lunes, 28 de septiembre de 2015

Limpieza: desconocimiento o engaño

Durante el eterno mandato socialista, en Llanes iban mal muchas cosas, entre ellas la limpieza de los espacios públicos. La basura desparramada por doquier y siendo atacada por bandadas de agresivas gaviotas se ha convertido en una estampa típica del paisaje cotidiano. Pero al menos se baldeaba, se barría y se cuidaban los lugares ajardinados. Ahora, no. En estos cuatro meses, al menos en mi barrio, el emblemático y singular Cuetu, apenas se baldea, se barre de vez en cuando y, por ejemplo, el césped de la estación de autobuses no se ha segado ni una vez. No parece de recibo que los ciudadanos, tras una noche de desenfreno de los salvajes del botellón, tengan que llamar al Ayuntamiento -o al concejal de turno- para pedir el favor de que vengan a regar, que huele a meados que tumba, o a barrer, que es que resulta que hay botellas, cristales, vasos de plástico y demás restos de la barbarie etílica tirados por todas partes, cuando de esto están más que informados desde el alcalde hasta el último concejal.
Ni tampoco resulta lógico que la primera visión de nuestra villa que tiene un viajero que llega en autobús sea el aspecto selvático de los espacios ajardinados de la estación, con la hierba por las rodillas, los bardos por todas partes y los árboles sin podar. Ni que la preciosa senda del Carrocedo, una de las pocas obras públicas realizadas bajo la égida socialista que sumó y no restó belleza a nuestro pueblo, parezca la ribera del Orinoco, salvaje y llena de insectos ávidos de sangre humana. Ya no hablo de las cunetas de las carreteras locales ni de la limpieza de las playas, que serán temas que darán, seguramente, para comentarios referidos exclusivamente a esos aspectos. 
Recuerdo siempre mi primera visita a Lanzarote, en concreto a la zona de Playa Dorada. Todos los espacios públicos estaban completamente llenos de papeles y demás materiales fáciles de desplazar por el viento. Siempre. Todos los días. Parecía un pueblo abandonado del oeste americano. Nunca he vuelto por allí. Y mira que el hotel y los restaurantes del entorno satisfacieron mis expectativas. ¿Cuándo se darán cuenta nuestros próceres locales de que las bondades de un lugar entran por los ojos?
En esta historia, sólo caben dos explicaciones; desconocimiento de lo que pasa y por lo tanto incompetencia absoluta del responsable político, o que desde el servicio de limpieza alguien le está haciendo el avión al concejal de turno. Creo que me entienden. 


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