceso público al que estaba siendo sometida. Descanse en paz. Lo que no da lo mismo es que, como senadora que era, las Cámaras hayan ofrecido sus condolencias a la familia e intentado mostrar respeto y educación guardando un minuto de silencio en su memoria. Ese gesto es el habitual tras el fallecimiento de cualquier persona, no sólo en el ámbito político, sino en el deportivo o en el cultural, por poner dos ejemplos. Se trata sencillamente de dejar pasar 60 segundos en silencio para que cada cual pueda reflexionar acerca de lo que ha supuesto para él ese acontecimiento y, de paso, reconfortar a la familia con una mínima muestra de respeto.

Pues ni eso han sido capaces de mostrar las hienas de Podemos y demás mierdas adyacentes. Los que han defendido a los terroristas de ETA, aquellos que apoyan hasta la náusea a dictadores como Maduro o los ayatollahs, los que entienden las ambiciones separatistas, estos que se dejan llevar por lo que dicen que "la gente" quiere, estas fieras, estas alimañas sedientas de la sangre de políticos como Barberá, se han ausentado del hemiciclo en el momento en que se iba a guardar un escaso, pírrico y corto minutito de silencio por una persona fallecida. ¿Lo entienden? Por un muerto. Por alguien que ya no está. Por quien ya no puede defenderse, ni emocionarse, ni ofenderse. A eso se le llama caridad humana, respeto por los caídos, educación ciudadana, qué se yo. Todo de lo que carecen estas bestias sin alma, estas aves de rapiña cuyas garras pretenden caer sobre nosotros, las personas normales. Ya lo he escrito en otras ocasiones, Dios nos libre de estos que odian, cuyo único motor es el rencor, la rabia, la envidia y el deseo de mal para los que no son como ellos. Violentos, agitadores, guerracivilistas, especie carnívora que se alimenta de las ilusiones y esperanzas de personas decentes, que atacan por la espalda, que sólo saben imponerse si van en manada, cobardes lobos esteparios consumidores de todo lo bueno que tiene la raza humana. Miserables ratas a las que ni siquiera les queda un rasgo de humanidad, escoria en definitiva cuya única meta es el exterminio, sí, el exterminio de todos aquellos que no piensan igual.


Hoy era un día para mostrar que simplemente son humanos, que tienen sentimientos, que saben lo que significa el respeto y que incluso saben discernir lo que es hacer política y lo que es ser persona. Pero son incapaces. No han podido. Como fieras que son, han pesado más los instintos depredadores que la razón. El odio y la necesidad de venganza que el sentido común. Hoy es un día, otro más, en el que las personas de bien, que esas sí que son la mayoría, no tienen otro remedio que entonar un réquiem por la actual situación política, por quienes la encarnan y por sus actos animalescos. Un réquiem, doloroso y triste, por el sentido común. Descanse en paz.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El mundo se acaba (again)

Una vez más, los agoreros de diverso pelaje que cada día nos machacan desde la pequeña pantalla o desde el resto de medios de comunicación, esos que lo dominan todo y de cualquier cosa opinan como si supieran muchísimo, están pronosticando de nuevo el acabose, como lo hicieron cuando el Brexit o en las sucesivas elecciones en nuestro país. Dicen que se avecina un cataclismo en los Estados Unidos de América y poco menos que van a desaparecer de la faz de la Tierra por una curiosa e inexplicable circunstancia sucedida el pasado martes: que el magnate Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales. Ese va a ser, ésta vez sí, el detonante para que no sólo en su país, sino también en el resto del mundo, nos veamos abocados a las siete plagas de Egipto, al más terrible futuro que se pueda imaginar para nuestra especie, a la extinción de la humanidad al completo por causa de tan inesperada tragedia.


Ya les digo yo que no, que no se preocupen lo más mínimo. El tío éste que ha ganado las elecciones en los Estados Unidos es un bocazas, un tipo que se ha dedicado toda su vida a fanfarronear, a ir de perdonavidas, a jugar un papel de macho dominante no sólo con las mujeres sino también con todos sus rivales en los negocios y en la política, un elemento que es como el abusón del pueblo que tiene acojonados a todos pero que, si lo sacas de su entorno, se convierte en menos que inofensivo. Nadie en su sano juicio se cree que Trump acabe construyendo un muro en la frontera con México. ¿Es que alguien piensa que va a instaurar un régimen de autarquía absoluta en un país como el suyo? ¿Que va a meterse en más guerras que sus antecesores? Dicen que es contrario a las nuevas tecnologías y a las energías limpias y que durante su mandato los daños al planeta van a ser tremendos. ¿No lo son ya? ¿No es Estados Unidos uno de los países que más contamina, si no el que más? Vale, parece que las empresas que suministran aerogeneradores han caído algo en la Bolsa, así como las tecnológicas. Ya subirán. 

Imagino que, de puertas para afuera, de poco nos vamos a enterar sobre las decisiones que Trump vaya tomando en lo que a su país respecta. Nada nuevo bajo el sol. ¿O es que alguien sabe lo que Obama ha legislado a lo largo de ocho años en sanidad, educación o cultura? Me parece que muy pocos. Lo cierto es que, por muy detestables que sean sus comentarios racistas, xenófobos y machistas, en el tema económico algo debe saber quien ha sido capaz de mantener una fortuna considerable heredada del padre y llegar a ser nada menos que presidente de los Estados Unidos. Además, entre sus colaboradores sí hay gente con mucha formación política, como por ejemplo el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, del que por cierto pueden indagar qué opinión tienen sus conciudadanos y de su gestión en la ciudad de los rascacielos a lo largo de siete años.


A mí la verdad es que este hombre me recuerda un poco al infausto -para mi querido Atlético de Madrid- Jesús Gil. Más bruto que un arado, con aires caponescos, demagogo hasta las entrañas, sin escrúpulos para hurtar todo un club histórico a sus socios y encima salir impune. Pero pregunten en Marbella, a pesar de todos los desmanes cometidos, qué opinión tienen los votantes de su trabajo por la ciudad durante once años en los que acumuló victoria tras victoria en las urnas y, sobre todo, qué piensan de él una vez comprobado el talante de los que vinieron detrás. He de reconocer que como persona, lo despreciaba. Pero algo debía hacer bien cuando logró ciertos hitos en política y mucha popularidad entre sus vecinos. Y tanto Gil como Trump tienen una gigantesca ventaja sobre otros, y es que se sabe a ciencia cierta que, como ya son multimillonarios, no les mueve el afán por trincar, o al menos no es su única aspiración, que tiene más que ver con la satisfacción de las ansias de poder, que en el caso del americano van a quedar más que saciadas. Además, si les digo la verdad, tras escuchar a Pablo Iglesias insultarle directamente, me gustaría que lo hiciera de maravilla. Tener a esta gente en contra tiene que insuflarle a uno una energía incontenible. Es mejor que contar con ellos. Que le pregunten a Hillary. 


Pero aunque parezca que no, sí que me preocupan algunos aspectos de la victoria de este señor. Por ejemplo, me asusta su aspecto anaranjado. No es natural, no parece propio de un humano ni adecuado para dirigir ese país. Tampoco comprendo cómo se sustenta en un equilibrio imposible el frondoso tupé que luce orgulloso, ni comparto el color del tinte elegido. Entre lo rubio de los cabellos, el naranja del rostro y la corbata roja sobre panza lustrosa me tiene sin vivir en mí. Insisto, el miedo que me da es que en realidad se haya escapado del área 51 y tomado ese inquietante aspecto o que sea uno de esos criogenizados, como Walt Disney, que hayan descubierto la manera de revivirlos y ésta sea la pinta que tienen al despertar. No sé.   



Así que menudo añito que llevamos. Se acabó el mundo con el Brexit y ahora se vuelve a acabar con Trump. Menos mal que ya no vamos a tener -al menos en 2016- más elecciones en España. Eso sí que daría miedo. Por que si resulta que las gana Podemos, entonces sí que ya no estoy seguro de lo dicho. Entonces sí que puede ser que el mundo se acabe de verdad. Con esos todo es posible.           

martes, 8 de noviembre de 2016

Piratas modernos

No sé si me van a tomar a coña, pero en las recientes elecciones al Parlamento de Islandia, esa isla cercana al círculo polar ártico cuya selección futbolera causó sensación en la última Eurocopa, ha quedado en tercera posición y en condiciones de aliarse con otros para formar gobierno el Partido Pirata. Como lo leen. Una vez recuperado del impacto emocional recibido y como todo mortal que se precie, empecé a bucear en internet para enterarme de más cosas sobre esta peculiar formación. Resulta que no es un fenómeno local circunscrito a ese país nórdico, sino que se trata de una corriente que se extiende incluso hasta Alemania, que también tiene un partido con ese nombre y cuya supuesta ideología es afín a los hackers, es decir, a los piratas informáticos, que consideran que toda la información que existe en la red ha de ser pública y accesible sin limitaciones de ninguna clase. Por supuesto, son también fieles defensores de los "derechos civiles", de la "democracia directa", de la "participación ciudadana" y de la "transparencia". ¿Les suena? Únicamente les falta definirse como los adalides de "la otra política" y tirar con bala a "la casta" y ya sabrían de quiénes hablo.

Pero no. Resulta que en España hace años que ya existe un Partido Pirata. Su presidenta es Amparo Peiró y su secretario general es Manuel Barbero pero, aunque apoya todo lo anteriormente enumerado, parece que aquí se centra más en los temas digitales, en la defensa de las libertades en el mundo de Internet y en el fomento del libre acceso a toda la información existente en la red. Así les va. El que yo creía auténtico representante de esa corriente en España, el partido de Iglesias, en realidad no lo es. Pero sí es cierto que la estética de Pablo, discutible como mínimo, se ajusta bastante a lo que describió el gran Sabina en "La del pirata cojo", a saber: con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, el viejo truhán... Sí, ya sé que no usa pata de palo ni parche en el ojo, pero seguro que se lo imaginan sin mucho esfuerzo. ¿Me equivoco? Venga, un pequeño esfuerzo... Y desde luego que es un truhán con cara de malo. Sustituyan los adminículos que menciona el maestro de Úbeda por un apéndice capilar grasiento y una figura algo cargada de espaldas y ya tenemos a uno que da más miedo que Garfio y Jack Sparrow juntos. 


Una vez metido en el papel, el capitán Iglesias no es amigo de andarse con rodeos. Es "simpatizante" de los etarras, de los separatistas, de Maduro y de los ayatollahs, de toda la banda completa. Y no va solo. En su siniestro barco le acompañan como tripulantes distinguidos la sin par Rita Maestre "la tetas", el oscuro Ramón Espinar "el taimado especulador", el sórdido Bódalo "el salvaje" o Carolina Bescansa, "lactosa woman". Está como loco por subirse Snchz "el viruelas", pero todavía no está nada claro su fichaje. Y de contramaestre, Íñigo Errejón, "babyface", uno de los más peligrosos.



Como les digo, aunque son nuestros piratas de la política, los que dan más miedo y los más malos que surcan los mares de nuestro país, no son los auténticos. Llegan tarde. En Islandia ya son decisivos para formar gobierno los de verdad. Y si les enseño al líder del que podría pasar por el Podemos islandés, igual se caen de la silla. Mete más miedo que los piratas. Lidera una cosa llamada "Futuro Brillante" y es algo así como un rapero siniestro con pinta de vagabundo. Se parece a Forrest Gump cuando decide ponerse a correr tres años sin parar, así, sin más. ¿Recuerdan? Vean y comparen.

Qué mundo éste. Uno de los países más avanzados de Europa puede acabar dirigido por una alianza de piratas y raperos. Y en uno de los que más historia tiene, en el que más riqueza y diversidad cultural hay, el el que han dejado su profunda huella todas las culturas desde la romana hasta la árabe pasando por la judía, estamos preocupados por si la irrupción de unos miserables que sólo buscan la destrucción llega a concretarse como opción real para dirigir los destinos de España. Casi que prefiero los piratas de Islandia. Perdón por la tristeza.          

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El iluminado

"Persona que, sin atender a razonamientos, cree estar en posesión de la verdad absoluta". Esta es la definición que da el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española acerca de lo que es un iluminado. Alguien que no escucha a nadie por más consejos que intenten ofrecerle por la sencilla razón que se cree Dios. Infalible, inmaculado, inmarcesible, listísimo en definitiva.  Eso se lleva creyendo que es Pedro Snchz desde que lo eligieron secretario general del PSOE. En lugar de conducir un partido, poseído por el espíritu de algún salvapatrias de tercera, fascinado por orates como Calígula, Napoleón, Hitler o Stalin, se lanzó a una deriva pseudopopulista aderezada con un absurdo coqueteo con las cloacas separatistas que, ya lo han visto, ha llevado a esa formación a despeñarse por el abismo y, agarrada como está a una frágil rama que amenaza con partirse, aún ha de soportar los delirios del iluminado que, para mayor desgracia del socialismo respetable, ha decidido exhibir sus vergüenzas sin pudor por las televisiones adictas a los descamisados.   

Cuando el causante de todo esto, el ínfimo ZP, hizo mutis por el foro tras los azotes de Obama, todos pensamos que sería imposible superar el conjunto de memeces y disparates que el de la ceja había perpetrado en España y en el PSOE. Olvidamos el sabio refranero del que disfrutamos y, concretamente, no caímos en la cuenta que hay uno que dice que "otro vendrá que bueno me hará". Por desgracia para todos, no sólo para los que profesan la fe socialista sino para todos los españoles de bien, así ha ocurrido. Y no es que Snchz haya hecho bueno a ZP. Es que le ha hecho maravilloso, ha conseguido que hasta se le añore. Ha logrado, como la protagonista de la película de Bayona, lo imposible.

Y la verdad es que, observando la conducta del dirigente desnortado tras su renuncia al escaño en el Congreso, todo va quedando mucho más claro. Las razones de la imparable deriva hacia posiciones radicales, el coqueteo descarado con los independentistas, el odio visceral a quien defiende el orden constitucional, todas ellas aparecen mucho más claras después de escuchar a este individuo en su charla con Évole. No tuvo ningún reparo en mostrar su cercanía a las tácticas podemitas, rechazó llamar populismo a lo de Iglesias e incluso alabó el "impulso renovador" de los morados del que dijo que el PSOE carece. Más claro, se echó en brazos del coletudo sin pudor alguno. También afirmó que Cataluña y el País Vasco son naciones, así, a pelo, sin protección ni nada, con lo cual queda claro el porqué de sus acercamientos y entendimientos con las formaciones independentistas y que no eran mentiras de la prensa ni de gente interesada lo que se decía de su tendencia a pactar con todos ellos. Y para remate, para horror de todo militante socialista sensato y rechifla del resto de personas que así llamarse puedan, éste paria político, éste auténtico iluminado sin luces en la sesera anuncia su disposición a competir por volver a ser secretario general del partido. Casi nada al aparato, oigan.


Uno puede presumir, si alguien se toma la molestia de releer sus numerosos escritos sobre el personaje, de que le tenía calado casi desde el principio. Este tío se descubrió el día del debate cara a cara con Rajoy en diciembre cuando, fuera de sí, empezó a insultar gravemente al candidato popular como si fuera un rufián -con minúscula- cualquiera y adoptó una línea dura, rayana con la violencia, que ha mantenido e incluso incrementado a lo largo del presente año. Es más, me atrevo a hacer una predicción que probablemente tenga más éxito que las de la pobre Aramís Fuster: en realidad este tipo simpatiza con Podemos, eso está más claro que el agua y, como no será capaz de podemizar el PSOE como era su pretensión, en el  momento que se dé cuenta de que sus días como socialista camuflado han terminado, pasará a engrosar las filas de los de Pablo Iglesias. Quién sabe si esta bomba de relojería con patas será capaz de triturar también a los antisistema. Ya me gustaría, ya, pero a tanto ya no me atrevo. Eso lo dejo para la Fuster.