lunes, 5 de octubre de 2015

Desfile de cadáveres (políticos, por supuesto)

Lo tengo escrito. En una ocasión, una concejala del PSOE de Llanes me preguntó, conociendo mi creciente animadversión hacia su formación, ¿"por qué nos odias tanto"? Y yo, textualmente, respondí: "no os odio a vosotros, sino a vuestra manera de hacer las cosas". Justo la misma que, a no tardar, puede conseguir que las dos figuras más relevantes de esa opción política en Llanes durante los años de la burbuja se conviertan en sendos cadáveres políticos.

En su día, el que fuera teniente de alcalde y multiconcejal entre otras materias de Urbanismo, un tal Balmori Poo, se vio obligado a dejar su puestazo en el Gobierno del Principado -creo que su cargo llevaba el nombre de director de Administración Local- por su posible o presunta implicación en la recepción de favores o prebendas provenientes de la empresa Aquagest que, casualidades de la vida, es justo la que gestiona el servicio de agua en Llanes. Desconozco si este tipo ha estado metido en estos turbios tejemanejes, me imagino que la Justicia, algún día, nos lo desvelará. Lo que sí sé de primera mano es que la catadura moral de este individuo estuvo presidida siempre por  la ausencia absoluta de respeto por los adversarios políticos que tuvo en Llanes. A todos insultó, a todos despreció, y a todos quiso darnos lecciones de ética política y comportamiento institucional un señor que fue incapaz, entre otras destacadas pifias, de dotar a Llanes de un mínimo documento que amparase un Urbanismo factible en el concejo. Luego, con el paso del tiempo, su jefa se lo cargó como secretario general de su partido y hoy vaga como alma en pena por las calles llaniscas desnudo de poder y, por lo tanto, de cualquier valor que le haga atractivo ante sus paisanos.

Recientemente ha sido su jefa absoluta, la protagonista de todo lo que -según ella y su exacerbado mesianismo- pasará a la Historia de Llanes en la última década, la que se ha visto envuelta en problemas que, si un juez no lo remedia, es muy posible que la haga acabar como su súbdito principal; sin plumas y cacareando. De momento, el Tribunal Superior de Justicia de Asturias ha admitido a trámite la querella de la Fiscalía por un presunto delito de prevaricación continuada, pues se le acusa de quitar multas a sus amigotes cuando le parecía pertinente. Pero a mi modesto entender, peor, mucho peor es el otro asunto que la ha acercado de nuevo a esas portadas periodísticas que ella tanto amaba; la concesión de una subvención a un maltratador para que éste pudiera pagar una multa con la que eludir la prisión. Algo que, de confirmarse, sería tan escandaloso que la obligaría a dimitir no sólo como diputada regional electa, sino seguramente también como secretaria general de los socialistas llaniscos y pasar a hacerle compañía a Balmori en la galería de ilustres desahuciados de la vida política local.

Y, si eso ocurriese, si las circunstancias la convirtieran en un cadáver político, sería consecuencia de unos actos que muestran un denominador común: la prepotencia, la chulería, el aquí estoy yo y no te preocupes, tú me das yo te doy, el amiguismo, la falta de equidad, la ausencia de escrúpulos, el tira que libras o el aquí mando yo que tantas veces utilizó en los Plenos. El Llanes socialista siempre cojeó del mismo lado, de los favores, del clientelismo político, de la desigualdad de trato, de las vejaciones al adversario, de la humillación si se podía, de desoir consejos, de actuar sin temor a los riesgos, de creerse los dueños del cortijo.

Si el futuro de estos personajes se tornase borrascoso, no sentiría la menor pena, porque se lo habrían ganado a pulso con sus comportamientos. Y si un día otro juez dice que lo del Kaype es ilegal y hay consecuencias, me alegraría que este país tan tibio y suave con sus políticos hubiese aprobado una ley que obligase a responder con su patrimonio personal a todos aquellos que fuesen encontrados culpables en los Tribunales de Justicia de delitos contra las arcas públicas, cualquiera que fuese la Administración implicada. Que ya está bien de que los ciudadanos paguemos con nuestros impuestos los excesos y dislates de esta gente sin preparación ni formación para dirigir siquiera un jardín de infancia.

1 comentario:

  1. Que la justicia prevalezca y que las personas que no cumplan la ley, sean sancionadas. No pedimos nada más, y nada menos.

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