sábado, 20 de febrero de 2016

Más dura que el hormigón

Vaya por delante que a mí nunca me han gustado los cubos que Ibarrola pintó en el puerto de Llanes. Ni me parecen bonitos, ni creo que eso sea arte, ni mucho menos su visión hace que mi memoria recuerde absolutamente nada de lo que se supone que evocan. Por dibujar una maleta, unas palmeritas y una reproducción de pinturas rupestres no se consigue que las personas que los observan recuerden o entiendan nada de nada. Qué decir si la mayoría de los cubos soportan sobre sus caras una suerte de graffitis ininteligibles, más cercanos a los brochazos que pudiera dar un profano en la materia que a la supuesta obra de un sesudo artista. La idea de pintar los bloques y no el espaldón, por ejemplo, es original y novedosa, eso es indudable, pero los colorines que se desparramaron alegremente por su superficie a mí, insisto, no me dicen nada de nada. Sí, están más bonitos pintarrajeados que grises, más divertidos, menos sosos, pero no más "interesantes". Dicho todo lo anterior, es verdad que hay turistas que lo único que parece que quieren ver en Llanes son los cubos, porque ya se ocuparon antes otros de que ese sea el principal atractivo del concejo que se publicita, con la maravillosa oferta de naturaleza y arquitectura medieval e indiana que posee nuestra villa, por ejemplo. En fin, allá ellos.   

Creo que la primera fase de tan magna -por el tamaño- obra concluyó en el año 2000, si no me equivoco. Es decir, los cubos llevan ahí pintados desde hace 16 años. Hasta 2015 gobernó Llanes el PSOE y, además, lo hizo con mano de hierro, digo con mayoría absoluta, perdón. Los colores hace más de un lustro que están desvaídos y mustios, el mar no tardó en comerse su brillo inicial. Los del rodillo, digo los gráciles y amables mandarines socialistas, no creyeron oportuno plantearse una "restauración". Hoy, justo cuando ya no dirigen el cotarro, qué extraña casualidad, sale el pobre Herrero poco menos que exigiendo su arreglo. Como a pesar de todo el tipo no es tonto, se pone la venda antes de que le den por todos lados y nos explica que "tuvimos que posponerlo porque el Consistorio tenía un remanente negativo de 7 millones de euros". Hablando en plata, quiere decir que habían dejado el Ayuntamiento casi en la quiebra más absoluta, para entendernos. Y eso fue así porque, para entonces, ya se habían cepillado todas las ingentes cantidades de pasta que entraban a raudales en las arcas municipales durante los años anteriores, los de bonanza, los del imparable ladrillo. En qué, sigue siendo uno de los grandes misterios de la Humanidad.

No contento con su discurso, el antiguo vicealcalde reconoce que "habíamos pensado crear un centro de interpretación para explicar la obra en el cubo del puerto". Sí, en ese que dejaron sin pagar, justo en ese por el que el actual Gobierno llanisco tiene que desembolsar 100.000 machacantes de nada y que lleva una década inutilizado, eso sí, exhibiendo unas luces nocturnas de lo más sospechosas que tienden a confundir al viandante acerca de la función de la estructura. Fíjense que, incluso, he escuchado a algún llanisco jocoso referirse al mamotreto como "el Dolor´s", denominación a la que todavía no he sido capaz de encontrarle el sentido. Es curiosa la querencia que los socialistas tienen hacia las luces de neón, baste recordar el despropósito que por obra y gracia de la entonces concejala de Cultura, la inolvidable señora Echevarría, se instaló durante unos días junto a la muralla del palacio del Cercáu, no sé si lo recordarán. Aquella horterada hubo que quitarla con nocturnidad, de la misma manera que se colocó, por si a algún ciudadano digno se le ocurría correr a gorrazos a los responsables del desaguisado.
 

Qué típico del socialismo patrio eso de los "centros de interpretación". Se gastaban una fortuna en ellos, ponían a algún colega allí de adorno y luego los abandonaban y si te he visto no me acuerdo. Vayan ustedes hoy por el Aula del Mar, o por Peña-Tú, verán cómo está aquello. Y luego el propio Herrero no se ruboriza al confesar que pensaban encargar -a alguna imprenta amiga- la emisión de decenas de miles de folletos a todo color para explicar lo que nadie podría interpretar por sí mismo porque, reconozcámoslo, no hay Dios que interprete unos trazos sin sentido repartidos aleatoriamente por la superficie de los cubos. También marca de la casa.


Concluye el sagaz concejal afirmando que pensaban contar con Ibarrola para que dirigiera la obra -perdone, ¿con 86 años va a andar el buen hombre por allí encaramado a los cubos?- y que, ¡oh noticia!, se han convertido en un emblema de Llanes. No, los convirtieron ustedes, a fuerza de meterlos con calzador en todas y cada una de las fiestas y saraos a los que acudían con la excusa del turismo y su promoción. Cualquier observador imparcial sabía que la acción del sol y del mar iba a acabar con los colores, pero ellos no pensaron en un plan de mantenimiento continuo del monumento, para qué. Los dejaron morir y ahora quieren, exigen que otros les resuciten el muerto. "Si gobernáramos nosotros, en los presupuestos municipales para 2016 habría una partida para restaurar los cubos, porque ya no se puede esperar más y sería una pena dejarlos morir", Herrero dixit. Más dura que el hormigón de los cubos. Así hay que tenerla para soltar esta perla. La cara, me refiero.      

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